Jorge Castro, el “Roña” Castro, era un personaje singular, un boxeador muy particular. No era un boxeador de gran calidad técnica, pero era guapo. Iba al frente y era astuto. Hizo 144 peleas como profesional y ganó 90 por nocaut. Tenía una pegada formidable, pero era muy descuidado en sus entrenamientos y le costaba mucho dar el peso.
Ganó el título mundial mediano de la AMB contra el estadounidense Reggie Johnson en Tucumán, en 1994, y en diciembre de ese año protagonizó la pelea más memorable que se recuerde contra John David Jackson, en Monterrey, México.
Junto a otros periodistas argentinos, yo veía la paliza que estaba recibiendo. Le pedíamos al árbitro que parara la pelea porque tenía un ojo cerrado y el otro muy lastimado. Sin embargo, en el noveno round, cuando parecía vencido contra las cuerdas, sacó una derecha y después le metió una zurda a Jackson, que era un canchero y un sobrador, y que hasta ese momento le estaba dando una paliza.
Esa fue la pelea máxima de su vida. La que lo proyectó a la gran fama. Don King lo declaró “el boxeador de la noche”, a pesar de todas las peleas por títulos mundiales que había en esa velada. El grandote le dio un cheque que, según contaba el "Roña", era de 50.000 dólares, cuando en realidad era de 5.000.
Jorge Castro, a la vuelta de la pelea con John David Jackson. Foto: Archivo
Castro no ganó tanta plata porque despilfarraba mucho en el juego. Habrá ganado más de dos millones de dólares en su carrera. Había tenido 15 hijos con distintas mujeres y tenía 14 nietos, aunque no se acordaba bien de los nombres de todos ellos. Pero él atendía a sus hijos.
Había nacido en Caleta Olivia, Santa Cruz, y durante la pandemia puso comedores para gente necesitada. Tenía grandes gestos de solidaridad. No dejó una estela de boxeador extraordinario, pero sí la de un tipo singular, muy querido por la gente. El "Roña" Castro tenía una guapeza fenomenal. Y aquella pelea con John David Jackson quedó para siempre en la historia del boxeo argentino.
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