¿Se puede imaginar una Selección Argentina sin Lionel Messi? Francisco Pancho Ferraro responde rápido: "Me tengo que acostumbrar". Para cualquier argentino suena difícil, sobre todo hoy, cuando Leo se despide frente a Benín. Para quien lo dirigió en el Mundial Sub-20 de 2005 y lo vio salir campeón con 18 años recién cumplidos, es todavía más duro.

Con una vitalidad y una simpatía que impresionan a sus 81 años, Pancho camina por la redacción de Clarín y encuentra anécdotas en cada imagen que aparece. Se frena frente a un afiche del fotógrafo José Luis Cabezas y recuerda el día en que le tomó fotos en un balneario de la Costa Atlántica. Luego ingresa a la sala donde será entrevistado y, entre sorbos de café, detalla conmovido la advertencia que José Pekerman le hizo al ofrecerle ser DT de la Selección juvenil: “Cuando veas a los jugadores formados y escuches el himno argentino, es imposible no emocionarse”.

Ferraro trabajaba como DT de Gimnasia y Esgrima de Jujuy cuando recibió el llamado de Pekerman con una propuesta y un riguroso plan: sumarse al cuerpo técnico de Hugo Tocalli para ir al Sudamericano Sub-20 en Colombia y conseguir la clasificación al Mundial de Holanda 2005. Si eso se lograba, Tocalli subiría a acompañar a la Selección Mayor y los juveniles quedarían a su cargo. Dicho y hecho.

-¿Cómo fue tu primera impresión cuando viste a Messi?

-En el Sudamericano lo tenía Tocalli. En los dos primeros partidos entró en el segundo tiempo y ya te dabas cuenta del cambio que había en el equipo y de lo que era él. No es lo mismo estar sentado en tu casa, en un sofá, viendo el partido por televisión, que estar parado en el corralito y verlo gambetear, poner velocidad, sacarse gente de encima, tirar una pared. Yo decía: “¿Cómo la ve entre tantas piernas?”. Eso era lo que más me llamaba la atención. Estábamos en presencia de algo que realmente era distinto.

Abrazo. Pancho y Messi en el Mundial Sub-20 de Holanda en 2005. Foto: Archivo.

Una joven estrella, suplente en el primer partido

Apenas profundiza sobre aquel Mundial Sub-20 en el que dirigió a la Selección Argentina, Ferraro intenta sacarse un peso de encima. ¿Por qué Messi fue suplente en el primer partido contra Estados Unidos? “Iba a ser titular. Pero en la práctica, el doctor Martínez -Daniel, actual médico de la Mayor- me dijo que tenía una pequeña molestia en el posterior. Y yo, para asegurarme de que no se agravara, lo senté”, argumenta.

“Por todos lados me dieron”, afirma con humor sobre los comentarios de la prensa en ese entonces, y reconoce que ese partido que perdieron 1 a 0 fue “el peor”. Luego, aclara que el 10 -que ahí llevaba la camiseta número 18- mantuvo la titularidad a partir del siguiente encuentro y desde ahí fueron todas victorias: “Gracias a Dios se trajo la copa”.

El día en que Messi le pidió perdón

Si bien esa tarde Messi no le dijo nada, la situación fue distinta cuando lo sacó contra Alemania en el tercer partido. Argentina ganaba 1 a 0, pero la expulsión de Juan Manuel Chaco Torres obligó al entrenador a rearmar el mediocampo. Necesitaba que entrara Lucas Biglia y decidió sacar a Leo: el Kun Agüero había ingresado durante el encuentro y estaba más fresco.

Messi estaba a unos 30metros cuando levantaron el cartel con su número. “La cara que puso fue impresionante”, dice Ferraro, aunque enseguida aclara que no hubo ningún insulto. Lo recibió con una caricia y el partido siguió. El enojo, al parecer, también.

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El día que Pancho Ferraro sacó a Messi y le puso mala cara

Esa noche, durante la cena en el hotel, le avisaron que Messi quería hablar con él. Se encontraron en un salón y el chico fue directo al asunto: quería pedirle perdón por cómo había salido. “Yo quiero jugar”, le explicó. Pancho le detalló los motivos del cambio y le dijo que no tenía que pedirle perdón. Lo único que le pidió fue que no repitiera ese gesto, ni con él ni con otro entrenador. No tuvo demasiado éxito. “Siempre digo lo mismo: se lo hizo a varios”, comenta. Menos a Scaloni.

La excepción tiene su explicación. “Él quiere jugar, pero ya se dio cuenta de la edad que tiene. Lo entendió y se llevan bien entre los dos”, sostiene Ferraro. Donde antes había un chico que no quería perderse un minuto, hoy ve a un capitán y a un técnico que encontraron la manera de entenderse. “Te das cuenta de que por ahí lo va manejando: ‘Vas a jugar tanto tiempo. ¿Cómo estás? ¿Cómo te sentís? ¿Cómo va el partido? Te puedo sacar, te quiero cuidar’”, describe. No estuvo en esas conversaciones, pero las imagina desde su experiencia.

-¿Cómo era Leo fuera de la cancha a sus 18 años?

-En aquel momento Messi era más callado. Entrenaba como uno más. Era uno más dentro del plantel. No así en una cancha de fútbol. Era único. Es único. En Holanda nace la amistad con el Kun Agüero. Estaban concentrados en la misma habitación y vos pasabas y sentías las carcajadas. Y cada vez que Messi hablaba delante del plantel te cantaba la justa. Poquito, pero te decía la justa.

-¿Qué creés que pudiste aportar en un momento tan importante de su formación?

-Si hablo de la técnica, nació con la técnica. Yo te hablo personalmente: muy pocas cosas. “Salí un poco de la marca” o “tirate un poco más adentro”. Yo lo hacía jugar como jugaba en el Barcelona, como un puntero derecho de los de antes, o extremo derecho. La velocidad que tenía, la pelota siempre en la zurda, al ladito del empeine... Vos decías: “A esa velocidad, ¿cómo la lleva?”. Y después enganchaba hacia adentro. La clava donde él quiere, no donde la pelota va.

Messi y su primer campeonato con la Selección Argentina. Foto: archivo.

La promesa antes de la primera copa

Mientras revisaba con su ayudante Miguel Tojo la grabación del triunfo sobre Brasil en semifinales, Ferraro descubrió una jugada que no había visto durante el partido: Pablo Zabaleta se había tirado de cabeza a los pies de un rival para frenar un avance dentro del área. Pidió detener el video y, en la charla del día anterior a la final contra Nigeria, le mostró esa imagen al plantel. Le gustaba el buen fútbol, les dijo, pero también había que valorar ese esfuerzo: si jugaban con esa actitud, las cosas podían salir bien.

Messi lo interrumpió: “Quedate tranquilo, Pancho. Mañana ganamos”.

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La primera final que Messi ganó con la Selección Argentina

Al día siguiente, Leo convirtió los dos penales del triunfo por 2 a 1 y terminó el Mundial como goleador y mejor jugador. Mientras los chicos daban la vuelta olímpica, Ferraro se quedó en el banco observándolos. Él también era campeón del mundo, pero en ese momento se le mezclaban otras imágenes: su familia, los clubes por los que había pasado, las conversaciones con Pekerman y Tocalli. “Es como una película que realmente te llena de orgullo”, describe.

Pekerman le había dado cinco meses para preparar al equipo y un objetivo: estar entre los cuatro mejores. Si se ganaba, mejor, pero también importaba que algunos de esos chicos llegaran a la Selección Mayor. Por eso, Pancho recuerda con emoción que seis de los campeones de Holanda -Zabaleta, Garay, Gago, Biglia, Agüero y Messi- integraron el plantel que disputó la final de Brasil 2014 con “el maestro” Alejandro Sabella. “Fue una gran satisfacción”, dice.

El último adiós al 10

El anuncio del retiro lo encontró en su casa, frente al televisor. “Lo sentí mucho”, reconoce. Con los días empezó a asimilarlo: "Si él eligió, hablando con su familia, con su esposa, con sus hijos, con sus seres queridos, que sea muy feliz donde esté". Entiende su decisión. Acostumbrarse, como advirtió al empezar la charla, es otra cosa.

-¿Volviste a ver a Messi después de dejar la Selección?

-Lo vi dos veces. Una, cuando estaba con Sabella en eliminatorias. Fui a verlo en 2012 y estuve charlando un ratito con él. En un momento lo notaba medio nervioso y le pregunté qué le pasaba. Dentro de un mes iba a ser papá. Ahí dejamos de hablar de fútbol y le empecé a hablar de la vida, de lo que representa ser papá, de tener un hijo. Realmente pasamos un momento lindo. Nos dimos un abrazo, él se fue y yo me quedé tomando un café en el predio. A los cinco minutos vino Marito, el utilero, y me trajo una bolsita con la camiseta de él firmada. Automáticamente fue a un cuadro en casa. Tengo un pequeño museo en una habitación y está la de él ahí. Después fui con mi hijo Ariel, que trabajó conmigo como preparador físico, hace un año y medio. Hubo abrazos, fotos y estuvimos charlando. En un momento le dije: “Dejame hablarte. Quiero decirte muchas cosas desde 2005, que te conocí, hasta hoy”. Le hablé de lo que es como padre, como hijo, del ejemplo para la juventud, del embajador nuestro que es dentro y fuera de la cancha. Todo lo que sentí y siento por él se lo dije. Lo abracé y le dije: “Te quiero, Leo, mucho”. Y él me contestó: “Yo también te quiero”.

-¿Qué le dirías a Lionel si lo tuvieras enfrente en su despedida?

-Con un gran abrazo y deseándole siempre lo mejor para él y su familia. Porque se lo merece. Le diría gracias por haberte conocido, por lo que brindaste en Holanda. Pero después, a partir de eso, hasta hoy, gracias por todo lo que nos das y, sobre todo, porque sos argentino.