El jueves 10 de septiembre el Ballet del Colón, que desde fines de 2024 dirige Julio Bocca, llevará a escena el resultado de un extraordinario y fascinante proceso de montaje comenzado a fines de julio pasado. Se trata de la obra Principio de éxtasis, del coreógrafo español Goyo Montero e inspirada en el cuento “El Aleph” de Jorge Luis Borges.
Principio de éxtasis tiene colaboradores muy destacados: Gustavo Santaolalla, junto con el compositor canadiense Owen Belton, en la creación sonora; Ricardo Darín, que dio su voz a textos de Borges, y el artista plástico Eduardo Basualdo, asistido en la escenografía por Mariana Tirante que además diseñó el vestuario.
Aunque El Aleph es uno de los cuentos más conocidos de Borges, vale la pena refrescarlo aquí con un breve resumen:
Un personaje llamado Borges, y que narra en primera persona, regresa regularmente a la casa de Beatriz Viterbo. Esta mujer, que fue para él un amor sin esperanzas, murió poco tiempo atrás. En esa misma casa del barrio porteño de Constitución vive el primo hermano de Beatriz, el insufrible Carlos Argentino Daneri, que revela al Borges de ficción un secreto fabuloso: en el sótano de esa misma casa puede verse el Aleph, un punto luminoso donde se concentran todos los puntos de la Tierra.
"Principio de éxtasis" reunirá 50 bailarines en escena. Para Goyo Montero, su creador, cada uno de ellos juega un rol importante. Foto: Carlos Villamayor
El camino para la creación de la obra
Conocimos algo del trabajo de Montero (Madrid,1975) cuando el año pasado trajo al Teatro Colón -como parte de un programa con obras de diferentes coreógrafos- su preciosa Chacona sobre música de Bach, que había estrenado en 2009 con el Ballet de Nuremberg.
Pero en esta oportunidad, Montero concibió Principio de éxtasis especialmente para la compañía del Colón y -un dato fundamental- junto con ella.
La distinción tiene sentido: Montero fue invitado por Julio Bocca para esta creación destinada al Ballet del Colón; pero el coreógrafo no llegó a Buenos Aires con la coreografía ya elaborada, sino con un cuaderno lleno de anotaciones, gráficos y dibujos. También trajo con él aquel largo tiempo que pasó alrededor de esta idea: cómo el cuento de Borges podía ser traducido a un universo escénico y más en particular al lenguaje de la danza.
Por lo tanto, Principio de éxtasis es todo aquello que Goyo Montero venía imaginando, elaborando y volcando al papel, sumado a lo que buscó y encontró con los bailarines del Colón a lo largo del absorbente período de ensayos.
Los bailarines África Guzmán y Luis Ortigoza, en los extremos, rodeando a Ricardo Darín y Goyo Montero, durante uno de los ensayos de "Principio de éxtasis". Foto: Carlos Villamayor
Quien haya tenido la fortuna de asistir a estos ensayos, habrá podido disfrutar de la belleza casi insondable de esta creación luminosa y también sombría. Pudo apreciar sin duda la gran inventiva puesta en juego por Montero cuando, y es sólo un ejemplo, utiliza unas inmensas escaleras como parte inseparable de la coreografía. Y finalmente, pudo admirar su manera de trabajar, que se compone de una exhaustiva minuciosidad para los detalles y al mismo tiempo una visión panorámica de todo lo que va sucediendo con los cincuenta bailarines del elenco.
Montero no indica los movimientos -en la jerga se dice, “marcándolos”, es decir presentando sólo la forma-. No, no, los muestra él mismo arrojándose al piso, subiendo las escaleras como si flotara o expresando dolor, desconcierto o ternura con las acciones más exactas.
Al terminar un ensayo reciente Montero se dirigió a los bailarines: “Una obra grupal no puede sostenerse si cada bailarín -no importa cuán sencillos sean los movimientos que le toque hacer- no logra establecer una conexión absoluta con la totalidad de lo que ocurre. Cada acción y cada intención, por mínimas que parezcan, son esenciales”.
La voz de Ricardo Darín
Ricardo Darín, grabando los textos de "Principio de éxtasis". Luego de una primera sesión, conoció al director y los regrabó con él. Foto: Patricio Cortés
“No elegí los textos que van a escucharse en off; fueron elegidos por Goyo y quizás también por Julio (Bocca) aunque no estoy seguro. Son un fragmento de “El Aleph” y dos poemas y acepté recién después de haberlos leído”, dice el gran actor Ricardo Darín.
“Las maneras de decir los textos, en primera instancia fueron las mías, ayudado por la persona que en ese momento me guiaba en la sala de grabación del Teatro Colón. Pero hubo una segunda instancia a partir de un llamado de Goyo cuando llegó a Buenos Aires: me pidió que nos viéramos”.
“Fui a varios ensayos, el primero en una sala más pequeña con algunos de los bailarines solistas. Y después vi a todo el conjunto en la sala de ensayos grande. Pude escuchar partes de la música y esto me permitió orientarme mucho más en el pulso que hacía falta, en qué textos había que reforzar o modificar”.
Las escaleras. Esas estructuras metálicas juegan un papel importante en "Principio de éxtasis". Foto: Carlos Villamayor
“Al ver los cuerpos en movimiento tuve claro lo que se necesitaba en relación a la puesta coreográfica. Esto me iluminó y me dio una perspectiva distinta sobre cómo decir los textos. Después de ver dos o tres ensayos, fuimos con Goyo a la sala de grabación y él condujo la nueva versión del audio. La conexión con él fue inmediata; es un hombre con una energía y una vibración muy positivas y tengo que agradecerle mucho que me haya dirigido”.
Gustavo Santaolalla, otra estrella en Principio de éxtasis
“El proceso de trabajo con Goyo fue gradual y con muchas vueltas. No hubo una partitura cerrada que le entregué y listo: fuimos y vinimos todo el tiempo. Yo le mandaba material, él lo probaba con los bailarines y a partir de eso surgían ajustes, cortes, nuevas ideas”, cuenta el músico Gustavo Santaolalla.
“Hubo escenas que encontraron su forma casi de inmediato y otras que pedían varias correcciones hasta que el gesto coreográfico y la música encajaran de una manera orgánica. Fue un ida y vuelta constante, no un trabajo en paralelo”.
Gustavo Santaolalla, junto a Goyo Montero. El argentino trabajó en la música de "Principio de éxtasis" junto al canadiense Owen Belton. Foto: Juanjo Bruzza
-Los estímulos para crear tu música, ¿vinieron de la lectura de El Aleph o de las ideas de Goyo para adaptar el relato a la danza?
-De las dos cosas. Pero hubo un pasaje esencial para mí: el momento en que el personaje de Borges contempla El Aleph y comienza a enumerar aquello que ha visto: “Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América...”. A partir de allí se suceden lugares, objetos, recuerdos, rostros, sensaciones, el amor, la muerte, hasta llegar a la visión del "inconcebible universo".
Continúa: “Este fragmento contiene para mí gran parte de lo que siempre me fascinó en Borges: el infinito, la memoria, la muerte, lo mágico, la dualidad y lo circular. Fue una referencia fundamental para imaginar musicalmente ese universo.
No es la primera vez que Santaolalla compone música para una obra de danza. “En 1975 -dice- el gran coreógrafo argentino Oscar Araiz tomó la música de Agitor Lucens V, álbum que había realizado con Arco Iris. Con esta música creó la coreografía Agitor, que presentó aquí con su propia compañía y en Francia con el Ballet de Angers en el Théâtre de la Ville de París".
Goyo Montero y que la inspiración lo encuentre trabajando
Goyo Montero le marca una escena (no lo estrangula) de "Principio de éxtasis" a uno de los bailarines. Foto: Carlos Villamayor
“¡Desde que empezaron los ensayos estoy jugando!”, afirma Montero. Y luego: “Llevo semanas disfrutando el proceso, intentando inspirar a los intérpretes. Jugando, sí, como un niño, pero como un niño con las ideas claras y al mismo tiempo dejando ir, soltando”.
Durante un ensayo explicaba a los bailarines que Principio de éxtasis no depende sólo de la danza, porque hay muchos movimientos escénicos y escenográficos (Nota: las escaleras son trasladadas y modificadas en su estructura por los propios bailarines), y es un viaje que necesita concentración, sincronización y una energía compartida: “Ellos van a ‘creer’ la obra cuando estén en el escenario con toda su épica”.
“Quiero que se los vea a todos, con sus caras y sus individualidades; no como una masa informe. Es un coro, sí, pero un coro con personalidades diferentes que están haciendo algo al unísono. Un bailarín que está atrás moviendo la escalera, tiene que sentir que lo que hace es imprescindible y exquisito. Sólo así la obra será potente y verdadera”.
Goyo Montero cuenta que comenzó a leer a Borges cuando tenía 14 años. Foto: Carlos Villamayor
-¿Qué significado le da a la palabra ‘jugar’ en este proceso?
-Para coreografiar hay que estar muy expuesto; que no haya barreras entre tú y los bailarines; mostrar en qué frecuencia quieres que hagan aquello que después interpretarán. Para eso tengo que transformarme en un niño, estar “desnudo”, desinhibirme; lo he ido aprendiendo con los años. Pero se trata de jugar sin perder el tiempo, ver con qué cuento para construir este edificio. Los bailarines también deben jugar, perder el miedo, no quedarse en el “no entiendo” o “esto es difícil”.
-¿Cuánto trae a cada ensayo que esté ya definido coreográficamente?
-Algunas secuencias las traigo ya preparadas, porque como decía Picasso la inspiración siempre tiene que agarrarte preparado. Y yo llevo años preparándome para Principio de éxtasis. Con Santaolalla y Owen comenzamos a trabajar hace seis o siete meses y en total fue un año con todo el equipo. Pero yo ya llevo muchísimo tiempo con Borges. Comencé a leerlo cuando tenía catorce años.
Borges y las alturas
Las inmensas escaleras mencionadas más arriba y todo el mundo que se expande en su fusión con la coreografía fueron pensadas por Montero a partir de maquetas. Con ellas, el coreógrafo se acerca a la relación de Borges con las alturas y las profundidades, con lo que ocurre arriba, que es lo mismo que lo que ocurre abajo. Con la desorientación, con los laberintos y los espejos.
-¿Se concentró más en lo que significó para el Borges de ficción la pérdida de Beatriz Viterbo? ¿O por el contrario, en el descubrimiento que él hace del Aleph?
-En las dos cosas. Era para mí importante que el personaje de Borges encontrara, en esta obra, un estado de gracia. Vive siempre atormentado por Beatriz, pero yo la hago regresar como energía, como el Aleph. Por supuesto, es una obra con infinitas lecturas.
Más escaleras. "Principio de éxtasis" también habla sobre Borges, las alturas y las profundidades. Foto: Carlos Villamayor
-Ricardo Darín dijo que cuando usted lo dirigió en la grabación, cambió todo para él.
-Lo dirigí como un jefe de orquesta: el tiempo, el ritmo, la velocidad, que su voz se acercara y alejara; que tratara el texto de Borges como música. Le daba indicaciones y él no se molestaba; al contrario, me lo agradecía. Por otra parte, durante estos momentos con su voz necesité que hubiera una total quietud en el escenario.
-¿Por qué?
-Sería pretencioso; son textos imposibles de coreografiar. Antes y después sí intento ilustrar, aunque jamás de una manera literal u obvia, porque en la danza también es algo imposible. Pero desde siempre tengo una relación con la palabra: mi primera obra fue sobre poemas de Joaquín Sabina dichos por él.
Concluye: “Fui un niño-viejo al que sólo le interesaba leer. Y no quería ser bailarín sino escritor, filósofo o psiquiatra. Quizás por eso la palabra y la danza están muy imbricadas en mí”.
Principio de éxtasis se estrena en el Teatro Colón (Libertad 621, CABA) el 10 de septiembre y habrá funciones hasta el 20, en distintos horarios.
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