Diez años pasaron ya desde que salió a la luz el capítulo más oscuro de la historia de la gimnasia estadounidense y casi ocho desde que Larry Nassar, ex médico del equipo olímpico de Estados Unidos que abusó sexualmente durante casi dos décadas de niñas y adolescentes, la mayoría de ellas gimnastas y varias medallistas olímpicas como Simone Biles y Aly Raisman, fue condenado a entre 40 y 175 años de prisión, tras declararse culpable en diez de las 140 denuncias en su contra por delitos de esa índole. Y, según Rosemarie Aquilina, la jueza que dictó esa sentencia en enero de 2018 tras escuchar más de 160 testimonios de víctimas y sus familiares, aún no se produjeron los cambios significativos necesarios para evitar que este deporte vuelva a sufrir una pesadilla como aquella, que sacudió las bases de una de sus grandes potencias.
"Ha habido muy pocos cambios significativos", aseguró Aquilina durante su participación en un evento de Gimnastas por el Cambio Internacional (G4CI), organización de derechos humanos dirigida por supervivientes, que se realizó esta semana en Rotterdam, en simultáneo con el Campeonato Mundial de Gimnasia Artística.
"Lo que han hecho en todo el mundo es una fachada para decir 'Miren lo bien que lo hemos hecho', y siguen sin rendir cuentas por las cosas que no están haciendo. Yo no quiero pequeños cambios de los que mucha gente se atribuya el mérito; quiero un cambio significativo, muchos cambios significativos, y simplemente aún no hemos llegado a ese punto, ni en el deporte, ni en la vida, ni en la sala del tribunal, ni en las aulas, ni en la legislatura. Y tengo que preguntar, ¿por qué? La respuesta es siempre la misma: se antepone el dinero, las medallas y la notoriedad a la seguridad de los niños", reflexionó la jueza.
Y concluyó: "La seguridad es un derecho humano y, sin embargo, estas deportistas siguen sintiendo que carecen de ella porque el deporte que aman desaparecerá si se quejan de algo, por lo que no hemos avanzado lo suficiente en absoluto. Y no creo que vayamos a ver un cambio en lo que me queda de vida. Llevará décadas".
Biles, Maroney, Raisman y Nichols en una de las audiencias del juicio de 2021. Foto Saul Loeb/Pool via AP
Aquilina -que durante el juicio desoyó un pedido de Nassar de ausentarse de la sala y lo obligó a enfrentar los crudos testimonios de las mujeres que había abusado- fue una de las disertantes de la reunión de G4CI que tenía como objetivo evaluar los avances logrados en materia de bienestar de las deportistas en los últimos diez años. Y la mayoría de las voces que se escucharon fueron muy críticas.
Claire Heafford, una ex gimnasta superviviente de abusos y directora ejecutiva de esa organización, señaló: "Seguimos en una situación en la que no se escucha a los supervivientes y en la que la magnitud de la reforma no ha estado a la altura de la magnitud de las revelaciones".
La falta de voluntad para abordar un cambio sistémico responde, según Heafford, al "miedo" instalado en el seno del mundo de este deporte, a una mentalidad cerrada y a falta de perspectiva y creatividad.
"Es increíblemente difícil para cualquiera impulsar un cambio dentro del sistema si hay resistencia por parte de sus superiores. Es increíblemente difícil que las personas que forman parte del sistema se sientan capacitadas para ser agentes del cambio cuando se encuentran en jerarquías tan rígidas", comentó.
Shore y Heafford, ex gimnastas, supervivientes de abusos y miembros de G4CI. Foto @gymnasts_for_change
Minky Worden, de Human Rights Watch, reconoció que se produjeron avances cuantificables para dar voz a las deportistas y proporcionarles vías para denunciar los abusos. Pero que muchas veces las nuevas reglas se aplican de manera equivocada y todavía hay demasiado por mejorar.
"Cuando las primeras denunciantes dieron un paso al frente en todo el mundo, sufrieron represalias. Ahora creo que existen sistemas de denuncia mejores, aunque no perfectos... Hay medidas de protección para las denunciantes y se aplica un enfoque más sensible al trauma, pero aún queda mucho trabajo por hacer", afirmó.
Y señaló que "el deporte, la gimnasia incluida, sigue conservando el carácter excepcional que en su día tuvieron la Iglesia católica y los colegios católicos. Hubo un tiempo en el que resultaba realmente difícil deshacerse de un sacerdote o un profesor abusador, ya que se les trasladaba a diferentes jurisdicciones y seguían cometiendo abusos. Por eso la magnitud y la duración de aquellas catástrofes de abusos fueron tan grandes. El deporte sigue teniendo el mismo problema".
"Lo que seguimos oyendo constantemente es que en este deporte prevalece un estilo de entrenamiento muy controlador y dominante. Lo que significa que las gimnastas no tienen voz propia. Sigue habiendo gritos, trabajo a pesar de las lesiones, críticas al aspecto físico y una obsesión por la delgadez", aseguró Kim Shore, de Gymnasts for Change Canada, poniendo el foco también en el maltrato físico y psicológico que durante muchos años formó parte de la cultura de entrenamientos tóxicos de la gimnasia.
Biles, la mejor gimnasta y una de las mejores deportistas de todos los tiempos, fue una de las víctimas de Nassar y contó su tormento en un juicio en 2021. Foto Graeme Jennings/Pool via AP
"Existe una crisis de abusos en todo el ámbito deportivo en Canadá y, sin embargo, no hemos visto prácticamente ninguna reforma; y diría que esa misma falta de acción, esa misma apatía, se está dando en World Gymnastics. Se han dado algunos pasos, pero podrían publicar nuevas normas que dijeran 'Se acabó el pesaje de las gimnastas. Se acabó que las gimnastas vuelvan a la competición sin un certificado médico. Se acabó que los entrenadores se trasladen de un país a otro: si estás inhabilitado en Estados Unidos, no podés simplemente llevar a una atleta de México a los Juegos Olímpicos'", agregó Shore.
Y concluyó: "Si la federación internacional presentara una lista de reformas culturales, empezara a normalizarlas en las federaciones nacionales y luego les diera su respaldo para que estas pudieran trasladarlas a los clubes hasta llegar a la base, veríamos una reforma más rápida y menos resistencia. Porque cuanto el organismo rector diga que ya no se va a pesar a las gimnastas, cuando se siga pesando, esos entrenadores sabrán que están infringiendo las normas".
G4CI eligió estratégicamente el momento para celebrar este evento. La federación internacional está preparándose para designar a un nuevo secretario general en los próximos meses, ya que el suizo Nicolas Buompane dejará ese cargo a fin de año. Y con nuevas autoridades, la organización de sobrevivientes espera que lleguen los cambios esperados.
Nassar -que trabajó en la Universidad de Michigan entre 1997 y 2016 y paralelamente fue el médico del seleccionado de gimnasia de Estados Unidos en Atlanta 1996, Sydney 2000, Atenas 2004, Beijing 2008 y Londres 2012- fue condenado a principios de 2018, tras una semana de audiencias en Michigan, en las que Raisman, bicampeona mundial y dueña de tres oros olímpicos, encabezó una serie de durísimos testimonios que conmocionaron al mundo.
Rasiman enfrentó a su abusador durante el juicio de fines de 2017. Foto Matthew Dae Smith /Lansing State Journal via AP
En el juicio también declaró McKayla Maroney, integrante de las Fierce Five (Cinco Feroces) que ganaron una dorada por equipos histórica para Estados Unidos en Londres 2012, quien había denunciado que USA Gymnastics le había obligado a firmar un acuerdo de confidencialidad por más de un millón de dólares para que no hiciera públicos antes de Río 2016 los abusos del médico. En tanto, Biles, la mejor gimnasta de todos los tiempos, contó públicamente su tormento en 2021, durante el proceso por una demanda colectiva de las gimnastas contra el FBI y sus fallos a la hora de investigar el caso.
El escándalo de la gimnasia de la gran potencia norteamericana -que estalló a raíz de una investigación de los diarios IndyStar y US Today- destapó luego un problema global. Porque tras el juicio a Nassar -que en ese momento ya cumplía una sentencia de 60 años por posesión de pornografía infantil- comenzaron a aparecer denuncias por maltratos y abusos en otros países, como Inglaterra, Nueva Zelanda, Australia, Brasil, Suiza, Alemania y los Países Bajos. Y fue aumentando cada vez más la presión sobre la federación internacional para realizar una urgente revisión e introducir cambios significativos en el seno de este deporte. Cambios que, como denunciaron Aquilina, sobrevivientes y activistas, siguen siendo una cuenta pendiente de las organizaciones nacionales y, sobre todo, la World Gymnastics.
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