“A la presidenta le preocupa que seas un riesgo de seguridad”, le dice el vicepresidente de los Estados Unidos, Hal Wyler (el actor Rufus Sewell), a su esposa, Kate Wyler (Keri Russell), la embajadora norteamericana en el Reino Unido. En la cuarta temporada de la serie La diplomática, por Netflix, las relaciones mundiales y las íntimas se tensan alrededor de un conflicto geopolítico sin precedentes. ¿Podrá la embajadora poner las cosas en orden? ¿Confiarán en ella o la harán a un lado? ¿Por qué vale la pena no perdérsela?

La presidenta Grace Hagen Penn (Allison Janney) hace su juego mientras el Primer Ministro del Reino Unido, Nicol Trowbrigde (Rory Kinnear), no confía en la diplomacia de Estados Unidos. ¿A qué juega cada uno en esta serie de Debora Cahn que combina lo público y lo privado con maestría? En el mundo de Kate Wyler no hay descanso: cada día trae un nuevo foco de discordia y de suspicacia entre naciones, y ella deberá lograr que todos queden conformes. Aquí, las siete razones de por qué vale maratonear la cuarta temporada de La diplomática.

El conflicto con Gran Bretaña

“La seguridad nacional está en juego. ¿Qué cartas estás desplegando?”, le dicen a la embajadora Kate Wyler cuando busca dilucidar quiénes son los que mantienen abierto el conflicto por un submarino ruso en aguas inglesas. Ella intenta convencer a la presidenta de los Estados Unidos para que escuche a sus asesores y que clarifique las explicaciones que le darán al Primer Ministro del Reino Unido, pero la presidenta tiene su propia agenda. ¿Cómo comunicarán los hechos sin que se desate una catástrofe?

La diplomática arranca su cuarta temporada con velocidad y potencia, entre diálogos estratégicos, y no da respiro: en el castillo de Windsor, la presidenta y toda su comitiva buscan hacer frente a la grave situación diplomática en aguas profundas y cómo comunicar el peligro que entraña el submarino ruso, armado hasta los dientes. ¿Quién tendrá la última palabra en pos de la paz mundial?

Kate Wyler (Keri Russell) y Hal Wyler (Rufus Sewell) componen un matrimonio unido por la diplomacia y las intrigas geopolíticas.

Las relaciones de pareja

“Por casualidad, ¿le dijiste a la embajadora del Reino Unido que te preocupa que su esposo me haya seducido?”, le dice la presidenta norteamericana Grace Hagen Penn a su marido, Todd Penn. Y él le responde: “No es raro pensar que alguien quiera tener sexo con vos”. Así avanza uno de los puntos fuertes de la serie: las relaciones románticas cruzadas. El vicepresidente, Hal Wyler, se separó de Kate Wyler, la embajadora: ella tuvo relaciones esporádicas con un ministro y con un asesor en las altas esferas inglesas.

Kate tiene un acuerdo tácito con su esposo, que a su vez se muestra muy confidente con la presidenta de los Estados Unidos. La diplomática demuestra que lo que sucede en las alcobas es muy importante para las oficinas del poder. ¿Volverán Kate y Hal a funcionar como un matrimonio unido? ¿Quiénes podrán separar esta relación con los códigos de la alta política?

En el castillo de Windsor, los protagonistas se enfrentan al conflicto del submarino ruso en aguas inglesas.

El nivel de los diálogos

“Te quejás mucho de la presidenta”, cuestiona Hal Wyler, el vice, mirando a la embajadora Kate Wyler. “Y seguiré haciéndolo”, dice ella. “Haré preguntas incómodas cuando crea que abandonas nuestra ventaja táctica con jugadas que destruirán la alianza estratégica más exitosa de la historia moderna”, contesta en alusión a Gran Bretaña. ¿El trasfondo? Quién filtró una información clave para la estabilidad de ambas naciones.

A medida que se van superponiendo las idas y venidas de la política exterior se suman los peligros de cierta amenaza internacional desconocida. Y es Kate la que siempre tiene la palabra final: “Soy la que más ruido hace, pero sigo siendo parte del equipo”. Y su marido contesta: “Hubo disparos. Alguien salió herido. Creo que podemos aguantar una mala comida”. Los diálogos de La diplomática, episodio tras episodio, son su carta mayor.

La personalidad de Kate Wyler

“Tengo que dejar de pegar tan fuerte a nivel verbal”, asume Kate Wyler en diálogo con su marido, luego de la enésima discusión de pareja y de otra agitación en la política internacional. Así como no sabe lucir un vestido de gala, puede ser agresiva, imperativa, o hasta frágil. Sus asesores confían en Kate, pero ella elige ser controladora de su marido (¿o su ex?), y enrevesada en su solución para los problemas diplomáticos.

El personaje central está plagado de matices, y queda en claro que la fortaleza y la vulnerabilidad, pueden habitar un mismo cuerpo. En este caso el de la embajadora.

Quizá Kate sea muy precavida, pero hay que ver la evolución de este personaje, que no parecía tomarse en serio su cargo de embajadora, y que le encontró el gusto a internarse en las intrigas, casi de espionaje, de la política exterior. “¿Le revelaste a alguien el tema del submarino?”, la inquiere su esposo, en alerta por un hecho sangriento. Y Kate dice que jamás vulneró la seguridad nacional. Así, la serie jamás banaliza su personalidad.

La geopolítica en juego

“Encontramos un submarino ruso con un súper misil nuclear y lo enterraremos en secreto en un ataúd bajo el agua”. Éste es el conflicto con el que arranca la cuarta temporada. Pero un atentado en el castillo de Windsor agita el avispero. La víctima no muere, pero todo se pone en riesgo: el caos parece desatarse en el micromundo de intrigas palaciegas, y en el macromundo de discusiones internacionales, de la serie. ¿Cómo reaccionarán en Estados Unidos?

En la tercera temporada había muerto de un paro cardíaco el presidente Bill Rayburn (el actor Michael Mckean) y ahora todos los ojos están sobre su reemplazante, Grace Hagen Penn, que, encima, tiene sus propios desastres para resolver. Están los rusos, están los chinos, y el atentado en Windsor dejó a todos vulnerables. El futuro es un alerta para La diplomática: “¿Vamos a dejar que la IA nos gane?”, dice Kate, y nadie sabe qué responder.

Bradley Whitford (Tod Penn) y Allison Janney (la presidenta Grace Hagen Penn) lidian en esta temporada con una situación de alto peligro.

La otra pareja central

“Decile a ese tipo que si vuelve a faltarte el respeto se las va a ver conmigo”, le dice Stuart Heyford (el actor Ato Essandoh), subjefe de la misión diplomática de Kate Wyler, a Eidra Park (Ali Ahn), jefa de estación de la CIA en Londres. Desde la primera temporada, ambos debatieron, discutieron, se encontraron y desencontraron y revelaron lo que era casi obvio para el espectador: eran pareja. En la cuarta temporada, Stuart Heyford es fiel a su jefa Kate y sigue protegiendo a Eidra Park, aunque ya no estén juntos. ¿O volverán a compartir las noches?

Esta pareja, con la riqueza y la picardía de sus intervenciones, funciona en un punto como el alivio cómico (atenuado por la ardua diplomacia) de la serie, y cada vez que aparecen es un deleite frente a tantas estratagemas de poder y a tantas lidias en las altas esferas del control mundial. Son un dúo indispensable para darle aire a la ficción.

Eidra Park (Ali Ahn) es la jefa de la CIA en Londres y Stuart Heyford (Ato Essadoh) es el subjefe de la diplomacia de los Estados Unidos.

Un Primer Ministro inglés muy particular

El Primer Ministro inglés Nicol Trowbrigde se anuda la corbata frente al espejo al son de la ópera Pagliacci. Entona con brío una de las arias y se imagina vestido con la capa real y con corona, siendo alabado por sus súbditos. Luego enfrenta a la prensa en la residencia oficial en el número 10 de Downing Street y despeja las dudas sobre su endeble mandato.

Adusto, contraído y demandante: así es el Primer Ministro que compone Rory Kinnear. El mismo que en conferencia mediática dice, recordando a un funcionario muerto en circunstancias dudosas: “Los advierto sobre los depredadores que buscan entrar a nuestro hogar. Los matones arrogantes aún deambulan por las calles. Lucharemos por la justicia”. La diplomática escucha su discurso y se pregunta: ¿hasta cuándo se sostendrá nuestra alianza con los británicos? Aquí hay un Primer Ministro complejo, a la altura de las expectativas de la serie.