• 10 de junio de 2026 19:07

Charlie y la fábrica de chocolate: un show para toda la familia con una puesta que sorprende

Porradioplayjujuy

Jun 10, 2026

Autores: David Greig (libro), Marc Shaiman (música) y Scott Wittman y Marc Shaiman (letras). Dirección: Ariel Del Mastro y Marcelo Caballero. Dirección musical: Fede Vilas. Elenco: Agustín “Rada” Aristarán, Sebastián Almada, Mery Del Cerro, Denise Cotton, Dolores Ocampo, Marcelo Albamonte y Sebastián Holz; y Juan Martín Flores, Mateo Argibay, Camilo Aizenberg y Dante Barbera (como Charlie Bucket, alternadamente). Escenografía: José Ponce Aragón. Videos: Maxi Vecco. Coreografías: Analía González. Iluminación: Anteo Del Mastro y Sebastián Viola. Vestuario: Romina Lanzillotta y Catalina Rodríguez Loredo. Sala: Teatro Gran Rex (Av. Corrientes 857). Funciones: miércoles, jueves y viernes a las 20, sábados a las 17.30 y 20.30 y domingos a las 15 y 18. Duración: 100 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.

El espectáculo que acaba de estrenarse en el Teatro Gran Rex tiene mucha historia detrás. Charlie y la fábrica de chocolate primero fue una novela infantil, escrita por el autor inglés Roald Dahl y publicada en 1964. Luego, una película protagonizada por Gene Wilder, que se estrenó en 1971 con otro nombre: Willy Wonka y la fábrica de chocolates. Y bastante más tarde, en 2005, una remake de aquel film con Johnny Depp, mucho más oscura, a tono con la filmografía de su director Tim Burton, que se tituló al igual que el libro. En 2023 se sumó otra película, que seguramente el público infantil tiene más presente: Wonka, protagonizada por Timothée Chalamet. Pero, a no confundirse, no se trata de otra remake, sino de una precuela.

Sebastián Almada, Juan Martín Flores, y Mery del Cerro

En 2013 recién Charlie y la fábrica de chocolates se convirtió en un musical teatral que tuvo como base, fundamentalmente, la película de los setenta. Pero con algunos cambios. ¿El fundamental? Que el guión hace más hincapié en el derrotero del niño Charlie Bucket que en las tribulaciones del dueño de la fábrica de chocolates Willy Wonka. De ahí el cambio del título. La historia es sencilla: Charlie vive en un hogar humilde, junto a su madre viuda y sus cuatro abuelos. Él ansía que alguna vez se le cumpla alguno de sus sueños y de repente se le antepone uno: conseguir el ticket dorado escondido en el envoltorio de un famoso chocolate para así acceder a un concurso de golosinas de por vida. De una manera, que no vamos a revelar acá, logra su cometido y junto a otros cuatro afortunados, y de la mano de su abuelo (que alguna vez trabajó ahí), ingresa a la enigmática fábrica de chocolates y atraviesa todo tipo de escollos hasta llegar a la final.

El estreno del musical fue en el Theatre Royal de Londres y allí se mantuvo durante tres años. Una de las peculiaridades de la obra es que mantiene dos de los temas emblemáticos del film original, compuestos por Anthony Newley y Leslie Bricusse: “Candyman” y “Pure Imagination”, que es hermosísimo y con los años se convirtió en un estándar americano, que llegó a cantar en vivo el grupo Coldplay y a grabar Barbra Streisand. Otra de las diferencias entre la versión teatral y el film tomado como base es que tanto el vendedor de chocolates (al que los niños acuden para comprar el sobre que podría cambiar su suerte) como el de Willy Wonka son encarnados por un mismo actor, permitiéndole al afortunado desplegar un vasto arsenal de recursos interpretativos; y todo su histrionismo, claro.

Esa suerte, en la versión local, la tiene Agustín “Rada” Aristarán, que aquí da un paso adelante en su carrera de actor de musicales (luego de sorprender en Matilda y reafirmar sus condiciones en School of Rock). Aquí canta, baila, hace trucos de magia y actúa muy convincentemente en forma chaplinesca. Solo le faltaría sumar un poco más de prolijidad a su rendición del clásico “Pure Imagination” y mejorar la afinación en el número final, que comparte con Juan Martín Flores, el niño de 11 años que da vida a Charlie Bucket, todo un hallazgo de casting. Más allá de estas puntualizaciones, la labor de Aristarán es encantadora.

Cuando el musical fue transferido a Broadway, en 2017, y sometido a muchos cambios, recibió críticas negativas y solo sobrevivió nueve meses en cartelera. Con esos datos previos, el estreno de la versión nacional (basado en esa segunda interpretación de la pieza, poco exitosa) no parecía ser muy promisorio. Sin embargo, hay que admitir sin dudas que el equipo creativo a cargo de la puesta local logró revertir todos los errores que pudo haber tenido el montaje neoyorquino y convirtió al Charlie y la fábrica de chocolates made in Argentina en un gran espectáculo: atractivo por donde se lo mire, entretenido y de calidad. Es decir, en casi un milagro.

Los méritos deben atribuirse a los adaptadores Marcelo Caballero y Juan Pablo Schapira y a los directores Ariel Del Mastro y Caballero, que pulieron el guión y rescataron lo esencial de la trama. Y se rodearon de un staff creativo que embelleció la historia con un vestuario y una escenografía cuidadas hasta en el más mínimo detalle, a cargo del tándem Romina Lanzillotta/Catalina Rodríguez Loredo y José Ponce Aragón, respectivamente. A propósito del último ítem, se agradece que no hayan abusado de las pantallas (a esta altura un recurso gastado y pobrísimo) y que estas solo aparezcan acompañando los elementos corpóreos que protagonizan los diseños escenográficos de cada escena.

Más allá de los protagonistas, cabe destacar el trabajo interpretativo de Sebastián Almada, como el abuelo Joe: gracioso, emotivo y de buena voz. Y también el de los actores que dan vida a los padres de las otras “dulces criaturas” que participan de la Wonkamanía: Denise Cotton (Sra. Gloop), Sebastián Holz (Sr. Salt), Marcelo Albamonte (Sr. Beauregarde) y, muy especialmente, Dolores Ocampo (una comediante todo terreno, dueña de una voz impresionante), como la alcohólica y adicta a las pastillas Sra. Teavee. A su lado, se lucen haciendo sus primeras armas en el oficio los niños Félix Anton (Augustus Gloop), Olivia Staffolani (Veruca Salt), Catalina Giorgi (Violet Beauregarde) y Romeo Ruso (Mike Teavee). Mención aparte para el nivel de producción del espectáculo, pleno de recursos técnicos y artísticos, que supera ampliamente al de las propuestas anteriores del mismo grupo empresario (Matilda, School of Rock y La Sirenita) y hace de Charlie y la fábrica de chocolates un show tan sobresaliente como recomendable para toda la familia.

4 stars

​El musical, inspirado en un film de los setenta, cuenta con un gran protagónico de Agustín “Rada” Aristarán  Teatro