El 25 de marzo de 1983, el auditorio Pasadena Civic tembló. Cuando Michael Jackson se calzó un sombrero negro de ala ancha, se ajustó una chaqueta de lentejuelas y se deslizó hacia atrás sobre el escenario durante el especial Motown 25, la historia de la música pop cambió para siempre.

Aquella presentación de "Billie Jean" inmortalizó un lenguaje corporal deslumbrante que millones creyeron que no era de este planeta. Sin embargo, en la intimidad de su habitación, Michael guardaba un secreto de cinéfilo obsesivo: la inspiración de -casi- todos sus movimientos emblemáticos había nacido nueve años antes por una figura legendaria de Broadway en una película que pocos recuerdan.

El "Serpiente" de Bob Fosse: el molde estético de "Billie Jean"

Para entender "cómo nació el Rey del Pop" que conocemos hay que remontarse a 1974 y a la versión cinematográfica del musical El Principito (The Little Prince), dirigida por Stanley Donen. En aquella película, el icónico coreógrafo y director Bob Fosse -ganador del Oscar por Cabaret- interpretaba el papel de la Serpiente. En su escena musical, "A Snake in the Grass", Fosse desplegaba una rutina en solitario que terminaría convirtiéndose en el nacimiento de la estética jacksoniana.

Las coincidencias abundan y no dejan de asombrar a conocidos y extraños. Fosse, para ese entonces, irrumpía en pantalla luciendo un traje negro entallado, pantalones sutilmente acortados para dejar al descubierto unos encendidos calcetines blancos y un sombrero de copa baja. A medida que la música va in crescendo, el bailarín ejecutaba estocadas de cadera, quiebres de rodillas hacia adentro y una manipulación casi quirúrgica del sombrero sobre sus ojos.

En el punto más alto de la coreografía, Fosse realizaba una variación del deslizamiento hacia atrás que anticipaba de manera idéntica la silueta que Michael inmortalizaría en Motown 25. Jackson analizó esa cinta fotograma por fotograma con una devoción tal que, años más tarde, intentaría sin éxito contratar al propio Fosse para que dirigiera el video de "Thriller".

La fusión de influencias: de la elegancia de Broadway al sabor callejero

Sin embargo, el genio de Michael no residía en la copia, sino en su capacidad de sintetizar mundos aparentemente opuestos. Si Fosse le entregó la estructura teatral, el vestuario impecable y la tensión dramática del escenario, Michael supo que necesitaba la velocidad y la crudeza de la calle para reinar el mundo.

Fascinado por lo que veía en el programa Soul Train, el cantante rastreó a dos jóvenes bailarines urbanos del colectivo Electric Boogaloos, Casper Candidate y Cooley Jaxson, para que le enseñaran en persona la técnica del backslide. Durante horas, en un ensayo privado, Jackson intentó dominar ese paso que pertenecía a una larga linaje de artistas afroamericanos: desde el ícono del tap Bill Bailey en los años 50 hasta la electricidad escénica de Cab Calloway y James Brown.

Al combinar esa soltura callejera con la precisión mímica de Marcel Marceau y la elegancia atemporal de Fred Astaire -quien al día siguiente de la emisión de Motown 25 lo llamó por teléfono para decirle que era un "bailarín furioso", igual que él-, Michael terminó de moldear la combinación perfecta.

Un legado que conecta generaciones

Al final del día, la anécdota de Fosse no hace más que agigantar la figura del músico. Lejos de restar originalidad a su obra, demuestra que Jackson devoraba diversas expresiones de arte como fuente de inspiración.

Michael Jackson cantando "Billie Jean" durante su presentación en el especial Motown 25 de 1983.

Combinar los movimientos del cine clásico de los '70 y la energía del baile callejero, Michael Jackson terminó creando una coreografía inolvidable para "Billy Jean" y se dio el lujo de construir un puente indestructible entre las artes tradicionales y la cultura pop. Chapeu.