La suerte del traspaso de los videojuegos a la pantalla grande es bastante desigual, disímil. No es que no le pongan garra, pero todo lo que uno estuvo jugando, gastando joysticks o en su momento fichitas no siempre obtiene cuando paga su entrada un resultado que lo satisfaga.

A los recientes éxitos comerciales de las sagas originadas por Super Mario Bros., Sonic, Minecraft y Mortal Kombat se agrega esta semana Street Fighter, que si tiene algún punto en común con uno de los antedichos es precisamente con el de la franquicia de lucha uno contra uno.

Ryu (Andrew Koji) y Ken Masters (Noah Centineo), hermanos de la vida y no de sangre. Fotos UIP

Después de la de Jean-Claude Van Damme

Esta Street Fighter es la tercera adaptación que llega al cine, tras la primera, de acción real, con Jean-Claude Van Damme como Guile y Raúl Juliá como M. Bison, de 1994, y el animé japonés Street Fighter II: The Animated Movie de Gisaburō Sugii, también de hace 32 años.

En la nueva, Guile está, pero en un rol más secundario, y M. Bison (aquí, David Dastmalchian, de El Escuadrón Suicida) sigue siendo el malvado. Pero los protagonistas son Ryu (Andrew Koji, visto en Tren bala y en Warrior) y Ken Masters (Noah Centineo de, ay, Black Adam), que son los únicos personajes que han aparecido en todas las entregas principales de la saga.

Ryu (Andrew Koji) y todo su poder desatado en la película.

Hermanos de la vida más que no de sangre, ambos huérfanos, pero por distintos motivos, uno pobre y el otro rico, se entrenaron con el mismo maestro, Gouken, en las artes marciales en su dojo. Un hecho los distanció -la película arranca en 1987, cuando Ryu se convierte en ganador de un torneo mundial, y retoma en 1993-, en síntesis el que se fue y no se supo nada de su vida fue el japonés.

Bien distintos en su carácter, uno es reservado, el otro un desprejuiciado, cuando el militar M. Bison lance un nuevo torneo mundial con fines para nada deportivos -desea extraer la energía de los luchadores más poderosos e inyectársela él-, tal vez, quizá, en una de ésas, los hermanos de la vida vuelvan a encontrarse.

Y aparece Jason Momoa

Contar más de la trama no tiene sentido -aparece Jason Momoa, eso sí-, no porque no exista sustento a las infinitas peleas, con coreografías bien diseñadas, sangre y muros de ladrillos de cartón a los que son lanzados unos y otros en los combates, sin porque claramente es lo de menos.

Jason Momoa es Blanka en "Street Fighter".

La película combina la animación y la acción en vivo, pero no en un mismo plano: lo que ocurre en el pasado es animación. Kitao Sakurai, el director nominado a dos premios Emmy, se preocupa por influirle vértigo, dinamismo al asunto. Sabe que, si las peleas flaquean pese a las coreografías, con los vuelos y los golpes reiterados, para algo están la lluvia, la cámara lenta, la correcta iluminación.

En fin, que Street Fighter no es el mamarracho que protagonizó Van Damme en los ’90 y que, así como Hope, estrenada la semana pasada, tiene un final que no desorienta con su final abrupto, pero anuncia a las claras que habrá una continuación.

“Street Fighter”

Buena

Acción. Estados Unidos / Japón, 2026. 119’. De: Kitao Sakurai. Con: Noah Centineo, David Dastmalchian, Jason Momoa, Callina Liang, Mel Jarnson. Salas: IMAX, Cinemark Palermo, Caballito, Dot y Unicenter, Cinépolis Recoleta y Houssay, Showcase Belgrano, Norcenter y Rosario.