Los mejores contra los mejores. Esa es una premisa que a menudo se propone para el boxeo, aunque no muy frecuentemente se aplica. Este sábado a la medianoche (transmitirá TyC Sports), dos de los exponentes más destacados del ámbito doméstico en la división ligero se enfrentarán en el Casino de Buenos Aires para consagrar al campeón nacional de las 135 libras: el mendocino Alfredo Soto y el bonaerense Nahuel Espíndola pujarán por un título que está vacante.

El zurdo Soto, nacido en Medrano (Mendoza) hace 29 años, tiene un récord de 19 victorias (13 antes del límite) y una derrota, ocupa el segundo puesto en el escalafón nacional y además es el campeón sudamericano de la división: obtuvo la corona el 13 de diciembre pasado, cuando noqueó en apenas 20 segundos al colombiano Carlos Rayo, y desde entonces lo defendió dos veces, frente al chileno Alexander Domínguez y el porteño Denis Fierro.

El pupilo de Pablo Chacón tiene más experiencia que su adversario y ya ha salido airoso de pruebas ante rivales exigentes. En mayo de 2025 noqueó en la Ciudad de Panamá al local José Núñez y obtuvo el título Fedelatin ligero de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). Dos días después de aquel triunfo, la Comisión de Boxeo Profesional de Panamá anunció que un control antidoping realizado al argentino había dado positivo y que por ello el pleito había sido declarado nulo, pero el equipo de Soto alegó que el test se había realizado bajo condiciones de extrema irregularidad y apeló la decisión, y la AMB atendió el reclamo y mantuvo el reconocimiento al campeón.

Ahora el mendocino tendrá otro desafío de riesgo para el que cree tener la receta del triunfo. “Confío mucho en mi pegada y en mi estilo. Sé que puedo pescarlo de contra porque él es un boxeador que siempre va al frente. Él tira mucho, pero a veces larga mal los golpes y queda expuesto. Voy a tratar de contragolpearlo y trabajarlo al cuerpo para desgastarlo”, explicó Coki en la antesala del duelo.

Alfredo Soto es el campeón sudamericano de la división ligero. Foto: Boxeo de Primera.

Espíndola, de 25 años, debutó como púgil rentado hace apenas dos años y medio (superó por puntos a Rodrigo Vildoza). Desde entonces ganó sus 14 combates y en ocho de ellos no llegó a completar la ruta pactada. Es un boxeador sumamente intenso, de presión y que lanza una cantidad de golpes inusual para el ámbito doméstico. No sorprende que lo apoden El Ablandador.

“Tengo un estilo avasallador y confío en eso. Él dice que confía en su pegada, pero hay que ver si puede conectar sus manos. Es un rival fuerte, duro, pero estoy preparado para eso. He tenido pruebas de fuego y supe superarlas”, remarcó el peleador de Guernica, quien además trabaja como carnicero.

Nahuel Espíndola tiene un récord perfecto de 14 victorias desde su debut profesional en abril de 2024. Foto: Boxeo de Primera.

Espíndola es el campeón Fedelatin de la Asociación Mundial de Boxeo (lo que le permite ocupar el 14° puesto en el ranking ecuménico de ese organismo), es el número uno en el escalafón nacional y el sábado intentará recuperar un título que pasó efímeramente por sus manos: lo ganó el pasado 28 de febrero al noquear en sexto asalto a Claudio Daneff, en un combate en el que visitó la lona en el primer episodio, pero perdió la corona en agosto por no haber cumplido con las exigencias normativas.

El artículo 45 del Reglamento Argentino de Boxeo establece que cualquier campeón o campeona nacional tiene la obligación de defender su cinturón “con un máximo de seis meses entre cada combate titular, ya sea en forma opcional u obligatoria” y remarca que en caso de no cumplir esa condición, la corona se declara vacante. Si bien Espíndola protagonizó dos combates desde que se apoderó del título (frente a César Paredes y Diego Borda), en ninguno puso en juego el cetro.

Alfredo Soto (izquierda) y Nahuel Espíndola (derecha) se enfrentarán el sábado por el título argentino ligero. Foto: Boxeo de Primera.

Esta es una situación bastante frecuente en el pugilismo doméstico. De hecho, ocho de los 17 títulos argentinos masculinos se encuentran vacantes. Entre las mujeres, el porcentaje es incluso mayor, ya que solo una de las 12 categorías que cuentan con boxeadoras clasificadas en el escalafón nacional tiene una campeona: la juninense Anahí López es la monarca supermosca.

Soto y Espíndola son peleadores que trabajan con estructuras promocionales distintas (Tello Box y River Boxing Team, respectivamente) y que podrían edificar caminos paralelos sin necesidad de tomar el riesgo de cruzarse. ¿Por qué lo hacen? “Me interesa medirme con Nahuel porque es un gran boxeador, que está muy bien rankeado. Es lo que necesito para tener otra chance internacional. Quiero probarme con los mejores y medir dónde estoy parado”, razonó el mendocino. “Después de mi última pelea dije que quería pelear contra los mejores y él es uno de ellos. No le tengo miedo a nadie en Argentina”, aseguró el bonaerense. El sábado en el ring del Casino de Buenos Aires, uno de los dos se quedará con la faja que distingue al mejor ligero del país.