El 1° de septiembre, Herman Cornejo -primera figura de la gran compañía neoyorquina American Ballet Theatre- encarnará a un personaje de la mitología guaraní en la obra Ánima, escrita y producida por él mismo con una coreografía contemporánea creada por la argentina Anabella Tuliano. La música fue compuesta especialmente por Uji y Noelia Scalzo.

Ánima tuvo un estreno neoyorquino en 2025 con el mismo grupo Cadabra, de Anabella Tuliano, que actuará ahora.

Una conversación con Herman Cornejo es siempre un momento agradable, interesante y sereno. Así fue hace pocos días en el café de un hotel porteño y los temas que surgieron fueron muy variados: sus ya casi treinta años como habitante de Nueva York, su vida familiar, su admiración por Vaslav Nijinsky -aquel mítico bailarín de comienzos del siglo XX-, la leyenda del Urutaú, su depresión en la pandemia, sus ambiciones con vistas al futuro.

A sus 14 años Herman, que se había formado en el Instituto de Arte del Teatro Colón, integraba el Ballet Argentino, la compañía privada que dirigía Julio Bocca; tenía ya un talento fuera de lo común. Dos años más tarde, con apenas 16 y por debajo de la edad mínima requerida, ganó la medalla de oro en el Concurso de Ballet de Moscú de 1997. Ocurrió doce años después de que Julio Bocca recibiera esa misma distinción, hecho que ya no volvió a repetirse para ningún otro bailarín argentino.

Y luego ingresó al American Ballet Theatre junto con su hermana Erica, maravillosa bailarina que actualmente se dedica a la enseñanza y al coaching.

Herman comenzó en el estadio de cuerpo de baile, fue solista en 2000 y primer bailarín en 2003. Hace un año sumó la tarea de coach de bailarines del ABT para roles que él ha interpretado: “Siento que lo que hice como bailarín a lo largo del tiempo tiene más sentido hoy por la posibilidad de dar, de compartir mis conocimientos, de aconsejar”.

Herman Cornejo está en Buenos Aires para el estreno de "Ánima", que se producirá el 1 de septiembre, en el Teatro Coliseo. Foto: Juano Tesone

Vida de familia

Herman tiene la ciudadanía estadounidense, vive ininterrumpidamente desde hace tres décadas en Nueva York y está casado con la periodista argentina María José Lavandera, hermana del conocido pianista Horacio Lavandera. Tienen un hijito de seis años y medio que según el papá “es más argentino que María y yo juntos. Totalmente porteño, por otra parte: me dice “papi, quiero ‘poyo’.”

-¿Habla bien en castellano?

-Hablamos con él sólo en castellano. En casa, la Argentina está muy presente y él absorbe todo. Este año, durante el Mundial, fue a un campamento de verano con su camiseta argentina; los otros pibes le gritaban “¡buuu, buuu!” pero no se acobardó y siguió llevándola hasta el último día.

Cuando tenía cuatro años, Nico pidió aprender ballet, pero después de pasar por dos escuelas, dejó. Y aunque baila mucho en casa, ahora le interesa más el fútbol.

-El hecho de ser padre, ¿te cambió en algo como artista?

-No en mi manera de bailar, en eso no. Pero sí en el trabajo del día a día. Como bailarín siempre hablás de “tu tiempo”, “tu espectáculo” y desde que él nació me cambió el punto de vista, incluso en la interpretación.

En acción, Herman Cornejo, durante los ensayos de "Ánima". El bailarín argentino sigue vigente a sus 45 años. Foto: Juano Tesone

-¿En qué sentido?

-En que tengo más en cuenta a los demás. En El lago de los cisnes aparezco como el príncipe Sigfrido y realmente “veo” a Beno (amigo y confidente del príncipe); antes sólo me veía a mí en mi propio personaje.

En su rol relativamente nuevo de padre de familia, Herman dice que su vida cambió en muchos aspectos: “A lo largo del tiempo que vivo en Nueva York estuve casi siempre en pareja. Pero en mis primeros veinte años comía afuera todos los días o pedía por teléfono. Estos últimos diez años, gracias a María, me alimento sanamente -ella cocina muy bien- y creo que esto me ayudó a prolongar mi carrera. También es cierto que en el ABT se presta mucha más atención a la recuperación de las lesiones de los bailarines y hay más cuidados en todo sentido”.

Nueva York no es necesariamente la ciudad en la que hubiera elegido vivir: fue sobre todo el anhelo de pertenecer al ABT el que lo llevó allí: “A los catorce años ni siquiera sabía que existía el Royal Ballet de Londres u otras grandes compañías. No me aferro a los lugares. Si mi profesión me lleva a otros sitios, me mudo tranquilamente. Y por otra parte, tengo una relación de amor-odio con Nueva York: es una ciudad que te enamora, pero no es fácil vivir aquí, en este ambiente de negocios -y de negocios rápidos- y de personas más bien distantes. Extraño esto de la Argentina: gente más humana y más sincera”.

El retiro y la ayuda de una estrella

Mirada. Herman Cornejo (atrás) presta atención a los bailarines que harán "Ánima" junto a él. Foto: Juano Tesone

“Sé que mi retiro como bailarín, ahora que tengo 45 años -dice- está a la vuelta de la esquina. No como artista, sino como parte de una compañía con horarios de nueve horas diarias. Pero en este sentido, desde hacía tiempo pensaba que los 40 eran más o menos mi límite y esta idea me deprimió mucho durante la pandemia. Pensaba: '¿Cómo vuelvo físicamente de todo esto para hacer un último espectáculo'?

-¿Cómo lograste salir?

-Me ayudó enormemente Twyla Tharp.

(En este punto hay que decir que Twyla Tharp es, desde hace décadas, una de las más grandes figuras de la danza estadounidenses y ha creado obras para el ABT, por fuera de su propia carrera independiente).

-¿Cómo te ayudó?

-Twyla es una persona maravillosa y una gran amiga. Cuando cumplí veinte años en el ABT creó para mí una obra, un regalo por ese aniversario. Durante la pandemia me llamaba frecuentemente por teléfono y hacíamos coreografías por zoom.

-¿Sigue hoy muy activa, no es cierto?

-Tiene 85 años y la misma energía y lucidez de siempre. Fue ella, por otra parte, la que impulsó mi carrera en el ABT. El director Kevin McKenzie me veía sobre todo como un bailarín técnico y para ciertos roles: papeles cortos y que necesitan mucha técnica como el Pájaro azul de La bella durmiente o Birbanto de El corsario. Yo tenía 19 años cuando Twyla vino a montar su obra Brahms al ABT, me tomó de la mano y dijo: “Este muchacho va a hacer el rol principal”. Continuó siendo así en otras obras suyas y Kevin también comenzó a verme como primer bailarín.

Herman Cornejo ya piensa en su futuro debajo del escenario. Se ve dirigiendo, ya sea en la Argentina o en el American Ballet Theatre. Foto: Juano Tesone

Ánima, lo que viene

“Esta obra es mi bebé”, dice sonriendo. “Es una especulación sobre cómo hubiera sido un ballet creado por Vaslav Nijinsky sobre una idea imaginada por el escritor Ricardo Güiraldes e inspirada en la leyenda del pájaro Urutaú”.

Hay que precisar que durante las dos breves estadías de Nijinsky en Buenos Aires en la segunda década del siglo XX, cuando vino como bailarín estrella de los Ballets Russes, habría surgido aquel proyecto de Güiraldes que además había pensado en Igor Stravinsky para la composición de la música.

El proyecto nunca se concretó, pero Herman dice hoy: “Para mí es lo que esta leyenda representa hoy y que identifico con lo que Nijinsky significó: su “viaje”, sus altibajos y el último salto que dio en El espectro de la rosa y que en Ánima cierra la obra, cuando el guerrero se transforma en el pájaro Urutaú. Pero quería ir un poco más lejos de la leyenda guaraní y pensar en nuestro planeta y en la naturaleza”.

-¿Por qué Ánima es tu bebé?

-Desde hace mucho tiempo siento una gran fascinación por Nijinsky, y una gran pena por todo lo que vivió (Nota de redacción:: este gran bailarín y coreógrafo de origen ucraniano y polaco tuvo una carrera deslumbrante, pero breve: a los 27 años cayó en un estado de locura del que nunca saldría). Empecé a escribirla durante la pandemia pensando que sería lo último que bailaría; en definitiva es como una ofrenda que hago a ese inmenso artista.

Herman Cornejo pudo desplegar en "Ánima" toda su admiración por Vaslav Nijinsly, un bailarín legendario. Foto: Juano Tesone

-¿Perspectivas hacia adelante?

-Me gustaría pasar al otro lado y dirigir una compañía de ballet: o en el ABT que conozco como la palma de mi mano, o en mi país o en donde sea. Sé que es un trabajo durísimo y que a lo mejor después de un tiempo me digo “por qué me metí en esto”. Pero me atrae y me interesa mucho.

Información

Ánima se estrena el 1° de septiembre, a las 20.30, en el Teatro Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125.