Juega a esperar Erling Haaland, no al fútbol. Al Vikingo de 25 años poco le importa la elaboración, el contacto con el balón, el ruido seco y hermoso de un pase o de un control. Él está para tocar la pelota al gol. Tan simple y tan complejo. Y eso lo hace mejor que nadie. Lo saben ahora los marfileños, que lo sufrieron en el minuto 40 del segundo tiempo. Costa de Marfil fue bastante superior a Noruega en Dallas, aunque los europeos se impusieron 2-1 con el tanto de cazador de Haaland, que llegó a 5 festejos en el torneo y quedó a uno de Lionel Messi. Así, los escandinavos chocarán contra Brasil en los octavos de final.

Si Cristiano Ronaldo es el competidor más perfecto de Messi, Haaland es la antítesis inmejorable. No se pueden encontrar polos más opuestos entre los jugadores que dominan el fútbol mundial. A juzgar por lo que se está viendo en este campeonato, la Pulga, el Bicho, Kylian Mbappé, Lamine Yamal y Haaland son quienes más empatía generan en el público que llena los estadios. Y que el Vikingo se ubique en ese selecto grupo es un enorme mérito, porque es el menos técnico y estético de todos. Pero nadie tiene más ambición que él ni las ideas más claras.

No juega Haaland; no le interesa la pelota en absoluto. Tal vez porque nació en Bryne, un pequeño pueblo agrícola cerca del mar del Norte. Allí creció cortando leña, pescando y amando otros deportes. Hasta los 14 años practicó esquí, handball y atletismo. Pero el faro que fue su padre, Alf-Inge, que jugó profesionalmente como defensor y que lo siguió desde un palco, fue la luz que le marcó el camino. El Vikingo no tardó en entender que el gol era su hábitat y el fútbol, el territorio propicio.

La meta de Haaland durante los 90 minutos es una sola: marcar. No hay nada que lo desenfoque de ese objetivo, por lo que literalmente no toca la pelota ni participa en la elaboración de Noruega. Fija a los centrales para generar espacios en los costados y carga el área. Una, dos, mil veces. Las que sean necesarias. No se resigna cuando no le llega porque sabe que en la insistencia está el premio, que no es otra cosa que una pelota que cae con fuerza desde el aire o obediente por abajo. Apenas un pase intentó el Vikingo en la primera parte ante Costa de Marfil (sí, simplemente uno) y tocó el balón con la cabeza en 4 oportunidades: 2 en ataque y 2 en defensa. Después tuvo un remate desde adentro del área chica que le desvió el volante Ibrahim Sangaré.

Ahora bien, ¿le alcanza a Noruega con ese aporte de Haaland? Por supuesto: el equipo juega para él. No hacerlo sería un pecado infantil. Los europeos se parecen a un elenco desabrido que no tiene mayores ideas que tirar la pelota a los costados para los desbordes de Alexander Sorloth, el tanque del Atlético de Madrid que inicia recostado por la derecha, y de Antonio Nusa, un juvenil de 19 años con un gran uno contra uno.

Antonio Nusa abrió el marcador para Noruega. Foto: EFE / EPA / ALBERT PENA.

Decir que sufrió el duelo Noruega sería mentir porque jamás se la notó perturbada. Pero Costa de Marfil fue superior y le creó varias situaciones de peligro. Fue muy interesante lo de los africanos, especialmente en la etapa inicial, aunque no pudieron marcar. Y defendieron demasiado replegados en una acción: Nusa la colgó del ángulo. El atacante de 21 años milita en el Leipzig de Alemania y será dirigido por Martín Demichelis.

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