Desde la irrupción del VAR, el fútbol cambió para siempre. Goles no gritados, revisiones interminables y offsides milimétricos comenzaron a ser moneda corriente a partir de su implementación en Rusia 2018. Hay un dato que sintetiza la influencia del video arbitraje mejor que cualquier argumento: entre los Mundiales de 1990 y 2014 se cobraron en promedio 14 penales por torneo; en 2018 y 2022, el guarismo trepó a 25.

La tecnología vino a hacer justicia, dicen algunos. Pero si trazamos una retrospectiva, hay una larga lista de goles que marcaron la historia y el destino de las Copas del Mundo que hoy no existirían. Y con ellos, tampoco existirían algunos de los momentos más bellos que el fútbol nos regaló.

Los goles de Diego

La jugada más emblemática es, inevitablemente, la Mano de Dios, durante el inolvidable Argentina-Inglaterra del Mundial de 1986. No hay mucho más que agregar a lo que ya es un mito: el 10 argentino anticipó al arquero inglés Peter Shilton y, en lugar de cabecear, empujó la pelota hacia el arco con su mano izquierda.

El réferi tunecino Ali Bin Nasser no la vio y convalidó el gol. Diego Armando Maradona, con la picardía del potrero en sus venas, celebró sin pestañear. En el fútbol actual, dicha acción sería anulada en cuestión de segundos. Y con ella, también una de las grandes revanchas simbólicas de la historia argentina: una gambeta a las reglas que el fútbol aséptico y milimétrico de hoy difícilmente podría producir.

Pero si nos ponemos tan finos como el VAR en sus peores noches, el segundo gol de Maradona en aquel partido tampoco debería haberse convalidado. El mejor gol de todos los tiempos nació de una infracción clara de Sergio Batista sobre Glenn Hoddle en mitad de cancha. Ali Bin Nasser no cobró, la pelota llegó a Héctor Enrique, que se la sirvió a Diego. Lo que vino después es historia pura: seis ingleses en el camino, Shilton humillado y un gol que todavía se sigue gritando. El VAR probablemente nos hubiera robado eso también.

El gol fantasma de Inglaterra en 1966

El gol fantasma de Geoff Hurst durante la final de 1966

Los ingleses también tienen algunas a favor. El Mundial de 1966, que ellos mismos organizaron, quedó marcado por el gol fantasma que los británicos convirtieron en la final contra Alemania. En pleno tiempo suplementario, la pelota le quedó al delantero Geoff Hurst, que no dudó en pegarle al arco. El balón pegó en el travesaño, picó sobre la línea de meta sin traspasarla y salió. A pesar de ello, el árbitro suizo Gottfried Dienst lo convalidó tras consultar con su juez de línea. Fue un gol clave para la obtención de la primera, y única, Copa del Mundo inglesa.

Los teutones tuvieron su revancha 44 años después en una jugada muy similar que ocurrió en los octavos de final del Mundial de Sudáfrica. Aquella noche en Bloemfontein, el mediocampista Frank Lampard vio adelantado al arquero Manuel Neuer e intentó sorprenderlo de emboquillada. La pelota superó al guardameta, pegó en el travesaño y picó notoriamente dentro del arco. Ni el árbitro ni el juez de línea lo cobraron. Un gol que quizás hubiera revertido la eliminación de los Tres Leones. Y una jugada que creó un antes y un después: tras ese incidente, la FIFA decidió avanzar con la tecnología en el fútbol, hasta entonces considerada tabú, implementando el Goal Line Technology.

El gol no cobrado del inglés Lampard ante Alemania, en el Mundial de Sudáfrica.

Sudáfrica 2010 e Italia 90: las dos caras de la moneda Albiceleste

Tevez claramente en offside para convertir el 1 a 0 de Argentina contra México.

En la misma instancia de aquel Alemania-Inglaterra de 2010, también tuvo lugar una acción en la que el VAR hoy hubiera intervenido. El equipo dirigido por Diego Armando Maradona empataba 0-0 contra México cuando un rebote le quedó a Lionel Messi, que asistió a un Carlos Tevez que se encontraba más de un metro en offside. Todavía es un misterio por qué el árbitro italiano Roberto Rosetti y el juez de línea Stefano Ayroldi no cobraron nada y le permitieron a la Albiceleste abrir el marcador en el Soccer City de Johannesburgo.

Pero Argentina también sufrió fallos que le costaron caro. El más recordado fue en la final de Italia 90, cuando a seis minutos de la culminación del encuentro contra Alemania en Roma, Rudi Völler se escabulló en el área apareado con Roberto Sensini, trastabilló y cayó. El árbitro mexicano Edgardo Codesal no dudó: señaló penal. Andreas Brehme no perdonó, rompió el empate y Alemania se consagró campeona. El agravante: siete minutos antes, Codesal había ignorado un claro penal de Lothar Matthäus sobre Gabriel Calderón. Dos decisiones. Una final perdida.

El árbitro Codesal amonestando a Diego Maradona durante la final de 1990.

El arte de la simulación

Si de penales polémicos hablamos, no puede omitirse la zambullida de Arjen Robben en el enfrentamiento entre México y Países Bajos en los octavos de final de 2014. Ambas selecciones empataban en Fortaleza cuando, en el minuto 92, el extremo neerlandés se metió con pelota dominada en el área azteca. Rafa Márquez estiró la pierna y Robben simuló el contacto. El árbitro Pedro Proença compró la simulación, pitó penal y Huntelaar sentenció la eliminación de México.

El "piletazo" de Arjen Robben Foto: AP Photo/Wong Maye-E

La Italia campeona de 2006 también se benefició de un penal polémico en octavos de final. La azzurra no podía quebrar el cero contra Australia hasta que en el minuto 95 el lateral Fabio Grosso se internó en el área oceánica y cayó tras una jugada dividida con Lucas Neill. El árbitro español Luis Medina Cantalejo consideró la acción como infracción y Francesco Totti aprovechó desde el punto penal para darle a Italia la agónica clasificación a cuartos. Un gol sobre la hora que cambió el destino del torneo.

Grosso simula una falta de Lucas Neill y el árbitro Medina Cantalejo cobra penal.

Entre favores y localismos: cuando los fallos favorecen al anfitrión

Una de las situaciones más controvertidas de la historia mundialista también tuvo a Italia como protagonista, aunque en un contexto muy distinto. Fue en el Mundial de 1934, que los italianos organizaron bajo la sombra del fascismo de Benito Mussolini. En las semifinales contra Austria, entonces el mejor equipo del mundo, existieron fuertes rumores sobre la influencia directa del dictador en el arbitraje del sueco Ivan Eklind. La jugada en cuestión fue el único gol del partido, marcado por el entrerriano Enrique Guaita, en una acción donde el arquero austríaco Peter Platzer recibió una clara infracción que el árbitro ignoró. Mussolini quería ganar el Mundial. Y lo ganó.

Meazza comete una clara infracción sobre el arquero austríaco antes del gol italiano.

En Italia 1990, la azzurra también se benefició de una jugada puntual en el partido por el tercer puesto contra Inglaterra. El arquero inglés Peter Shilton se confió con la pelota en los pies dentro de su área. Roberto Baggio lo presionó de forma lícita, le robó el balón y se lo pasó a Salvatore Schillaci, que devolvió de inmediato al “Divino”. En ese instante, Baggio se encontraba claramente adelantado, por detrás de toda la defensa inglesa y del propio arquero. Con el arco vacío, definió para poner en ventaja a Italia. Con el offside semiautomático de hoy, la jugada hubiera sido anulada en cuestión de segundos.

La "Mano de Dios" versión brasileña

Luis Fabiano cometió una doble mano para convertirle a Costa de Marfil. Foto: Marcelo Carroll / Clarín

Para cerrar la lista, era imposible no mencionar a una selección histórica como Brasil. La jugada tuvo lugar en el Soccer City de Johannesburgo durante la fase de grupos del Mundial 2010, donde Luis Fabiano armó un golazo a puro sombrero contra Costa de Marfil. El detalle: el atacante utilizó en dos ocasiones su brazo derecho para acomodarse el balón, situación que el árbitro francés Stéphane Lannoy ignoró por completo. Luego del partido, el propio Luis Fabiano no tuvo pudor en llamarla "la sagrada mano de Dios". Menos épica que la original, sin dudas.

¿Un juego más justo o un juego más aburrido?

Diez jugadas. Diez momentos que el VAR hubiera borrado del mapa. Y con ellos, una parte considerable de la mitología del fútbol moderno. El VAR llegó para hacer justicia. Y en buena medida lo logró: los penales inexistentes, los goles en offside y las manos impunes son cada vez más difíciles de sostener bajo el escrutinio de las cámaras. Pero esta lista, incompleta por definición, invita a una preguntarnos: ¿cuántas de estas jugadas, de haber sido anuladas, nos habrían privado de momentos que hoy son parte del alma del fútbol? La tecnología perfecciona el juego. Lo que no está tan claro es si también lo enriquece.