Daresbury, un pequeño pueblo de Cheshire ubicado a unos 20 minutos en auto del aeropuerto de Mánchester, se transforma durante cuatro días en la casa de miles de fanáticos de la música electrónica. Allí funciona la edición británica de Creamfields, el festival que nació en Inglaterra y que desde 2001 también tiene su versión argentina. Aunque la diferencia entre ambas experiencias aparece incluso antes de que empiece la música: en el Reino Unido, el público puede instalarse en el predio y pasar allí todo el fin de semana.

El viernes 28 -segundo día del festival y primero para muchos de los que recién llegan- esa particularidad se vuelve evidente desde las primeras horas de la tarde. El jueves, la lluvia complicó buena parte de la jornada, embarró el terreno y obligó a terminar la fiesta antes de lo previsto. Pero el sol volvió a aparecer, el suelo comenzó a secarse y Daresbury recuperó el movimiento.

Cerca de las cuatro de la tarde todavía había grupos terminando de armar sus carpas en el sector de camping. Parejas que acomodaban colchones inflables, amigos que descargaban bolsos y otros que organizaban mesas, sillas y provisiones para los días siguientes. Cada parcela se convertía en un pequeño hogar de fin de semana, con la particularidad de que la puerta de entrada daba directamente a uno de los festivales de música electrónica más importantes del mundo.

También llamaba la atención lo que ocurría cuando esos grupos se alejaban hacia los escenarios. Las carpas quedaban con sus pertenencias adentro, sin una preocupación permanente por controlar bolsos o esconder cada objeto. El ambiente se percibía seguro y, sobre todo, relajado. Cada uno parecía entender que el espacio del otro merece el mismo respeto que el propio.

La zona de camping popular de Creamfields UK, con el festival de fondo.

No todos eligen pasar el fin de semana de la misma manera. En Dreamfields, el sector premium del festival, el camping tiene otro nivel de comodidad: están las Bell Tents, que cuentan con electricidad y elementos básicos para dormir, y también hay cabañas con cama, baño privado y aire acondicionado.

La categoría más alta son los trailers para hasta cuatro personas, equipados con cocina, living comedor, televisión, calefacción y aire acondicionado. La experiencia cuesta unas 4.000 libras para cuatro personas y no incluye las entradas al festival, que se compran por separado.

La vida cotidiana también se puede resolver dentro del festival. Además de los clásicos food trucks, Creamfields tiene un supermercado propio. Allí se consiguen alimentos, productos de higiene y artículos de limpieza, como en cualquier comercio de una ciudad. Y contra lo que podría suponerse, los precios no son más altos por estar dentro del predio: algunos productos cuestan lo mismo o, incluso, menos que en el centro de Mánchester.

"Dreamfields", el área VIP de Creamfields UK, con carpas que tienen camas y conexión eléctrica.

En las heladeras también aparecen los famosos "Meal Deal" británicos. Por 6 libras se puede elegir una bebida de medio litro, un plato principal y un snack. Para quienes pasan cuatro días viviendo en Creamfields, el supermercado funciona como una extensión de la vida cotidiana: se compra lo que hace falta y se vuelve a la carpa.

Los reencuentros forman parte del paisaje del viernes. Amigos que llegan con sus valijas y se reconocen a la distancia, abrazos después de meses sin verse y grupos que vuelven a compartir un fin de semana que, para muchos, resulta difícil de organizar durante el resto del año.

Creamfields aparece así como una pausa en la rutina: cuatro días reservados para estar con personas con las que el ritmo de la vida cotidiana no siempre permite encontrarse.

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Las diferentes formas de vivir dentro de Creamfields UK.

El festival donde la mañana empieza con pilates

La idea de que Creamfields funciona como una ciudad no es solamente una forma de describirlo. El festival tiene incluso su propio Downtown -el centro de la ciudad, que en este caso es el centro del predio-. Y allí la actividad empieza mucho antes de que los escenarios principales se llenen de público.

Hasta las cuatro de la tarde, cuando comienza a concentrarse la programación musical, el Downtown ofrece diferentes actividades deportivas. En una enorme carpa se dictan clases de pilates durante la mañana y las primeras horas de la tarde. Se accede por orden de llegada y quienes quieren empezar el día moviendo el cuerpo pueden hacerlo antes de acercarse a los escenarios.

También hay canchas de pádel, donde se organizan partidos durante todo el fin de semana, y campeonatos de fútbol. En este último caso, la demanda fue tal que todos los horarios ya estaban agotados: los equipos estaban inscriptos y no quedaban lugares disponibles. A eso se suma un gimnasio con salas de musculación y los asistentes que directamente eligen salir a correr por el predio.

Los alumnos agotados al final de una de las clases de pilates que se dictaron en Creamfields UK 2026.

La postal resulta llamativa porque contradice una de las imágenes más instaladas sobre los festivales de música electrónica. En Creamfields, antes de bailar, también se entrena. El deporte no aparece como una propuesta secundaria, sino como parte de la experiencia que muchos visitantes buscan durante las horas en las que todavía no comenzaron los grandes shows.

Después de las cuatro de la tarde, el paisaje cambia. Las clases terminan, las canchas quedan atrás y los caminos comienzan a llenarse de personas que se dirigen hacia los escenarios. La ciudad entra en otro ritmo. Los DJs toman el control y las distintas zonas del predio se convierten en puntos de encuentro para quienes llegaron desde distintos lugares de Inglaterra y del mundo.

Pero incluso cuando la música ocupa el centro de la escena, la sensación de comunidad permanece. Se ven grupos que se cuidan entre sí, personas que respetan el espacio de los demás y una convivencia que tiene como eje el disfrute compartido.

El show de Fisher, uno de los artistas de Creamfields UK que también estará en la edición argentina.

El viernes, el gran destacado fue Fisher, uno de los DJs más convocantes de la jornada y también uno de los artistas que formarán parte de Creamfields Argentina en noviembre. Frente a su escenario, miles de personas bailaron juntas y el festival mostró su otra cara: la de una multitud que puede reunirse alrededor de la música después de haber pasado el día entero haciendo cosas completamente diferentes.

Desde afuera, Creamfields puede parecer una sucesión de escenarios, luces y DJs. Desde adentro, la experiencia tiene otra dimensión. Durante cuatro días, un campo de Daresbury se convierte en una ciudad que tiene alojamiento, supermercado, gimnasio, canchas, restaurantes y, por supuesto, música.

La música es el motivo por el que todos llegan. Pero una vez adentro, también se trata de otra cosa: de volver a encontrarse con amigos, compartir un fin de semana, respetar el espacio de los demás y formar parte, aunque sea durante unos días, de una comunidad que tiene sus propias reglas y su propio ritmo.