Arnaldo André y sus confesiones de galán: “Soy un gran seductor desde la primaria… me ponía celoso si la maestra le daba más bolilla a otro nene”

ENTREVISTA

Arnaldo André y sus confesiones de galán: “Soy un gran seductor desde la primaria… me ponía celoso si la maestra le daba más bolilla a otro nene”

FOTO: MARCELO CARROLL

  • Tiene 82 años, un pasado al frente de novelas inolvidables, como "Piel naranja", "El infiel" o "Amo y señor", y un presente que lo lleva de gira teatral por el país con la obra "Tango para tres".
  • En una charla interrumpida por la adoración de sus fans, habla de la imaginación que le despertaron los radioteatros de su infancia, de sus juegos en los montes de su Paraguay natal y de su alma de conquistador.
  • Cuenta su receta para sentirse joven, en la que el humor, dice, es el ingrediente principal.
  • Su podio de los trabajaos que le dejaron huella.

Una de estas tardes en las que a la primavera -casi ausente sin aviso- se le ocurrió aparecer, Arnaldo André eligió una mesa de la vereda de una trattoria de Palermo, cerca de su casa, para charlar con Clarín, justo a la hora en la que el sol aportaba su magia. Fue un cálido mano a mano sobre bueyes perdidos, sólo interrumpido por las consecuencias de la fama, en este caso enmarcadas en la gratitud, la admiración y los besos al viento: los piropos al galán, de mujeres de distintas edades, se hilvanaron sin pausa. Y el desfile se coronó con un fan que, aparentemente, le dijo algo hermoso en guaraní.

En el umbral de los 83 años -los cumple el 10 de noviembre-, el hombre que supo contar el amor desde clásicos televisivos como Piel naranja, El infiel o Amo y señor -la tira en la que su personaje, Alonso Miranda, daba cachetazos que marcaron un antes y un después en las telenovelas- valora cada gesto ajeno. Pero no se queda enredado en el elogio, vuelve al café, a la conversación en medio tono, vuelve como si nunca se hubiera ido. No está en pantalla, pero, como dice Mirtha Legrand, el público tiene memoria. Y a las pruebas del pedido de selfies nos remitimos.

De paso por su barrio, en medio del recorrido teatral con Tango para tres, la obra que protagoniza junto a Marta González y Romina Fernándes, el actor cuenta que “esto empezó en el Regina, y luego fuimos a otros lugares y no paramos más. Adonde vamos la gente se entretiene, se ríe mucho y eso es muy gratificante. A mí me gusta la gira, inclusive en épocas en las que hacía televisión. Todo es lindo en el mundo de la actuación, pero el teatro tiene magia, te da un calor especial”.

-¿Te requiere una entrega fisica mayor?

-La obra en sí no me requiere algo físico, sí me cuesta eso de dormir cada noche en un hotel diferente, armar y desarmar el bolso a cada rato, pero cuando el grupo está bueno y la obra gusta todo se convierte en una gran aventura. Nosotros somos siete, incluido el chofer, y nos matamos de risa en la camioneta. Pasan los kilómetros y cada vez nos divertimos más.

A los 82, Arnadlo se define sin pudor: "Seductor y celoso a muerte". Foto Marcelo Carroll

Descontracturado y dueño de un vocabulario rico, se asume “jodón” y aclara: “Lo soy, pero voy a utilizar las palabras apropiadas... yo cultivo el humor. Siempre que me preguntan ‘Y vos ¿cómo te conservás? y ba bla’, contesto que me cuido en el gimnasio que queda cerca de casa, me cuido con la comida, como mucha fruta, verdura, y sólo me tiento con las papas fritas un día de gira. Y la parte fundamental de mi receta es el humor, que es una herramienta que me mantiene joven. Yo le hago bromas a todos".

Y regala una postal: "El otro día estaba tomando un café con un amigo, hacía frío, era una mesa para dos, con dos sillas y no tenía dónde poner el abrigo. Y ahí nomás había una señora sola en una mesa para cuatro y me acerqué con la intención de decirle si podía tomar una silla, pero en ese tránsito mínimo de tiempo le digo ‘Perdón, ¿me puedo sentar con usted?’. La mujer me miró se quedó sorprendida y le dije ‘No, mentira, es un chiste’. Y luego se rió”.

-¿Ella vio a Arnaldo André o a un señor cualquiera?

-No lo sé, pero fue una situación simpática entre dos desconocidos. La broma respetuosa ayuda a pasarla mejor.

-¿Tuviste que adaptar el humor a estos tiempos? Viste que hay chistes que ya no se pueden hacer.

-No, siempre los hice sin ofender a nadie. Y me adapto a los tiempos. En la obra que hacemos ahora hay una parte en la que digo ‘Las cosas cambiaron, ¿mirá si le digo un piropo a una mujer y me manda en cana?’. Yo creo en la buena onda que uno tira, me gusta sociabilizar, charlar con los mozos.

-¿Sos amiguero?

-Soy, pero me gustaría ser más como Roberto Carlos.

Arnadlo André y Marilina Ross en "Piel naranja" (1975), un clásico de telenovela en el que su voz susurraba el "rojaijú" (te amo en guaraní) que su público no olvida.

-¿Sí? A mí me parece que tener un millón de amigos es un montón

-Exagero un poquito, sí, pero no tengo muchos y me gustaría tener más. Soy escorpiano, amigo fiel. En unos días cumplo años.

-¿Decís la edad?

-No, pero hoy ya no la podés ocultar. Ponela si querés, no tengo ningún problema, pero yo no la digo.

Las apariencias son subjetivas, pero su estado físico y su rapidez para la réplica y la picardía llevan a poner en duda la frialdad del documento.

Intenta ir al gimnasio tres veces por semana, come sano, cultiva el humor (así definido por él) y, cada tanto, se da un gustito: papas fritas. Foto Marcelo Carroll

De Tarzán a las avispas

Nacido en Paraguay en noviembre de 1943, tiene facilidad para volver a la infancia con sólo pestañar la memoria: “Me sirvió mucho para mi profesión ejercer la fantasía. Escuchaba radioteatro y creía estar viendo todo. También escuchaba a Tarzán y me imaginaba el mar y la selva que nunca había visto. Yo vine a la Argentina a los 5, y a los 9 nos fuimos a mi pueblo, San Bernardino, una ciudad ahora, y ahí tenía mi mar y mi selva, ergo el lago y los montes. O sea, tenía todo para jugar y no tenía que fantasear tanto”.

-¿Vos eras Tarzán?

-No, sólo estaba en contra de los malos. Mi mamá nos daba un machete y, si bien había un caminito, nosotros nos metíamos por los montes impenetrables. Y teníamos unos enemigos infalibles: las avispas. Ay, las veces que yo he ido todo hinchado a mi casa porque me habían picado por todos lados. Pero, bueno, era parte del peligro que uno tenía que afrontar. Ahí creaba mi propio argumento.

-¿Y hoy te sentís un pibe, al margen de lo que te devuelva el espejo?

-Yo me siento un chico siempre. Y a las pruebas me remito: el asistente de dirección de la obra, que se llama Migue, se prende en todas conmigo. Los compañeros nos dicen ‘Paren, che, parecen dos criaturas’, hasta juegos de manos hacemos y nos morimos de risa, y eso que somos dos tipos grandes.

-¿Siempre estás en ese estado de gracia o de gracias?

-Mirá, una de las cosas que Ángela Ferrer Jaimes, la única profesora que tuve cuando vine a estudiar teatro, nos enseñó fue que nunca dejáramos de mirar alrededor, de observar a la gente, al señor que barre la calle, al mozo, al que limpia vidrios. Y eso me quedó hasta el día de hoy, pero no lo hago con la intención de aplicarlo a mi trabajo, sino para ver en qué anda el mundo.

-¿Y en qué anda?

-Observo mucho gesto adusto, mucha gente malhumorada, agobiada, veo a pocas personas alegres o relajadas. Yo no quiero andar por la vida apagado, como entregado. Ella le decía a una compañera que llegaba cansada: ‘Cuando estás por subir a la clase dejá los problemas debajo de la alfombra y después vení. Y cuando te vas te volvés a conectar con ellos’. Y eso también me quedó: cuando tengo un problema, que gracias a Dios nunca es grave, antes de ir a dormir lo pongo debajo de la almohada, pienso en otra cosa, leo…

-Pero, no es que lo tapás o lo negás, ¿no?

-No, no, porque al día siguiente voy a tratar de solucionarlo. Sólo lo apago un ratito para no quedar enroscado permanentemente. Y trabajo para estar mejor: por ejemplo, trato de ir tres veces por semana al gimnasio, mañana voy a ir a a hacerme un tratamiento capilar para tener mejor el cabello, camino, me ocupo de mí. Estoy operado de la columna desde hace cinco o seis meses.

Se arremanga, pone una de sus manos en modo vertical sobre la mesa, abre el índice y el mayor y con los dedos ensaya una clase de anatomía graficando sus piernas. Una delicia escucharlo hablar, a tal punto que el ruido urbano pareciera estar pausado.

Document

El galán y el actor de teatro que van de la mano

Su hoja de ruta laboral marca que viene de estar de gira con la obra por el norte y por la región pampeana y en breve le toca San Pedro y otros puntos bonaerenses. También hará una fecha en la sala porteña Carlos Carella, “luego paramos en diciembre, pero enero y febrero estaremos recorriendo Córdoba, no haremos funciones sólo en Carlos Paz”.

Arnaldo André y Marta González, una dupla que ya subió varias obras al escenario. Ahora comparten marquesina en "Tango para tres".

-¿No te cansás nunca?

-No, y mientras mi físico y mi memoria me acompañen seguiré andando. Siempre pongo el ejemplo de los autos abandonados y pienso que eso es al actor que está inactivo. Si vos no activás la maquinaria te empezás a herrumbrar, tenés que ponerte en marcha mientras puedas. Me acuerdo que una vez, cuando hacía 40 kilates con Mirtha Legrand en el Gran Splendid, que ahora es una librería, fui a cenar al restaurante de al lado y en la mesa había un pibe de 30 años que contaba que tocaba el violín y quería ser concertista, pero no podía seguir porque tenía lesionado el oído y ahí entendí lo que era la frustración. Yo, mientras pueda hacer lo que me gusta, voy para adelante.

-¿Y adelante qué hay?

-Tiene que haber un foco. Yo les digo a los jovencitos que quieren ser actores que hay que enfocar muy bien lo que desean: ser actor para ser famoso no es el camino. Ésa es una posible consecuencia. Lo que hay que definir es el objetivo de los sueños. Ahora cualquiera puede ser famoso, una locura.

Soledad Silveyra y Arnaldo André en "Pobre diabla", uno de sus hits (1973), con libros del enorme Alberto Migré.

-¿Extrañás al galán que fuiste?

-Es que me siguen percibiendo galán y está bien. Me gusta. Nunca renegué de esa etiqueta. Aunque, cuando trabajaba en telenovelas, Canal 13 empezó a hacer comedias y no me llamaban para eso. Le pregunté a mi representante y me dijo que le habían dicho que yo no era el tipo de actor que buscaban y eso fue una puñalada para mí.

-Pero el tiempo siempre da revancha…

-Claro, porque cuando estaba en Estados Unidos algo cambió. Me fui a Los Angeles a estudiar cine y un día me llamó mi representante para contarme que (Jorge) Guinzburg, que una vez por mes hacía una parodia de un clásico en la tele, tenía prevista una sobre el Martín Fierro. Los exteriores eran en Lobos, pleno invierno, y él sufría de asma y me quería a mí. Yo pensé que no tenía nada que ver con eso, pero dije ‘Ok, voy para allá’.

Se vino nomás y lo bien que hizo: "Eran dos capítulos. Salió el primero y a la mañana siguiente me vuelve a llamar mi representante para decirme que me querían del 13 para una comedia, Gerente de familia, un exitazo con Andrea Bonelli. Y ahí se abrió una puerta sin que se cerrara la del galán".

-Ésa no se cierra nunca, ¿verdad?

-Yo soy un gran seductor desde la primaria… me ponía celoso si la maestra le daba más bolilla a otro nene. Soy muy de celar.

-¿Siempre fuiste así con las parejas, los amigos, la familia?

-Seductor y celoso a muerte.