"¿Y ahora qué?". La pregunta que se impone de las charlas entre grupos de amigos y amigas, familiares o cualquiera que haya visto las lágrimas de los jugadores de la Selección Argentina tras el subcampeonato en el Mundial 2026 no tiene respuesta. Pero lo que sí les propongo es cambiarla: "¿y si no es el final?". Lionel Messi viajó de Nueva York a Miami para reencontrarse con su esposa Antonela Roccuzzo y sus hijos Thiago, Mateo y Ciro, y de ahí volver a Rosario para refugiarse algunos días en su familia. A lo largo de su carrera de 20 años, la "Pulga" siempre se retroalimentó de los tropiezos. Siempre se aclaró que será él quien ponga el punto final y, mientras no lo haga público habrá esperanza. Motivos sobran. La pendiente Finalissima -y ahora posible revancha vs España-, sus últimos partidos en el país sean amistosos o de Eliminatorias y, un deseo mucho más lejano y utópico, la Copa América 2028.

"El dolor es muy grande y va a costar que cierre esta herida. Pero también me quedo con todo lo bueno...", escribió en sus primeras palabras después de la final del Mundial 2026, en forma de posteo de Instagram. Se había ido en silencio, al igual que el resto de los 25 jugadores, caminando por detrás del sector de la zona mixta del estadio MetLife. Solo se lo vio en las cámaras cuando, con una bolsa azul, caminó los 50 metros desde la carpa blanca hasta el bus ploteado con la bandera albiceleste.

"Con los partidos que dimos vuelta dejando todo y que quedarán para siempre en la memoria, con el apoyo de un país entero que junto con el trabajo y el esfuerzo de este grupo nos llevó a volver a estar, una vez más, entre los mejores del mundo. Hoy cuesta valorar lo que hicimos, pero este grupo llegó a dos finales consecutivas de la Copa del Mundo", valoró.

Hasta que se puso de frente a los miles de hinchas que no paraban de alentar en forma de reconocimiento a Messi no le había caído la ficha. Hubo algunas lágrimas mientras estaba sentado, solitario, sobre el césped del estadio Nueva York/Nueva Jersey. Pero el desconsuelo con el que se lo vio después de recibir la medalla de subcampeón del mundo por segunda vez en su carrera tras Brasil 2014 fue contagioso. No había manera de no llorar al ver llorar a Messi. Lo mismo pasó con Scaloni.

Y no, no fue una falta de respeto a los españoles. Fue una devolución de amor, de un equipo de amor, a los hinchas. Fue un gesto que se repitió durante cada uno de los ocho partidos que la Scaloneta disputó en Kansas City (2), Dallas (2), Atlanta (2), Miami y Nueva York. De hecho, toda la delegación se quedó en el campo hasta que se Rodri levantó el trofeo de manos del presidente de la FIFA, Gianni Infantino. De hecho, también la Selección española le dio la espalda a casi tres cuartos del estadio. Cuestiones de televisación. Nadie se acuerda de lo que hizo Francia en Lusail, ¿no?.

Messi, desconsolado, tras la caída en la final. Foto Juano Tesone

La genuidad de los dos líderes de esta Selección es uno de los rasgos que más los acercó a la gente. Que los transformó en íconos de nuestra identidad. De los que eligieron la camiseta celeste y blanca por encima de otras opciones. Sus reacciones fueron también símbolo de frustración. Del "Gringo" por haber quedado limitado en los cambios ante los problemas físicos; de Messi por no haber podido pelear futbolísticamente la final, más allá de esos intentos finales donde demostró por qué tuvo la Copa del Mundo más maravillosa de su carrera, a sus 39 años.

"Muchas gracias de corazón por cada saludo y por cada mensaje. Una vez más logramos unirnos como país y estar todos juntos, compartiendo el inmenso orgullo de ser argentinos", cerró su mensaje el capitán, que en la arenga previa a la final le pidió a sus compañeros "olvidarse de todo", a una referencia que -se especula- era a las palabras descalificadoras al rendimiento de la Scaloneta y los supuestos favoritismos de la FIFA en la previa.

El entrenador de la Selección siempre respetó las decisiones personales de Messi. Desde que lo llamó por teléfono en 2018 para avisarle que iba a aceptar el ofrecimiento de ser el DT hasta la final de este Mundial. "Hay veces que hasta es mejor que esté, aun con dificultad, por todo lo que genera”, dijo en la gira previa de amistosos. En esa frase y en su rendimiento en los últimos cinco minutos del segundo tiempo suplementario se explica por qué se mantuvo en cancha cuando el equipo estaba defendiendo casi como única arma para sostenerse en el resultado.

Foto Juano Tesone / enviado especial - CLARIN

Por eso será él quien diga "hasta acá". Y todavía no lo hizo. Es lógico pensar en lo que vendrá después, como alguna vez los más memoriosos recordarán que ocurrió con Diego Armando Maradona, quien tuvo un final mucho más abrupto en el Mundial 1994. Nadie puede asegurar que no vendrá alguien mejor, aunque parezca otra utopía del destino.

Scaloni puso como heredero designado a Nico Paz. Hay muchas esperanzas colocadas en el zurdo de 21 años, nacido en Tenerife, España, pero que eligió ponerse la camiseta albiceleste. Igual que Messi hace más de 20 años. Más allá de las comparaciones, apenas jugó un puñado de minutos en este Mundial con una titularidad contra Jordania. ¿Un detalle? El día de su debut en la Mayor, contra Bolivia por las Eliminatorias, le dio una asistencia a Messi.

Seguirá la próxima temporada en el Como de Italia, donde encontró un rendimiento superlativo que hasta le significó un negocio millonario al Real Madrid, el club que lo formó. Será su momento con la camiseta albiceleste, por más que tenga un rol y características diferentes a las de Messi. Scaloni siempre eligió ubicarlo en ese extremo derecho del ataque. El tándem con Thiago Almada del otro lado, más Julián Alvarez y Lautaro Martínez, invita a la ilusión.

Hay toda una generación de futbolistas que no sabe lo que es jugar sin Messi. Salvo por esa interrupción en 2018 (post Mundial de Rusia) de seis partidos sin ser convocado por su propia voluntad. Por eso, nada será igual.

Su contrato con el Inter Miami hasta 2028 da esperanza de tener un poco más. Y acá se impone un pedido. Lo que sea que falte, disfrutemos. Como pasó durante estos últimos 40 días. Como quiere toda la Argentina.