A Hugo Porta le gusta andar en bicicleta. Se acuerda de cuando —"hace muchos años", aclara— un tío lo animó a buscar el equilibrio sobre dos ruedas a campo abierto. Hasta entonces, sus aventuras en bicicleta no iban más allá del patiecito de su casa. Ahora, a los 75 años, habla de los 20.000 palos que se dio y recuerda alguno entre risas que, por teléfono, se confunden con suspiros. Nunca dejó de pedalear, pero desde hace un tiempo la bicicleta se volvió parte de su rutina. Al menos dos veces por semana la carga en el auto y visita la casa de su hijo en Villa Nueva para pedalear con menos tránsito. Está en forma, aunque no como en 2004, cuando viajó a Sudáfrica para recorrer los 104 kilómetros del Cape Argus, una multitudinaria carrera de ciclismo en Ciudad del Cabo. Le gusta tanto Sudáfrica que no lo dudó. "Acepté sin haberme entrenado ni nada", cuenta.
El domingo será distinto porque está listo para los 46 kilómetros de la cuarta edición del Gran Fondo Argentina. Porta, el de los drops, el de actuaciones sobresalientes en aquellos partidos en que Los Pumas tallaban su historia en el último tramo del rugby amateur, cuando las victorias ante las potencias parecían una utopía, volverá a hacer el circuito que tiene como epicentro el parque Sarmiento. Tras la largada, el pelotón saldrá por la General Paz para tomar la avenida Lugones, seguir por la Illia y el Paseo del Bajo, y empalmar con la 9 de Julio Sur para retomar en sentido inverso por Cantilo y General Paz hasta la avenida Balbín. “Siempre tengo la esperanza de decir ‘bueno, voy a hacer el largo’, pero no, hago el corto”, dice. El largo es de 129 kilómetros: no retoma en la 9 de Julio Sur y sigue por la Autopista 25 de Mayo hasta la cancha de Vélez y recién ahí pega la vuelta.
Hugo Porta sobre ruedas, el año pasado, en la misma competencia.
Porta, el primer argentino en entrar al salón de la fama de la World Rugby gracias a una patada genial, una visión periférica notable y principalmente la capacidad de jugar sin libreto y leer los momentos del partido, ahora usa calzas deportivas, casco, gafas y guantes. Tiene tres bicicletas. Una se la regaló Miguel Indurain, leyenda del ciclismo español y ganador de cinco ediciones consecutivas del Tour de Francia. Lo conoció en aquella carrera de Ciudad del Cabo. También tiene una Pinarello —marca famosa por sus bicicletas utilizadas por equipos profesionales del World Tour— y una tercera, armada artesanalmente y a medida en Italia. El domingo se subirá a esta última, pero no para llegar primero, sino para apoyar una causa solidaria: parte de lo recaudado se destinará a la construcción de una pileta adaptada para niños con trastorno del espectro autista (TEA) en Parque Sarmiento. Porta participa en bicicleta, pero también a través de la Fundación Laureus que preside, con la que identifica y apoya proyectos comunitarios usando el deporte como herramienta de transformación.
-¿La bicicleta fue una cosa más de la niñez que recuperaste de grande?
-No, bici siempre tuve porque de chico podía ir al club en bici, podía ir a entrenar en bici, pero mi primera bicicleta seria fue hace unos cuantos años, cuando participé de esa carrera en Sudáfrica. Ciudad del Cabo es un lugar muy lindo para andar en bicicleta porque está cerca del mar. Para lo de Argus fuimos con la gente de Laureus. Vino Indurain y, bueno, ahí, intimando más con Miguel y haciéndome amigo de él, empecé a apreciar el tema de la bici. Porque por las bicicletas siempre pasa lo mismo, siempre hay un componente nuevo, algo nuevo para hacer con las bicicletas, así que siempre estoy pendiente de eso.
- ¿Cuál vas a usar el fin de semana?
-Una gravel —un híbrido entre una bicicleta de ruta y una de montaña—. Pero yo voy a pasear, no voy a competir. Lo que más me mueve de participar en el Gran Fondo de Buenos Aires es que la gente que lo organiza siempre tiene un fin social. Este año vamos a pedalear para que se pueda hacer una pileta para chicos con autismo en uno de los centros que tiene la Ciudad de Buenos Aires. Así que vamos a pedalear por eso. Y la gente que organiza la carrera siempre es muy solidaria y con las fundaciones hemos hecho cosas en conjunto.
Hugo Porta, ahora, con su camiseta de ciclista.
-Pedaleás y charlás. ¿Eso es lo que te gusta?
- Yo creo que uno descubre lo social que es el ciclismo cuando empieza a pedalear con compañeros y no es solo el pedaleo, sino el tema de hablar con el que tenés al lado, con el que va atrás, con un pelotón chico, y pasarla bien. Creo que eso es lo fundamental más allá de que ayuda el tema de la salud, porque al andar en bicicleta parece que todo el cuerpo se activa.
-¿Cómo te llevás con tus 75 años?
-Siempre estuve relacionado con el deporte y siempre hice cosas de chico. Por ejemplo, iba al club casi todos los días, entonces siempre estuve acostumbrado a hacer actividad física. Y después con el tema de la bici, creo que eso ayuda porque uno no sufre impactos, salvo que te caigas, ¿no? No se sufre el impacto en las rodillas que uno siente al correr Entonces eso siempre ayuda. Pero uno está acostumbrado a hacer algo, o jugar al golf, o andar en bicicleta, o caminar. Y a veces cuando uno no lo hace es como que te sentís entumecido. Pero uno lo hace fundamentalmente para mantener el físico y el movimiento, no para competir, aunque cuando te subís a la bici querés hacerlo en menos tiempo y más ligero, pero eso es parte de la naturaleza de uno.
-Pero ¿te pica el bichito y relojeás los tiempos?
- ¡Siempre, siempre! Siempre hacer menos tiempo o ver si hice un recorrido más largo. Siempre pasa eso. Pero el objetivo es otro, como te digo, el objetivo es apoyar a través de la fundación a la gente que trabaja hacia lo social y eso es lo que hago.
-Cuando pedaleás solo, porque imagino que no siempre vas acompañado, no podés conversar. ¿Aparece la conversación con vos mismo?
-Cuando uno pedalea solo, está charlando con uno mismo y la verdad es que mucho tiempo he pedaleado solo. Me gusta porque es un momento que uno tiene para, mientras está haciendo ejercicio físico, hacer que la mente vuele y pensar. Siempre hay cosas en las que pensar y ver cómo se pueden solucionar.
Hugo Porta con su nueva pasión: las dos ruedas a pedal.
-Nos bajamos un poquito de la bici. ¿Seguís mirando rugby, no?
- Sí, veo rugby por televisión, veo el rugby de mi club, llevo mucho a mis nietos a jugar al rugby. Siempre el rugby aparece en mi vida y siempre uno está relacionado.
-¿Solo seguís el rugby de Banco Nación o también mirás partidos internacionales por televisión?
- Sí, los miro. Los miro y me gusta. A veces se hace un poco monótono, predecible, porque en el rugby es difícil que un equipo inferior pueda ganarle a otro superior. Y hoy, con un rugby tan físico y tan estudiado, a veces se hace un poco aburrido
- Como que está todo calibrado...
-Sí. Yo creo que el tema del desarrollo de la tecnología ha hecho que los jugadores hoy tengan mucha información, puedan ver muchos partidos de rugby. Hoy el jugador de rugby que entra a una cancha a competir sabe mucho más del oponente de lo que sabía uno. Antes uno podía saber, no sé, ‘este tipo patea mejor con la zurda’, pero hoy saben todo: para dónde pasa mejor, dónde tacklea más, dónde tacklea menos... Saben absolutamente todo. Tienen una información que uno no tenía, a veces una información excesiva. Yo creo que el deporte debe servirle a uno para desarrollar un pensamiento propio y para tomar decisiones. Y muchas veces los jugadores dependen de lo que les digan de afuera para hacer cosas dentro de la cancha, y eso por ahí no está tan bueno.
Porta en la presentación del Gran Fondo de la Argentina.
- A ver si te entiendo bien: no te resulta muy atractivo el rugby que se está jugando hoy.
-(Risas) Me gusta la velocidad a la que se juega, me gusta ver partidos internacionales, pero yo creo más en el tema de la creación, en el tema de la libertad, y hoy veo que no sé si los jugadores se divierten tanto como nos divertíamos nosotros.
- ¿Y a Los Pumas los estás viendo?
-Siempre. Los Pumas es una historia que no tiene final porque siempre hay un equipo nuevo, porque nos toca a cada uno en su momento escribir un capítulo de esta historia que no tiene final. Y hay algo en Los Pumas que hace que uno siempre esté pendiente cuando juegan.
Hace dos años, en la gala de premiación de la Academia Laureus. Foto: Javier Soriano / AFP
-¿Qué apreciación tenés de Los Pumas de hoy, los de Felipe Contepomi?
- Mucho respeto por lo que hacen. Tuve la suerte y el honor de que Felipe me llamara por teléfono en el último partido que jugaron Los Pumas en el país (en Mendoza, ante Australia) para estar en la ceremonia de entrega de las camisetas a los jugadores. Dudé en ir, pero la verdad que me hubiese equivocado si no iba, porque lo que recibí fue todo el respeto y todo el cariño de estos chicos. Me impresionó lo organizados que están y cómo lo toman en forma mucho más profesional. Uno estaba acostumbrado a otras cosas: yo cuando iba de gira lo que quería era conocer gente, conocer el lugar, conocer la cultura... Los chicos ya van directamente a competir. Entonces el enfoque es distinto.
-¿Están cerca de dar ese saltito y ganar una competencia?
-La verdad es que hay un gran desarrollo del rugby y una mayor profundidad en los planteles para dar ese salto. Yo creo que cada vez hay más jugadores capacitados para jugar al máximo nivel. No hay duda de que la camiseta tiene una mística y que eso es un plus, pero lo importante es que nos representen bien culturalmente y como sociedad. Ellos lo tienen incorporado y a cada uno que se pone la camiseta, yo siempre digo, un poquito de locura hay que meterle. Así que siempre espero lo mejor y sé que Los Pumas van a dar lo mejor. Lo importante es el camino que se recorre y no el éxito, porque el éxito es bastante efímero, ¿no? Pero por supuesto que quiero que siempre Los Pumas ganen y nos representen bien. Yo no soy un exitista que lo único que quiere es el resultado.
Porta lidera al Sudamerica XV que ganó en Sudáfrica .
-Te iba a preguntar si creés que hoy hay un jugador como vos o si podrías jugar este rugby, pero se lo pregunté a la inteligencia artificial...
-¡¿Y qué te dijo?!
-Que sí, que por supuesto podrías jugar, pero además te comparó: dijo que serías una mezcla perfecta entre Beauden Barrett y Dan Carter. ¿Qué decís?
-Que son dos grandes del deporte. Mirá, yo siempre jugué al rugby por divertirme con mis amigos. Siempre me gustó estar dentro de la cancha, me gustó jugar en equipo y jugar en equipo es lo que me enseñó el juego. Todo lo que uno pudiese contribuir para mejorar el equipo, uno trataba de hacerlo. Y la verdad que agradezco al rugby porque me permitió desarrollarme como persona, descubrir cosas que yo no sabía que tenía, cómo aprender a liderar un equipo o hablar ante la gente. Muchas cosas aparte de jugarlo y disfrutarlo.
- ¿Extrañás jugarlo?
- No, no lo extraño. Fue una etapa vivida con mucha intensidad y siempre que voy a un ambiente de rugby, recibo mucho cariño. Cuando viajo con la fundación por algún proyecto en el interior, no sé, a Tucumán o a la Patagonia, siempre aparece alguien a saludar o a acercarse, y eso es lo que me quedó del juego.
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