Hace cien años, Arturo Toscanini dirigía el estreno de Turandot en La Scala. Tras la muerte de Liù, bajó la batuta, se volvió hacia el público y pronunció una frase que quedó para la historia: «Qui finisce l'opera, perché a questo punto il Maestro è morto» ("Aquí termina la ópera, porque aquí el maestro murió"). Puccini había dejado inconclusa una obra que llevó más lejos que ninguna otra su escritura para coro y orquesta, sin perder nunca el don de escribir melodías memorables. También dejó una partitura que rara vez concede lugares donde esconderse.
Clásica del Sur eligió celebrar ese centenario en el Teatro Avenida. César Tello concentró en una misma figura la dirección musical y la preparación del coro y de los solistas, una tarea de enorme complejidad en una obra donde cada pieza depende de la otra.
Concebida como un cuento monumental ambientado en una China legendaria, Turandot enfrenta a una princesa que condena a muerte a sus pretendientes y a un príncipe dispuesto a desafiar ese destino, hasta que el sacrificio de Liù resquebraja la coraza de la “gelida principessa”. A medida que avanzó la función, comenzó a hacerse cada vez más palpable la distancia entre la escala imaginada por Puccini y la que finalmente alcanzó la producción en el Teatro Avenida.
La puesta opta por un marco visual tradicional. Un gran trono, estandartes, telones pintados y una paleta dominada por el rojo y el dorado alcanzan para situar la acción. El vestuario introduce variedad y aporta buena parte de la riqueza visual de una escena que permanece como un marco al servicio del relato.
La Liù de Eugenia Coronel Bugnon fue la interpretación más lograda de la noche. Encontró el lirismo y la sensibilidad que convierten al personaje en el corazón de la ópera. También Bruno Santoro Sciaini compuso un Timur de noble línea de canto y sólida presencia escénica. Fabricio Gori resolvió con corrección un Calaf de emisión pareja, sobre todo en el primer acto, aunque Nessun dorma no alcanzó el vuelo sonoro que suele convertir ese momento en uno de los grandes clímax de la obra.
Ping, Pang y Pong aportaron algunos de los pocos momentos de distensión que propone el compositor en la obra. La dirección escénica acentuó sus rasgos de comicidad y, entre los tres, destacó particularmente la labor de quien interpretó a Ping. El resto del elenco cumplió con suficiencia sus roles.
La puesta de "Turandot" optó por un marco tradicional. Foto: @nicorawdriguez y @dondeestalaluna.
Una princesa exigida
La "gelida principessa" encontró en María Castillo de Lima -primera soprano trans en asumir el rol de Turandot en Argentina- a su intérprete. La obra anticipa su aparición y crueldad con una breve intervención muda que en esta producción realizó la actriz Mirta Wons. Luego llega el verdadero desafío: uno de los papeles más exigentes escritos para soprano dramática.
El registro medio de Castillo de Lima dejó oír las mejores cualidades del instrumento. A medida que la escritura ascendió, la cuerda fue tensándose; el sonido perdió amplitud y riqueza armónica y los agudos aparecieron -por momentos- exigidos, precisamente allí donde Puccini enfrenta la voz con una de sus orquestaciones más densas.
En Puccini, y particularmente en Turandot, el coro deja de ser un acompañamiento para convertirse en un verdadero protagonista dramático. Es el pueblo que reclama sangre, el que celebra, el que teme y el que contempla. Reducirlo supone alterar inevitablemente la escala de la obra.
En esta producción, el número de coreutas resultó escaso para una partitura concebida para grandes masas sonoras y, además, la preparación no alcanzó a compensar esa limitación. Los ataques carecieron de precisión y la concertación con la orquesta no siempre encontró un punto de apoyo firme. En contraste, el coro de niños respondió con precisión y musicalidad en sus breves intervenciones, aportando uno de los pasajes corales más sólidos de la noche.
En Turandot cuesta esconder cualquier fisura. La percusión, los grandes bloques corales y la escritura orquestal hacen de la precisión una condición de la propia dramaturgia. La afinación nunca terminó de convertirse en un terreno firme. Tampoco el balance entre el foso y el escenario ni la concertación entre coro y orquesta. Por momentos, los cantantes parecieron buscar referencias dentro de un entramado musical que difícilmente encontraba un punto de equilibrio.
La puesta de "Turandot" buscó la monumentalidad que la obra reclama, pero los recursos musicales no alcanzaron a materializarla. Foto: @nicorawdriguez y @dondeestalaluna.
La producción buscó la monumentalidad que la obra reclama, aunque los recursos musicales disponibles no alcanzaron a materializarla. En Turandot, esa diferencia rara vez -por no decir nunca- pasa inadvertida.
Ficha
Turandot
Calificación: Regular
Música: Giacomo Puccini Libreto: Giuseppe Adami y Renato Simoni, sobre la obra teatral de Carlo Gozzi. Elenco: Turandot, María Castillo de Lima; Calaf, Fabricio Gori / Martín Fernández; Liù, Eugenia Coronel Bugnon; Timur, Bruno Santoro Sciaini / Franco Gómez Acuña; Ping, Pang y Pong, Miguel Balea, Jerónimo Vargas Gómez, Marcelo Reynes y Mauro Luna (según función) Dirección escénica: Gabriel Villalba Preparación del coro, solistas y dirección orquestal: César Tello Producción: Clásica del Sur y Sol Producciones S.R.L. Teatro: Avenida (Av. de Mayo 1222) Próxima función: 1° de agosto, a las 20.
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