Hay algo poco frecuente en ver a un músico como Pinchas Zukerman en vivo: la sensación de que no está allí para demostrar que es Pinchas Zukerman. A los 78 años, el violinista israelí parece haber dejado atrás cualquier necesidad de exhibición. Toca. Eso es todo, y es un montón. Y en esa economía hay también una forma de autoridad.

Pinchas Zukerman se presentó el lunes en el Teatro Colón junto al Ensamble Musical de Buenos Aires, dirigido por Gustavo Fontana, en la tercera función del ciclo Aura. El programa fue amplio y, por momentos, inesperado: Tangazo, de Astor Piazzolla; la Obertura Coriolano y la Romanza n.º 1 de Beethoven; la Berceuse sfaradite, de Paul Ben-Haim; la Suite de Estancia, de Alberto Ginastera; y, finalmente, el Concierto para violín n.º 1 de Max Bruch.

El comienzo tuvo un significado particular: Tangazo, Variaciones sobre Buenos Aires, es una obra poco frecuentada que Piazzolla dedicó al propio Ensamble Musical de Buenos Aires. La interpretación recuperó sus gestos más reconocibles -síncopas, acentos desplazados, ataques secos y contrastes entre tensión y lirismo- y esa capacidad tan propia de Piazzolla de hacer sonar Buenos Aires, esté donde esté.

El Ensamble mostró desde allí una de sus principales virtudes: la precisión, que sostuvo en la Obertura Coriolano y la Romanza n.º 1 de Beethoven. Esta última permitió apreciar al solista en un registro más íntimo, alejado de la espectacularidad del gran concierto romántico. La Berceuse sfaradite, de Paul Ben-Haim, profundizó esa línea contemplativa, con un toque concentrado en la expresión y el sonido antes que en el efecto. Una elección que pone la comunicación por delante del despliegue técnico, aunque la técnica esté siempre presente.

La segunda parte terminó de mostrar las virtudes del conjunto con la Suite de Estancia de Ginastera, uno de los mejores momentos de la noche. La lectura fue prístina y permitió escuchar con nitidez cada plano de una partitura de enorme complejidad, que exige precisión y energía rítmica. No es casual: Ginastera es considerado, con justísima razón, el gran orquestador de la música argentina, y la orquesta estuvo a la altura de una escritura en la que cada sección instrumental tiene un papel preciso.

La presentación de esta nueva etapa del Ensamble Musical de Buenos Aires también recuperó parte de su historia: entre sus antecedentes está la dirección de Pedro Ignacio Calderón, una figura ligada a la trayectoria del conjunto.

Director e intérprete. Gustavo Fontana, director del sólido Ensamble Musical Buenos Aires, y Pinchas Zukerman, un violinista legendario. Foto: Juanjo Bruzza

El Zukerman que quiere la gente

Después llegó Bruch. Y allí apareció el Zukerman que probablemente muchos habían ido a escuchar. El concierto exige sostener el canto sin perder tensión y encontrar el equilibrio con una orquesta de gran densidad sonora. Zukerman lo interpretó desde el oficio: su violín Guarneri del Gesù proyectó incluso los pianissimi agudos con una nitidez extraordinaria, sin perder delicadeza.

Es un violinista que trabaja como un artesano, atento a cada frase y sin convertir la técnica en exhibición. El resultado no busca ponerlo en primer plano: por momentos, incluso, parece desaparecer detrás de la música.

También resultó llamativo el final. Después del Bruch, las luces se encendieron y Zukerman pidió a los músicos que saludaran, dando a entender que no habría bises. Sin embargo, volvió al escenario para tocar la conocida Canción de cuna de Brahms, acompañada por el público.

Antes habló de las guerras y de los líderes de distintas potencias -Estados Unidos, Rusia e Israel- que fomentan los enfrentamientos armados, y de los niños y niñas que no tienen una madre o un padre que los cobije. Dedicó la canción de cuna a esos chicos y chicas. Dijo que no era un discurso político; lo fue, aunque no partidario. Después tomó el violín y convirtió aquella canción de cuna en una declaración de principios única.

Aplausos del público y de la orquesta para Pinchas Zukerman, que para despedirse tocó solo con su violín la "Canción de cuna", de Brahms. Foto: Juanjo Bruzza

Ficha

Ciclo Aura

Calificación: Muy bueno

Intérpretes: Pinchas Zukerman, violín; Ensamble Musical de Buenos Aires, dirección de Gustavo Fontana Programa: Obras de Piazzolla, Beethoven, Ben-Haim, Ginastera y Bruch Sala: Teatro Colón, lunes 28 de septiembre.