El hombre fue categórico: "Vamos a reemplazarlo". ¿Reemplazar a quién? A Gianni Infantino, presidente de la FIFA. ¿Y quién lo dice? Uno de los dirigentes clave en el poder del fútbol mundial, que habla con Clarín bajo la esperable condición del anonimato.
"Es suficiente, juega con nosotros todo el tiempo. Se acabó", insiste el hombre, curado de espanto tras enterarse de que el jefe de la FIFA pretendía, sin haberlo hablado con prácticamente nadie, privatizar parcialmente la Copa del Mundo y otros torneos.
El monstruo deportivo de tres cabezas de Estados Unidos, México y Canadá terminó siendo un monstruo de verdad. Encandiló a Infantino, que gracias a la Copa del Mundo trabó una relación cercana con el jefe de la Casa Blanca. Donald Trump, que hablaba cada vez más elogiosamente de "Gianni", era su amigo.
A Infantino le ha sucedido esto mismo en otras ocasiones. Alguien que lo ha tratado mucho comentó en su momento que el presidente de la FIFA, durante el proceso rumbo a la Copa del Mundo 2018, hablaba de que Vladimir Putin, ex agente de la KGB, era su amigo. "¡Putin no tiene amigos!", le advertían. Y alguien debió decirle que Trump tampoco es conocido precisamente por tener amistades.
Hace dos semanas, el New York Post, histórico destinatario de filtraciones del neoyorquino Trump, aseguró que el inquilino de la Casa Blanca quería impulsar a Infantino hacia la secretaría general de las Naciones Unidas, pasando por encima de varios candidatos, entre ellos el argentino Rafael Grossi. Sostener eso sí que sería una verdadera prueba de amistad.
Es curioso: María Corina Machado le regaló a Trump su Nobel de la Paz y hoy está marginada del eventual proceso de retorno a la democracia en Venezuela; Infantino se inventó un premio para Trump y hoy está contra las cuerdas.
"Es el momento Ícaro de Infantino", resumió el sitio The Athletic. Voló demasiado cerca del sol Trump, y el Congreso de los Estados Unidos se lo hizo notar, citándolo a declarar.
Infantino tiene hoy problemas concretos y urgentes. La poderosa UEFA, el ente rector del fútbol europeo, amenaza con llevar a juicio a la FIFA y le escribió a Joshua Kushner, el empresario estadounidense al que el suizo-italiano tenía previsto vender un 20 por ciento del Mundial. No se le ocurra destruir un sólo documento relacionado con este fallido acuerdo, le dijo la UEFA a Joshua, hermano de Jared, casado con Ivanka Trump, hija del presidente.
La Concacaf (Centro, Norteamérica y Caribe) y la AFC (Asia) también le retiraron su apoyo a Infantino. Entre las tres suman 136 miembros, suficientes para elegir un nuevo presidente en marzo y poner inesperadamente fin a la "era Infantino" once años y un mes después de haber tomado el control de la FIFA. Resta escuchar a las confederaciones de África y Oceanía. Y a la Conmebol. Y resta confirmar si marzo no es un plazo excesivamente lejano ante la revuelta contra el presidente.
A Infantino se le rebelaron, e incluso lo abandonaron, su secretario general, Mattias Grafström, su asesor jefe, Carlos Cordeiro, y su director de operaciones, Kevin Lamour. El descontento en la dirección de la FIFA es enorme, al igual que entre la mayoría de los 37 miembros del Consejo Ejecutivo. "Me enteré por la prensa", admitió el presidente de la Federación Alemana de Fútbol (DFB), Bernd Neuendorf. Y como él, la plana mayor del fútbol mundial.
El lunes después del triunfo de España sobre Argentina en la final, Infantino se refirió de forma llamativamente condescendiente a la prensa "cegada por el odio". No es precisamente a lo que se ha dedicado Martyn Ziegler, el británico que es jefe de fútbol de The Times de Londres. Mientras Infantino se burlaba, Ziegler estaba dándole los toques finales a la historia que lo cambió todo.
No es odio, es periodismo. Sirve para entender cómo fue que las pausas de hidratación, el entretiempo de media hora en la final y el VAR que cambia la esencia del fútbol pasaron ante la mirada de todos los dirigentes sin mayor reacción.
Dirigentes que vieron que el Mundial se convertía en una extravaganza para gente de mucho dinero, porque a cualquier ciudadano normal comprar una de las entradas y moverse por sus ciudades y estadios lo dejaba prácticamente hipotecado. Esos mismos dirigentes tienen ahora el futuro de Infantino en sus manos.
Donald Trump y Gianni Infantino en la final del Mundial. La interna política que jaquea los negocios de la FIFA. Foto Dylan Martinez / Reuters
¿Encumbrarán como presidente al canadiense Victor Montagliani, presidente de la Concacaf? Hay aún mucha historia por escribir y hay que seguir de cerca los movimientos del esloveno Aleksandr Ceferin, presidente de la UEFA y gran conocedor de Argentina, donde tiene muy buenos amigos entre la comunidad eslovena local. Ceferin nunca ocultó que Infantino se le hacía crecientemente insoportable. Ahora parece haber llegado su momento.
¿Y Claudio "Chiqui" Tapia? El presidente de la AFA es uno de esos 37 miembros del Consejo de la FIFA, donde se ha relacionado básicamente con Infantino y Alejandro Domínguez, el paraguayo que preside la Conmebol. Si el final de Infantino se concreta, su posición en la FIFA se debilita. Y debilidad no es exactamente lo que Tapia necesita en este momento.
Domínguez, cuya confederación básicamente se escondió en medio del escándalo por la privatización del Mundial, no habla. ¿Y Mauricio Macri, presidente de la Fundación FIFA? "Sin comentarios", dicen en su nombre, lo que ya es mucho decir.
El expresidente Macri pavimentó su camino hacia la FIFA convirtiendo en estrella invitada a Infantino durante la Cumbre del G20 en 2018 en Buenos Aires. "Les das una pelota y son como niños", dijo Infantino aquella vez a este cronista. Pero los chicos crecen y están cerca de convertirse en los dueños de la pelota.
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