Como si algo lo hubiera predestinado, una tarde de sábado inusualmente fría y sin sol a la vista fue el marco para un siempre esperado encuentro en vivo con Winterreise (Viaje de invierno), el excepcional ciclo de canciones que Franz Schubert escribió sobre poemas de Wilhelm Müller en sus últimos años de vida.

La propuesta –en el marco del ciclo Grandes Intérpretes del Teatro Colón– ofrecía la oportunidad de escuchar estas 24 canciones sobre el amor, el abandono, el paso del tiempo, la esperanza, la muerte y otros temas de profundidad inalterable en la voz de uno de los más grandes especialistas de nuestro tiempo en ese repertorio: el barítono alemán Matthias Goerne, acompañado en esta oportunidad por el pianista finlandés-cubano Anton Mejias.

Pocas obras del repertorio de la canción de cámara requieren tanta concentración (de intérpretes y oyentes) como este ciclo, planteado con una continuidad discursiva, una coherencia dramática y una variedad en la unidad que no dejan de sorprender.

Es evidente, entonces, que todo “viaje hacia el interior del Viaje” implica una comunión perfecta no solo entre cantante y pianista, sino entre artistas y un público dispuesto a dejarse llevar por estos áridos aunque bellísimos senderos de Schubert.

Química implacable entre el painista Anton Mejias y Matthias Goerne durante la tarde fría (afuera del Colón) del 17 de octubre. Foto: Juanjo Bruzza / Teatro Colón

Goerne (recordado en Buenos Aires por su inolvidable Jesús en la Pasión según San Mateo de Bach dirigida por Helmuth Rilling en 1996, en ese mismo escenario) comenzó su actuación con una concentración extrema, que tuvo la férrea voluntad de mantener, y así dio inicio este vía crucis romántico, con “Gute Nacht”, una amarga y desgarradora despedida amorosa.

El conocimiento profundo que Goerne (formado, entre otros, con Dietrich Fischer-Dieskau) ha alcanzado de este ciclo le permite manejarse con una soltura corporal no siempre presente en los cantantes de cámara: casi todo el tiempo quiebra o inclina el eje de su cuerpo, se acoda en el piano, se desplaza por el escenario y entabla una comunicación visual y emotiva con el espectador que puede sostener a pesar de todo.

Ese “todo”, en este caso, incluyó dos contratiempos surgidos en “Frühlingstraum”, en la que su rostro dio cuenta de la molestia por la irrupción de un celular y en la que también debió fulminar con la mirada a un espectador de las primeras butacas.

La voz de Goerne, de opacidad natural y volumen moderado, es una herramienta que pone al absoluto servicio de la música y la palabra, que medita y transmite con perfección. Sin ceder a la tentación de enumerar cada uno de sus aciertos, se puede destacar la vehemencia nunca desbordada de “Die Wetterfahne” o “Der stürmische Morgen”, la delicadeza de Die Post, el acento dramático de Im Dorfe o la seria introspección de Das Wirtshaus.

El piano de Anton Mejias creó los climas perfectos, siguiendo al milímetro las inflexiones del canto de Goerne. Foto: Juanjo Bruzza / Teatro Colón

Y, por supuesto, la maravillosa delicadeza de Der Leiermann, la canción final en la que el poeta pregunta al anciano organillero al que nadie escucha si puede seguirlo. Aquí, como en la totalidad del ciclo, el piano de Anton Mejias creó los climas perfectos, siguiendo al milímetro las inflexiones del canto, y con otros puntos altísimos en Erstarrung y Der Lindenbaum, joyas de esta travesía al interior del alma que siempre depara nuevas emociones.

Ficha

Calificación: Muy bueno

Recital de Matthias Goerne (barítono) y Anton Mejias (piano)

Ciclo Grandes Intérpretes Teatro Colón, sábado 17 de octubre.