Subías a un taxi, a un colectivo, entrabas a un bar o a un sitio donde estuviera la radio encendida en la segunda mañana y se imponía la voz inconfundible de Oscar González Oro, el "Negro" para casi todos, el hombre que murió este viernes a las 74 años en Punta del Este, sitio que había elegido como último destino, se estima. Su salud estaba frágil -tenía problemas cardíacos. respiratorios y de movilidad-, se sentía "apagado". Toda una autodefinición -que repitió en los últimos meses- de parte de un conductor que, al menos sentado al micrófono, decía: "Sólo busco alegrar y acompañar".
Informaba, por supuesto. De hecho, su programa emblema, El Oro y el moro, ése que desde fines de los '90 arrasó desde la segunda mañana de Radio 10 -llegando a tener poquito más de un millón y medio de oyentes del otro lado-, marcaba agenda. "Salió en lo del Negro Oro", "Lo dijo el Negro Oro". Su espacio era una como una fuente.
Y en esa franja radial competitiva de la AM -él iba de 9 a 13-, González Oro se convirtió en una suerte de cortina musical de los argentinos, aunque no siempre sonara música... si bien fue la música la que lo acercó a los medios.
Hombre de radio, pasó por todas las franjas, pero encontró su lugar de reconocimiento masico en las mañanas.
Su historia
Nacido en Mendoza el 16 de octubre de 1951, hijo de Tita y Ricardo, de pibe contestaba que de grande quería ser músico, tocar algún instrumento, y también ser actor. Tomó algunas clases de teatro, impulsado por su histrionismo. De a poco fue atesorando discos, hasta tener, ya adulto, y con el regreso de los vinilos, una colección envidiable. Los que lo trataban a diario y lo conocían profundamente hablan de su amplio abanico de géneros a la hora posar la púa sobre uno: del tango al jazz, pasando por el ritmo que fuera.
Y confiaba tanto en el poder de las canciones, que cuando ponía un tema que podía modificar estados de ánimo recurría al latiguillo de "Dale gas", que casi fue su marca registrada, aunque haya un innecesario debate paralelo acerca de quién lo dijo primero. No tiene importancia ahora. Sí amerita reconocer que también echaba mano a esa frase para imponer ritmo en el programa.
A fines de los '80 llevó su música a la costa y consiguió un espacio FM Playa Verde, en Pinamar. Con el tiempo contó que sólo buscaba difundir canciones, acompañar. Ése era su verbo más repetido. Sus amigos dicen que lo ponía en práctica en la vida, además de hacerlo de maravillas en el dial.
Tenía una voz envolvente y seductora y manejaba un ritmo implacable: no vertiginoso, sino de esquivar el bache sin soltarle nunca la mano, virtualmente, a quien lo había elegido para informarse, para entretenerse, para no sentirse solo.
El Negro detestaba la soledad como concepto, por eso decía que "no quiero que nadie se sienta solo si no quiere". Y ahí estaba él, a toda hora, porque pasó por varias franjas horarias de la radio y también de la televisión (en menor medida) compartiendo un rato, inclusive un silencio, porque también sabía darle valor a ese segundo de pausa para procesar, para sentir, para barajar y dar de nuevo.
Entre varias emisoras trabajó también en Rivadavia -uno de sus ciclos inolvidables fue Negro 630- y la pantalla chica lo tuvo en Polémica en el bar y Cotidiano, entre otros programas.
Su recorrido
Tras sus primeros pasos frente al mar y ya instalado en Buenos Aires, aunque nunca quitó de la memoria a su Mendoza natal, entró a Radio del Plata como productor de la franja nocturna y luego tuvo su propio espacio frente el micrófono. Ya su nombre entraba a las grandes ligas que por ese entonces lideraban Héctor Larrea, Juan Alberto Badía y Antonio Carrizo, entre otros maestros del aire.
Y a fin de los '90, el periodista y empresario Daniel Hadad lo convocó para llevarlo a su emisora, Radio 10, que encontró en Oro precisamente -y en otros, claro- su época de oro. Un juego de minúscula y mayúscula que que podrían oficiar de sinónimo en este caso.
“Dios, si es que hay Dios. Salva mi alma si es que tengo alma”, posteó el año pasado, dando a entender que su final podría estar cerca.
El Oro y el moro debutó 4 de enero de 1999 y rápidamente se transformó en la elegida de los argentinos. Y en la de las figuras, sobre todo los políticos, que querían llegar a mucha gente: ser entrevistado por el Negro era para alguna gente como ese famosos "mamá, llegué".
Y esa muletilla de "mamá, llegué", también la ha usado él muchas veces cuando sentía el logro en sus manos y lo quería compartir con su "viejita". De todos modos, su personaje familiar más citado por él, a quien más parecía extrañar, era su abuela María Luisa: de ella contaba sus consejos, sus recetas, su modo de darle cariño que "jamás olvidaré".
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Murió Oscar "El Negro" González Oro a los 74 años.
Dueño de un humor exquisito, no del chiste cortito y al pie, sino de la mirada humorística y graciosa sobre lo que fuera -y era militante de la fina ironía- sabía también aflojarle el nudo a la dura realidad. En el tsunami de temas que era su programa estrella convivían de maravillas lo crudo, lo ameno, lo tierno, lo visceral, lo informativo.
Comprometido con su oficio, manejaba también un carácter fuerte, del que él se ufanaba porque decía que "la tibieza te hace perder tiempo". Dicen quienes trabajaron con él que jamás traspasó el umbral del maltrato con su equipo de gente.
En varias ocasiones, y más hoy, se desempolvó la anécdota que cuenta que un día, al aire, discutieron fuerte el Negro Oro y Eduardo Feinmann y que luego se habrían agarrado a las piñas. Este viernes triste para los familiares, amigos y oyentes de González Oro, uno de los mensajes más conmovedores es el que le dedicó su "amigo" Feinmann, a través de su cuenta de X (la coloquialmente llamada Twitter): “Inmenso dolor. Te quiero, te querré siempre”.
Cerca del final, sin miedo
No le fascinaba hablar de su vida personal ("No tengo que darle explicaciones a nadie de cómo vivo y amo"): estuvo casado con Estela con quien tuvo un hijo, Agustín. Y luego crió a Pablo, su sobrino, hijo de su hermano, como hijo propio desde que el chico tenía 14 años. Y hace diez años decidió contar públicamente que estaba en pareja con un hombre. Y no hubo muchos más detalles.
Desde su retiro, más espiritual que profesional, se las ingenió para que todos intuyéramos lo que estaba sintiendo. No se guardó nada:
“Siento o sé que el final se acerca. Y no me arrepiento de nada. Vida hermosa y seguramente un adiós hermoso. Dejé huella en todo lo que hice. Estoy cansado y triste por no llegar a ver mi país sano y feliz. Si me voy, me voy entero. Cumplí con todo lo que me propuse y con esta vejez soñada. Gracias por hacerme feliz".
También posteó: “Dios, si es que hay Dios. Salva mi alma si es que tengo alma”. Tras ese "sincericidio", el año pasado compartió: “Estoy cerca de mi ocaso. Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. Vida, nada me debés, vida, estamos en paz”.
No sólo la radio está de luto este viernes 25 de septiembre, a menos de un mes de que el Negro cumpliera 75 años. Los oyentes están poblando de mensajes de gratitud todos los diales. Se fue un hombre de radio, un compañero de muchos.
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