¿Qué es la felicidad? Es un grito de gol sobre la hora, es un campeonato que parecía que se escapaba y que se embolsó en el último minuto. Son las lágrimas que ruedan por las mejillas, son las gargantas ardientes que festejan ese pelotazo de Enner Valencia que se metió contra el palo y quebró el hechizo. El de la sequía de título en el barrio de La Boca, los cuatro años de frustraciones que parecían sumar un nuevo capítulo. ¿Qué es el estado de ánimo? ¿Qué es la fe? ¿Qué es la esperanza? Cómo se explican las emociones de un pueblo que tenía atragantada toda su historia de gloria y que de un instante a otro pasó de la desazón, a la euforia; de la tristeza a la locura del amor. Boca es campeón de Liga, de la mano del Vasco Arruabarrena. Y se bordará una nueva estrella en el escudo.

No podía ser mejor el desenlace del título de Boca. Porque ya no había partido, porque ya se habían consumido cinco de los seis minutos que el árbitro Sebastián Zunino le había añadido al tiempo reglamentario y en la Bombonera se apretaban los dientes y se mascullaba bronca porque el campeonato estaba a la alcance de la mano, pero se le escurría de entre los dedos como arena seca en un reloj que se consume. Pero en la última jugada del partido, uno de los mil centros que cayeron en el área de Defensa y Justicia quedó vivo en el área tras el error del arquero Matías Borgogno, que no había tenido fisuras hasta el instante final. Y allí apareció Enner Valencia.

El ecuatoriano se llenó el empeine y la mandó a guardar. Y la Bombonera explotó en un grito. Fue ver un pedazo de historia escribiéndose en tiempo real. Porque el agónico gol de Valencia quedará para siempre grabado en las paredes del mítico estadio. Fue 1-0, alcanzó con eso. Hacía falta ese gol porque en el Gigante de Arroyito, Rosario Central ganaba y se llevaba el título. Pero este fue otro guiño que el destino le hizo a Boca en un año que parece ser el que le devuelva la gloria.

El partido para Boca fue una montaña rusa de emociones. Porque del optimismo del inicio se pasó a la incertidumbre del cierre del primer tiempo. Porque Defensa y Justicia se plantó, corrió y presionó. Y le cerró los caminos. En la primera mitad el Halcón casi se pone en ventaja por un cabezazo en el travesaño de David Martínez que puso en silencio los corazones. Pero nunca bajó los brazos el equipo del Vasco Arruabarrena.

El inicio del complemento renovó la energía. Y parecía que el gol estaba al caer. Pero no llegaba. Siempre había un rival para bloquear el tiro, una mala decisión en el último pase o una definición poco nítida que se desperdiciaba, se iba por la línea de fondo o quedaba mansa en las manos de Borgogno.

El Vasco movió el banco. Mandó a la cancha a los pibes Leonel Flores y Tomás Aranda, que volvió tras recuperarse de la fractura del peroné del pie derecho. Revitalizaron el ataque de Boca, pero otra vez la defensa visitante parecía un muro infranqueable. No perdió la paciencia el local y tampoco la gente. Jugó su partido el público, que más allá del nerviosismo no desesperó y confió hasta el último aliento. Aranda abrió a la defensa rival y por el medio fueron Merentiel y Enner Valencia, que saltó a la cancha porque Leandro Paredes, agotado, decidió salir.

Hasta eso le salió al Vasco Arruabarrena. Porque cuando pasaban los minutos y el gol no llegaba, en la platea ya se le cuestionaba la salida de Sebastián Villa, de buen partido. Pero el resultado final le dio la razón en todo al DT. Valencia a veces parece que se tropieza con sus propias piernas cuando corre. Pero en el área es letal. Y como aquella definición ante Racing por la Copa Argentina, volvió a ser el héroe.

Boca es un justo campeón de la temporada. Logró 30 puntos en el primer semestre de la mano de Claudio Úbeda y otros 33 con Arruabarrena en el segundo, cuando consolidó su estilo de juego, potenció a los juveniles y logró un funcionamiento de gran nivel. Es cierto, habrá que repensar el formato del torneo argentino porque Boca no jugó contra los otros 29 equipos de la Primera División de Argentina, los hizo contra los de su zona y ante River en los dos clásicos (ganó ambos, en las dos canchas), y frente a Racing, por el interzonal. Pero no jugó con Argentinos Juniors, ni con Gimnasia La Plata -por ejemplo-, animadores en la Zona B. Poco les importa a los hinchas, a Paredes, al Vasco y a Juan Román Riquelme. Boca es el campeón y hay carnaval.