Hace exactamente 30 años la cantante brasileña Adriana Calcanhotto llegó sola con su guitarra a la Argentina, para dar un primer recital en Buenos Aires. En pocos días volverá sola con su guitarra por dos motivos. El primero es una invitación de la Feria del Libro. El otro compromiso es un recital en Deseo, el 25 de abril, donde seguramente repasará su ya extensa trayectoria.

Para mediados de los noventa, era la joven artista que buscaba nuevos público y horizontes. Para el comienzo del nuevo siglo ya estaba establecida como una cantautora que ganaba prestigio. Y si bien su presencia sobre el escenario iba mucho más allá del hecho de cantar frente al micrófono -su vestuario siempre fue parte del arte performático- en la autodefinición había un universo lleno de elementos. “Soy de Río Grande do Sul y no le tengo miedo a nada. Me encanta Río de Janeiro. Me cuesta decir que no -apuntaba a modo de decálogo-. Me encantan Miles Davis, Marlon Brando, Andy Warhol, Elizabeth Taylor y Oswaldo Andrade. Soy puntual y disciplinada, me gusta lavar los platos. Me quejo mucho y sé pedir disculpas. Me encanta bailar. Vivo en un pequeño departamento pintado de amarillo”.

¿Todo aquello se conserva? ¿Cuánto quedo en el camino? Quizá ya no viva en un departamento amarillo o quizá su color haya cambiado. “La vida es una acumulación de cosas -dice desde Brasil, antes de su llegada a Buenos Aires-, siempre o, a veces, uno deja atrás cosas para adoptar nuevas. Prefiero la idea de filtrar. Filtrás las cosas, no te quedás con todo, filtrás porque si no filtrás, no hay espacio en la red para que entren cosas nuevas. Creo que eso es mejor. No tengo alma de archivista, de acumuladora; tiro todo a la basura y les provoco un infarto a mis amigos historiadores”.

-¿Cuánto de esto puede estar relacionado a tu último álbum, el que titulaste Errante?
-Necesito irme para volver. El álbum anterior es Só (Sola). Es un álbum hecho en casa, durante la pandemia. Después de lanzarlo todavía tenía toda la pandemia por delante, donde pude notar mi incomodidad al quedarme quieta. Lo mío es estar en constante movimiento. La idea de estar en casa es maravillosa, pero cuando vuelvo a casa. Por eso necesito irme para volver.
-¿Cuánto hay de realidad y de ficción en temas que dicen, por ejemplo, “tengo un cuerpo italiano”, “nací en Brasil”, “un alma lusitana”, “una madre africana”?
-También dice “todo lo que hago, no soy más que un impostor”. No sé, tú decides si lo que digo es propio o de un impostor ¿Crees en la palabra de un impostor? Ese es asunto del oyente.
-¿Y cuando hablás de cruzar desiertos, aunque prefieras los mares, es una referencia personal y de toda una sociedad?
-Hablo en todos los niveles que puedo, pasando por el filtro de una mujer blanca sudamericana, que cantan en portugués en un país homófobo y racista. Porque, si bien en ese sentido puede ser mejor que otros países de América o Europa, Brasil no se reconoce como un país negro. Y hasta que no lo haga, no veo que vayan a cambiar muchas cosas.
-Supongo que te reconocés en la cantautora Adriana Calcanhotto y en la intérprete de música infantil Adriana Partimpim, aunque sean muy diferentes.
-Sí, son diferentes y tienen demandas diferentes. Adriana exige más, más y más trabajo; todo es más. [cuando se convierte en] Partimpim no hay nada de eso; se trata de lo inmediato, de ese momento presente vivido en la infancia, que es lo único que existe. Porque, al final, lo único que existe es el presente.
-¿Nació como una necesidad, algo que faltaba en tu vida artística, o por una casualidad?
-Se fue gestando, como vivía en Porto Alegre, un día vi a Nelson Coelho de Castro [artista gaúcho dedicado a la música infantil]. Vi todo lo que cambiaba al subir al escenario aunque solo se pusiera un sombrerito. Además, pensé en esos artistas que cambiaban su nombre para reinvertarse o para volver a sí mismos.
Mientras pensaba en estas cosas hubo situaciones, como cuando vino Hermeto Pascoal a grabar para mi álbum de 1994. Allí se incluyeron animalitos y juguetes. Escribí canciones y un día entré al estudio y dije: voy a hacerlo voy a luchar por esto. Y pasaron 21 años desde entonces.
-Y se pueden disociar personalidades artísticas: la Partimpim que es todo en presente, la Calcanhotto, a veces más intelectual, que puede hacer una residencia artística en una universidad de Portugal.
–Sí, Partimpim es más intensa y espontánea que todo aquello relacionado a la palabra, como los conciertos que voy a dar en solitario. Son canciones en la forma más pura. Soy consciente de eso; lo sé.
-¿Qué vamos a escuchar en Buenos Aires?
-Hay canciones que siento que son necesarias, que la gente quiere escuchar, como “Esquadros” o “Vambora”. También habrá canciones que no son mías, que son de Caetano, o colaboraciones que tengo con poetas. Todavía estoy trabajando en ello, pero será una retrospectiva en el sentido de que no voy a mostrar nada nuevo. No recuerdo cuándo fue la última vez que fui a Buenos Aires solo con voz y guitarra.
-¿Qué te queda pendiente?
-Al menos dos cosas. Una es un álbum de canciones antiguas, de la Edad Media, y otro con orquesta sinfónica. Porque me gusta mucho ese formato de voz, guitarra y orquesta.
Para agendar
Adriana Calcanhotto. La reconocida cantante y compositora brasileña regresa a nuestro país para brindar un único concierto de guitarra y voz, el sábado 25 en abril, en Deseo, Avenida Chorroarín 1040.
“No soy una archivista”, dice la cantautora brasileña, que regresará a Buenos Aires invitada por la Feria del Libro y para cantar en Deseo Música

