• 7 de febrero de 2026 00:07

Un mimo Monumental para Lionel Messi, el mago eterno

Porradioplayjujuy

Sep 4, 2025

Una peregrinación multitudinaria, emotiva, única, irrepetible, extensa. Este jueves, que en Buenos Aires pintó soleado, fresco y frenético (bien a lo Buenos Aires), el estadio Monumental de Núñez se transformará desde media tarde en un imán donde por la noche unas 85 mil almas disfrutarán como testigo de una historia de ensueño que escribirá un nuevo capítulo, uno de los últimos.

Pero habrá, además, otras 45 millones que también estarán presentes, aunque de otra forma, con el corazón, con la mente, con los sentidos, pendientes de lo que viva, de lo que sienta, de lo que absorba y transmita ese duende vestido de celeste y blanco con un 10 grande, bien grande, en su espalda. Y con la cinta de capitán, orgullosa, en su brazo izquierdo.

Un 10 que es mucho más que el número de su camiseta. Es un 10 al talento, un 10 a la entrega, un 10 a la perseverancia, un 10 a la tolerancia, un 10 a su carrera, un 10 a la humildad, un 10 al fútbol, un 10 a la magia, un 10 a su amor por Argentina.

Lionel Andrés Messi vivirá este jueves otra noche soñada, en la cual será protagonista de un nuevo episodio, marcado por un mutuo agradecimiento: de la gente hacia él por semejante alegrías y de él hacia la gente por tanto cariño. Porque esta historia supo de cuestionamientos y reproches, pero “Leo” luchó, jugó y ganó hasta transformarlos, a todos, en afecto y reconocimiento. A fuerza de su fútbol encantado conquistó a todos y quienes dudaron debieron rendirse a la evidencia.

Será el último mimo Monumental y oficial en tierra argentina. El mismo “Leo” anunció la relevancia del convite, y por eso viajó hasta su familia, su mujer y sus hijos desde Estados Unidos, y sus padres, hermanos, sobrinos y etcétera, desde su Rosario querida.

Será en el mismo escenario donde el 9 de septiembre de 2005, con sólo 18 años, debutó de local en la mayor contra Perú. En octubre de ese año marcaría su primer gol en la mayor. Menos de un mes antes ya había hecho su debut internacional contra Hungría en una amistoso. Ese día reemplazó a un tal Lionel Scaloni, con quien luego compartiría plantel en el Mundial 2006, en Alemania. El mismo que fue parte del cuerpo técnico en Rusia 2018 con decepción albiceleste incluida y también el mismo que, ya como entrenador principal, lo dirigió para que “Leo” levantara dos copas América y una del mundo.

Será en el estadio de River, ese donde allá por 2008 Julio Grondona, eterno presidente de AFA, lo bautizara para que se transformara en el nuevo líder de la selección. Dicen que el poderoso Don Julio entró a ese vestuario pesado y le dio un abrazo de esos que se asemejan a una bendición. “El pibe tiene que jugar siempre”, había repetido varias veces el mandamás. “Leo” ya había sido campeón del mundo sub 20 en 2005 (en diciembre de ese año estuvo en La Voz donde lacró sus sueños), habia jugado el Mundial 2006, habia sido subcampeón de América en Venezuela 2007 (le hizo un gol infernal a México) y en ese 2008 fue una de las piezas clave en el oro olímpico en futbol de Argentina en los Juegos de Beijing.

Desde aquella noche de septiembre de 2005 (el martes se se cumplirán 20 años) Messi edificó una película perfecta, con final feliz, pero que antes ofreció todo el menú de sentimientos y sensaciones posibles. Hubo alegría pero también tristeza, lágrimas de felicidad y de las otras, consagraciones y frustraciones, sonrisas y broncas, resignación, insistencia, una montaña rusa de emociones a la cual él eligió subirse cuando optó jugar para la frenética y sanguínea Argentina cuando su patria adoptiva, España, lo seducía para que se calzara la Roja. Fueron 50 las imágenes de “Leo” jugando con la celeste y blanco en un estadio de nuestro país.

Este jueves 4 de septiembre de 2025 quedará en la memoria colectiva como el día en que Messi levantó las manos por última vez, de manera oficial, ante su gente en su tierra. Promete ser una noche fresca pero plena en calor humano, color y emotividad y, por eso, Argentina invade Núñez. De manera presencial o simbólica, allá estarán todos. Y es justo, porque nadie lo merece más que este eterno mago albiceleste que nos hizo, nos hace y seguro nos seguirá haciendo tan felices.

Una peregrinación multitudinaria, emotiva, única, irrepetible, extensa. Este jueves, que en Buenos Aires pintó soleado, fresco y frenético (bien a lo Buenos Aires), el estadio Monumental de Núñez se transformará desde media tarde en un imán donde por la noche unas 85 mil almas disfrutarán como testigo de una historia de ensueño que escribirá un nuevo capítulo, uno de los últimos. Pero habrá, además, otras 45 millones que también estarán presentes, aunque de otra forma, con el corazón, con la mente, con los sentidos, pendientes de lo que viva, de lo que sienta, de lo que absorba y transmita ese duende vestido de celeste y blanco con un 10 grande, bien grande, en su espalda. Y con la cinta de capitán, orgullosa, en su brazo izquierdo. Un 10 que es mucho más que el número de su camiseta. Es un 10 al talento, un 10 a la entrega, un 10 a la perseverancia, un 10 a la tolerancia, un 10 a su carrera, un 10 a la humildad, un 10 al fútbol, un 10 a la magia, un 10 a su amor por Argentina. Lionel Andrés Messi vivirá este jueves otra noche soñada, en la cual será protagonista de un nuevo episodio, marcado por un mutuo agradecimiento: de la gente hacia él por semejante alegrías y de él hacia la gente por tanto cariño. Porque esta historia supo de cuestionamientos y reproches, pero “Leo” luchó, jugó y ganó hasta transformarlos, a todos, en afecto y reconocimiento. A fuerza de su fútbol encantado conquistó a todos y quienes dudaron debieron rendirse a la evidencia. Será el último mimo Monumental y oficial en tierra argentina. El mismo “Leo” anunció la relevancia del convite, y por eso viajó hasta su familia, su mujer y sus hijos desde Estados Unidos, y sus padres, hermanos, sobrinos y etcétera, desde su Rosario querida.Será en el mismo escenario donde el 9 de septiembre de 2005, con sólo 18 años, debutó de local en la mayor contra Perú. En octubre de ese año marcaría su primer gol en la mayor. Menos de un mes antes ya había hecho su debut internacional contra Hungría en una amistoso. Ese día reemplazó a un tal Lionel Scaloni, con quien luego compartiría plantel en el Mundial 2006, en Alemania. El mismo que fue parte del cuerpo técnico en Rusia 2018 con decepción albiceleste incluida y también el mismo que, ya como entrenador principal, lo dirigió para que “Leo” levantara dos copas América y una del mundo. Será en el estadio de River, ese donde allá por 2008 Julio Grondona, eterno presidente de AFA, lo bautizara para que se transformara en el nuevo líder de la selección. Dicen que el poderoso Don Julio entró a ese vestuario pesado y le dio un abrazo de esos que se asemejan a una bendición. “El pibe tiene que jugar siempre”, había repetido varias veces el mandamás. “Leo” ya había sido campeón del mundo sub 20 en 2005 (en diciembre de ese año estuvo en La Voz donde lacró sus sueños), habia jugado el Mundial 2006, habia sido subcampeón de América en Venezuela 2007 (le hizo un gol infernal a México) y en ese 2008 fue una de las piezas clave en el oro olímpico en futbol de Argentina en los Juegos de Beijing.Desde aquella noche de septiembre de 2005 (el martes se se cumplirán 20 años) Messi edificó una película perfecta, con final feliz, pero que antes ofreció todo el menú de sentimientos y sensaciones posibles. Hubo alegría pero también tristeza, lágrimas de felicidad y de las otras, consagraciones y frustraciones, sonrisas y broncas, resignación, insistencia, una montaña rusa de emociones a la cual él eligió subirse cuando optó jugar para la frenética y sanguínea Argentina cuando su patria adoptiva, España, lo seducía para que se calzara la Roja. Fueron 50 las imágenes de “Leo” jugando con la celeste y blanco en un estadio de nuestro país. Este jueves 4 de septiembre de 2025 quedará en la memoria colectiva como el día en que Messi levantó las manos por última vez, de manera oficial, ante su gente en su tierra. Promete ser una noche fresca pero plena en calor humano, color y emotividad y, por eso, Argentina invade Núñez. De manera presencial o simbólica, allá estarán todos. Y es justo, porque nadie lo merece más que este eterno mago albiceleste que nos hizo, nos hace y seguro nos seguirá haciendo tan felices.