Hay arqueros que construyen su fama a partir de voladas imposibles. Otros, con una sucesión de atajadas que terminan en compilados de YouTube, en murales en las paredes o en tatuajes en la piel. Unai Simón pertenece a una especie distinta. No suele aparecer en las tapas por un movimiento espectacular ni por una doble salvada de esas que parecen desafiar la lógica. Su prestigio nació de otro lugar: de estar casi siempre donde debe estar, de anticipar antes que reaccionar y de convertir la sobriedad en una virtud y la regularidad en un sello. Por eso, en la final de este domingo, el arquero de España representa uno de los desafíos más complejos para la Scaloneta: solo recibió un gol y apenas le remataron diez veces en siete partidos. La secuencia de tiros en los siete partidos fue: 1, 1, 1, 0, 2, 2 y 3.
Simón no es un especialista en milagros, pero casi nunca necesita hacerlos. Su manera de jugar consiste, precisamente, en evitar que la jugada llegue a ese punto en el que sólo queda esperar una intervención extraordinaria. Los números del torneo son contundentes. Sólo Bélgica consiguió vulnerarlo, con un cabezazo de Charles De Ketelaere en el duelo de los cuartos de final. El resto fue una sucesión de actuaciones de enorme seguridad detrás de una defensa que concedió muy pocas oportunidades a los rivales.
Porque Unai no es un arquero que se limita a esperar debajo del travesaño. España juega con la defensa adelantada, presiona alto y ataca con muchos futbolistas. Eso lo obliga a transformarse en una suerte de líbero: suele ubicarse varios metros por delante de la línea de gol, sale del área para cortar pelotas profundas y participa constantemente en la circulación. En algunos partidos del Mundial acumuló más recuperaciones de posesión que varios mediocampistas.
No es casualidad. Luis de la Fuente construyó una selección que entiende la posesión como una forma de defender y que incorpora al arquero dentro de esa idea. Simón es el primer pase cuando los centrales quedan presionados y el último defensor cuando la presión colectiva no alcanza para recuperar la pelota. Su influencia no se mide únicamente por las atajadas, sino por la cantidad de jugadas que resuelve antes de que se conviertan en una situación de peligro.
Foto: EFE / Ángel Martínez / RFEF
Nació el 11 de junio de 1997 en Vitoria-Gasteiz y se formó íntegramente en el Athletic Club después de llegar desde el Aurrera de Vitoria. Debutó con el primer equipo en 2018. Nunca necesitó cambiar de camiseta para transformarse en uno de los arqueros más reconocidos del fútbol español.
Con el Athletic conquistó la Copa del Rey en 2024 y el Trofeo Zamora como el arquero menos vencido de la Liga. El premio confirmó su crecimiento.
Su recorrido con la Selección siguió una línea parecida. Fue campeón europeo Sub-21, obtuvo la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio, ganó la Liga de Naciones y fue campeón de la Eurocopa 2024. Llegó al Mundial 2026 convertido en el dueño del arco español a pesar de la competencia de David Raya, otro arquero de máximo nivel internacional que brilla en el Arsenal de Inglaterra.
Paradójicamente, una de las imágenes que mejor lo explica no corresponde a una gran atajada. En la Eurocopa disputada en 2021 cometió uno de los errores más recordados de los últimos años: un pase hacia atrás de Pedri se le escapó debajo del pie y terminó dentro del arco frente a Croacia. No se condicionó, sino lo contrario. España ganó 5-3 y Simón respondió luego con actuaciones decisivas, especialmente en la definición por penales contra Suiza.
Foto: REUTERS/Marco Bello
Este Mundial es casi perfecto. Pero su trabajo se destaca en otro apartado. Frente a Uruguay acumuló trece recuperaciones de posesión; contra Portugal, once; ante Francia, nueve. Esos registros describen a un arquero que abandona el área para cortar envíos largos. Quizás sea un espacio que Argentina pueda explorar y aprovechar. Si la Albiceleste consigue superar la presión posterior a la pérdida, puede encontrar lugar a la espalda de los centrales y obligarlo a decidir entre salir o retroceder. Su principal fortaleza no es un recurso técnico aislado. Es la lectura del juego.
Su mejor actuación probablemente haya sido la semifinal contra Francia, no sólo por las tres atajadas que tuvo, sino por el contexto. El rival tuvo más la pelota, atacó con Mbappé, Dembélé, Barcola y Olise y obligó a España a defender durante más tiempo del habitual.
También es importante con los pies. España lo utiliza permanentemente para construir desde abajo. Cuando Cubarsí o Laporte quedan bloqueados, la pelota vuelve hacia el arquero. Esa devolución obliga al delantero rival a decidir si lo presiona o si protege el pase hacia Rodri.
Otra chance para la Argentina tiene que ver con la continuidad de las jugadas. España concede pocos remates. Por eso será importante que la Scaloneta termine los ataques. Un tiro bloqueado, un rebote o una segunda pelota pueden generar algo.
¿Otro dato? Lionel Messi ya sabe lo que es convertirle goles a Simón. Le hizo cinco (más dos asistencias). Todos fueron en el Barcelona. Dos de esos partidos fueron finales, que también se las repartieron. La primera quedó en manos de Simón, en un 3-2 espectacular del Athletic Bilbao en la final de la Supercopa de España 2020/21 cuando Messi sufrió una de las pocas expulsiones de su carrera. La otra fue la de la Copa del Rey de la misma temporada: ganó el conjunto catalán 4-0 con doblete de la "Pulga".
La de este domingo será la tercera entre ambos y allí aparecerá Unai Simón, el arquero que aprendió a convivir con el error, que casi nunca se desordena y que llega a la final del Mundial convertido en el guardián de una España casi invencible.
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