La leyenda, siempre condimentada por ese cuentista extraordinario que también fue Diego Armando Maradona, cuenta que el Diez le regaló un piropo inolvidable a Ricardo Bochini, su ídolo de la infancia, durante el Mundial de México 1986. "Pase, maestro, lo estábamos esperando", le dijo Diego al Bocha cuando ingresó por Jorge Burruchaga en la semifinal contra Bélgica, disputada en el estadio Azteca.

Pasaron más de 40 años de aquella escena y desde Kansas City se puede trazar un paralelismo. Los maestros que hoy espera con ansias la Scaloneta son Emiliano Martínez y Rodrigo De Paul, dos intérpretes indispensables para Lionel Scaloni que todavía no pudieron encontrarse con sus mejores versiones. Ni tampoco con esas personalidades tan particulares que los distinguen. ¿Asomarán frente a Suiza?

Están un poco apagados el Dibu y el Motorcito. Tal vez se estuvieron guardando para los partidos de máxima exigencia. Pero en este Mundial todavía no apareció el rostro rebosante de confianza -y con un toque de petulancia- de Martínez, ni las eternas peleas con los rivales que caracterizan a De Paul. Es posible que ambos todavía no hayan alcanzado su mejor nivel de confianza por distintos motivos. El arquero marplatense de 33 años llegó a la Copa del Mundo con una fractura en el dedo anular de la mano derecha, mientras que el nacido en Sarandí arribó con algunas dudas sobre su nivel tras competir en una liga menor como la MLS. De todos modos, la confianza de Scaloni en ellos sigue siendo absoluta: Dibu es el único futbolista del plantel que disputó todos los minutos (480) y Rodrigo fue titular en cuatro de los cinco encuentros del torneo.

"Siento que no pude ayudar a nadie. Esa sensación de irme a casa sin poder ayudar nunca la tuve en la Selección. Igual, pienso que va a llegar mi momento", avisó Dibu tras el agónico triunfo ante Egipto.

Foto Juano Tesone / Enviado especial - CLARIN

No hay manera de no confiar en Martínez, claro está. Es verdad que todavía no regaló una de esas atajadas destinadas a quedar en la historia. Pero su nivel tampoco fue bajo: tuvo muy buenas intervenciones frente a Austria y Cabo Verde. Además, es uno de los grandes emblemas de la Scaloneta. Con 64 partidos, es el segundo arquero con más presencias en la historia de la Selección, solo por detrás de Sergio Romero, que suma 96. Se conoce, por otra parte, que Martínez fue decisivo en las cuatro conquistas de la Argentina: los penales atajados ante Colombia en las semifinales de la Copa América 2021, la actuación memorable frente a Países Bajos en los cuartos de final del Mundial de Qatar, el papel protagónico en la inolvidable final con Francia y también la definición por penales contra Ecuador en la Copa América 2024.

La sensación es que el Dibu necesita volver a creérsela, recuperar esa imagen de arquero invencible y ese carácter desafiante que lo llevó a decir "mirá que te como, hermano" durante una definición por penales contra Colombia. Y una pregunta inevitable: ¿dónde quedaron los bailes del arquero durante las entradas en calor?

Foto Juano Tesone / enviado especial - CLARIN

Algo parecido le ocurre a Rodrigo De Paul: ya no parece ese futbolista insoportable que se pelea con todo el mundo. Sorprende esa pasividad del Motorcito porque él mismo confesó más de una vez que era su combustible. "Me pasa mucho que busco un enemigo, o un rival, para que no suene tan mal. Intento tener una disputa para mantenerme alerta. Y ya no pasa por 'queremos ganar', sino por 'yo te quiero ganar a vos'; lo hago personal. A veces sucede que se da una discusión y a veces queda todo ahí", explicó Rodrigo. Y agregó: "Siempre lo hago con mucho respeto, para que quede adentro de la cancha. Pero la parte mental o psicológica también es importante en el fútbol; a veces, hasta más que las piernas. Entonces, hay jugadores que juegan muy bien a la pelota y, bueno, por ahí hay que atacarlos por otro lado. Mientras esté todo dentro de las reglas, vale".

De Paul comenzó muy bien el torneo frente a Argelia: un pase filtrado suyo para Lionel Messi abrió el partido. En el debut recibió un 8 en la calificación de Clarín. Después, sin embargo, no pasó del 5 frente a Austria, Cabo Verde y Egipto -fue reemplazado en los tres encuentros- y descansó contra Jordania.

La buena noticia es que la Scaloneta ya demostró que puede avanzar incluso sin las mejores versiones de 2 de sus futbolistas más determinantes. El equipo siempre encuentra respuestas colectivas y sostiene su identidad. Por eso se metió entre los ocho mejores del Mundial. Pero los campeonatos suelen definirse por los detalles y por las apariciones de los que hacen la diferencia. Contra Suiza, en un nuevo partido sin margen de error, Scaloni -y Argentina- espera que el Dibu vuelva a sentirse invencible y que De Paul recupere ese fuego que lo convierte en el motor del equipo. Como aquella vez Maradona esperó a Bochini, la Selección también aguarda a sus maestros.