• 23 de febrero de 2026 23:46

Rusia-Ucrania: 4 años a pura pérdida, sin salida a la vista

Porradioplayjujuy

Feb 23, 2026

Pasaron cuatro años ya desde aquel 24 de febrero en el que el presidente ruso Vladimir Putin anunció por televisión la “operación militar especial” en la región del Dombás; los misiles comenzaron a impactar en diversos puntos de Ucrania, y las fuerzas terrestres rusas cruzaron la frontera para iniciar múltiples ofensivas.

Tres días antes, Rusia había reconocido a la República Popular de Donetsk y a la República Popular de Lugansk, dos estados pro-rusos al este de Ucrania.

El 22 de febrero, el Consejo de la Federación de Rusia autorizó por unanimidad al presidente a utilizar la fuerza militar fuera de las fronteras de Rusia. Una formalidad a pedir de Putin.

Desde entonces, el conflicto transformó de manera dramática la geopolítica europea y desencadenó una de las crisis más graves en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

Lo que Moscú describió inicialmente como una operación militar limitada derivó en una guerra sangrienta de desgaste que sigue sin una solución política a la vista.

La invasión rusa se produjo tras años de tensiones, incluidos episodios de guerra híbrida, y la previa anexión de Crimea en 2014.

Como argumento para apoyar la insurgencia separatista rusa en el Donbás, el Kremlin instaló la narrativa de “desnazificar” y “desmilitarizar” Ucrania, ante la amenaza que, decían, suponía para Rusia.

Pero aquella invasión masiva generó una resistencia ucraniana inesperadamente fuerte y dio por tierra rápidamente con las predicciones de una victoria rusa rápida.

Guerra Rusia-Ucrania. Una mujer mira desde su ventana en Kiev, tras un ataque ruso de drones en los últimos días. (AP)

El costo humano

Uno de los aspectos más devastadores del conflicto es su costo humano. Las cifras completas reales son difíciles de verificar porque ni Rusia ni Ucrania publican datos oficiales completos.

Sin embargo, estimaciones de organizaciones especializadas sugieren que las bajas combinadas (soldados muertos, heridos o desaparecidos) son entre 1,8 y casi 2 millones entre ambos bandos desde 2022 hasta principios de 2026, según la organización Center for Strategic and International Studies (CSIS).

Las cifras son elocuentes:

  • Fuerzas ucranianas: estiman entre 500 mil y 600 mil bajas (con deserciones y desapariciones), incluyendo entre 100 mil y 140 mil muertes.
  • Civiles: al menos 14 mil civiles murieron y más de 36 mil heridos fueron reportadas por la Misión de Derechos Humanos de la ONU hasta finales de 2025.
  • Fuerzas rusas: más de 1,2 millones de efectivos habrían sido muertos o heridos desde el inicio de la guerra, con al menos 325 mil soldados rusos muertos según el CSIS.

Estas cifras sitúan a la guerra en Ucrania entre los conflictos más mortales de este siglo y la más mortífera en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial.

Economías en la cuerda floja

Además de las pérdidas humanas, el conflicto tiene un enorme costo económico para ambas partes y para la economía global:

Para Rusia, el gasto militar directo y los efectos de las sanciones son colosales. Según estimaciones gubernamentales y públicas, la guerra y el financiamiento del esfuerzo bélico requirieron decenas de miles de millones de dólares, con pérdidas económicas acumuladas que superan cientos de miles de millones debido a sanciones, caída de exportaciones de energía y reestructuración económica forzada.

El gobierno niega que existan problemas, pero algunos datos sugieren un declive como potencia económica y tecnológica.

El crecimiento del PIB ruso se desaceleró al 0,6% en 2025.

La inversión militar es en gran parte la que sostiene la mano de obra rusa.

La dependencia de China aumentó: el gigante asiático suministra el 70% de las importaciones de perclorato de amonio (esencial para combustible de misiles) y una vasta cantidad de componentes de doble uso necesarios para sostener el esfuerzo de guerra.

A pesar de la retórica del Kremlin sobre una victoria inevitable, Rusia está pagando un precio demasiado alto.

En el caso de Ucrania, el país sufre por una economía devastada, infraestructura crítica destruida y una caída dramática de su productividad. El gasto de reconstrucción y defensa se proyecta en cifras incontables debido al impacto en el tejido económico nacional y europeo.

Esto es así porque conflicto también provoca impactos demográficos y sociales: la población ucraniana cayó, con más de 5 millones de refugiados, millones de desplazados internos y un profundo deterioro demográfico a largo plazo.

Actualmente, Rusia controla aproximadamente 120 mil kilómetros cuadrados, lo que representa el 20% del territorio de Ucrania. Esto incluye Crimea y partes del Donbás tomadas antes de 2022.

Desde la invasión de 2022, Rusia capturó 75 mil kilómetros cuadrados adicionales.

Crímenes de guerra

Desde el inicio de la agresión, Amnistía Internacional documentó violaciones graves de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario cometidas por las fuerzas rusas, además de sólidas pruebas de crímenes de guerra.

Entre ellas, atacar directamente a civiles o a bienes de carácter civil. En lugares como Bucha y Borodyanka, las tropas rusas mataron a residentes, así como sucedió con el bombardeo del Teatro Dramático de Donetsk, en Mariúpol, que albergaba a cientos de personas desplazadas.

Las fuerzas rusas también capturaron y detuvieron a civiles en territorios ocupados y, en muchos casos, han sido enviados a centros de detención en Rusia.

Hay denuncias de tortura, malos tratos y procesos abusivos contra niños y niñas, personas mayores y personas con discapacidad.

Conversaciones sin acuerdo

En estos cuatro años no se alcanzó ningún acuerdo de paz sustantivo, o al menos algún avance importante para un cese del fuego, pese a intensos esfuerzos diplomáticos liderados por los Estados Unidos en diferentes escenarios.

En los últimos meses se celebraron rondas de negociaciones en Ginebra y Abu Dabi con mediación estadounidense, como parte de los intentos por poner fin al conflicto.

Rusia es inflexible en cuanto a exigir el reconocimiento de su control sobre territorios ocupados, la neutralización militar de Ucrania y garantías de no adhesión a la OTAN.

Ucrania, por su parte, insiste en la retirada completa de las tropas rusas, seguridad internacional y garantías para no ser atacada nuevamente. Y rechaza concesiones territoriales, a las que consideraría una capitulación.

Las últimas rondas en Ginebra terminaron sin avances concretos para un alto el fuego o para un tratado final, aunque las delegaciones reconocieron ciertos “avances técnicos”, en relación a ciertos mecanismos de alto el fuego o intercambio de prisioneros.

Funcionarios estadounidenses defienden su mediación, con un optimismo que muchos ven desmesurado: creen que hay pasos hacia una posible paz, pero las diferencias clave permanecen sin resolución y tampoco hay un calendario claro a la vista sobre cómo continuar la negociación.

Qué se puede esperar

A corto plazo, en el horizonte del conflicto no hay señales de que la violencia vaya a cesar: los ataques continúan, la diplomacia está estancada, nadie cede nada y se podrían intensificar las sanciones de Occidente a Rusia, aunque el alcance y la utilidad de las mismas sigue siendo objeto de debate, en especial para una Europa desesperada por el gas y el petróleo.

Muchos analistas coinciden en que si no hay compromisos sobre territorio y garantías de seguridad, la guerra puede prolongarse varios años más.

Por ahora no hay datos alentadores como para pensar en otra alternativa.

​Pasaron cuatro años ya desde aquel 24 de febrero en el que el presidente ruso Vladimir Putin anunció por televisión la “operación militar especial” en la región del Dombás; los misiles comenzaron a impactar en diversos puntos de Ucrania, y las fuerzas terrestres rusas cruzaron la frontera para iniciar múltiples ofensivas.Tres días antes, Rusia había reconocido a la República Popular de Donetsk y a la República Popular de Lugansk, dos estados pro-rusos al este de Ucrania. El 22 de febrero, el Consejo de la Federación de Rusia autorizó por unanimidad al presidente a utilizar la fuerza militar fuera de las fronteras de Rusia. Una formalidad a pedir de Putin.Desde entonces, el conflicto transformó de manera dramática la geopolítica europea y desencadenó una de las crisis más graves en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Lo que Moscú describió inicialmente como una operación militar limitada derivó en una guerra sangrienta de desgaste que sigue sin una solución política a la vista.La invasión rusa se produjo tras años de tensiones, incluidos episodios de guerra híbrida, y la previa anexión de Crimea en 2014.Como argumento para apoyar la insurgencia separatista rusa en el Donbás, el Kremlin instaló la narrativa de “desnazificar” y “desmilitarizar” Ucrania, ante la amenaza que, decían, suponía para Rusia. Pero aquella invasión masiva generó una resistencia ucraniana inesperadamente fuerte y dio por tierra rápidamente con las predicciones de una victoria rusa rápida. El costo humanoUno de los aspectos más devastadores del conflicto es su costo humano. Las cifras completas reales son difíciles de verificar porque ni Rusia ni Ucrania publican datos oficiales completos. Sin embargo, estimaciones de organizaciones especializadas sugieren que las bajas combinadas (soldados muertos, heridos o desaparecidos) son entre 1,8 y casi 2 millones entre ambos bandos desde 2022 hasta principios de 2026, según la organización Center for Strategic and International Studies (CSIS). Las cifras son elocuentes:Fuerzas ucranianas: estiman entre 500 mil y 600 mil bajas (con deserciones y desapariciones), incluyendo entre 100 mil y 140 mil muertes. Civiles: al menos 14 mil civiles murieron y más de 36 mil heridos fueron reportadas por la Misión de Derechos Humanos de la ONU hasta finales de 2025. Fuerzas rusas: más de 1,2 millones de efectivos habrían sido muertos o heridos desde el inicio de la guerra, con al menos 325 mil soldados rusos muertos según el CSIS. Estas cifras sitúan a la guerra en Ucrania entre los conflictos más mortales de este siglo y la más mortífera en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Economías en la cuerda flojaAdemás de las pérdidas humanas, el conflicto tiene un enorme costo económico para ambas partes y para la economía global:Para Rusia, el gasto militar directo y los efectos de las sanciones son colosales. Según estimaciones gubernamentales y públicas, la guerra y el financiamiento del esfuerzo bélico requirieron decenas de miles de millones de dólares, con pérdidas económicas acumuladas que superan cientos de miles de millones debido a sanciones, caída de exportaciones de energía y reestructuración económica forzada. El gobierno niega que existan problemas, pero algunos datos sugieren un declive como potencia económica y tecnológica.El crecimiento del PIB ruso se desaceleró al 0,6% en 2025.La inversión militar es en gran parte la que sostiene la mano de obra rusa.La dependencia de China aumentó: el gigante asiático suministra el 70% de las importaciones de perclorato de amonio (esencial para combustible de misiles) y una vasta cantidad de componentes de doble uso necesarios para sostener el esfuerzo de guerra.A pesar de la retórica del Kremlin sobre una victoria inevitable, Rusia está pagando un precio demasiado alto.En el caso de Ucrania, el país sufre por una economía devastada, infraestructura crítica destruida y una caída dramática de su productividad. El gasto de reconstrucción y defensa se proyecta en cifras incontables debido al impacto en el tejido económico nacional y europeo. Esto es así porque conflicto también provoca impactos demográficos y sociales: la población ucraniana cayó, con más de 5 millones de refugiados, millones de desplazados internos y un profundo deterioro demográfico a largo plazo. Actualmente, Rusia controla aproximadamente 120 mil kilómetros cuadrados, lo que representa el 20% del territorio de Ucrania. Esto incluye Crimea y partes del Donbás tomadas antes de 2022. Desde la invasión de 2022, Rusia capturó 75 mil kilómetros cuadrados adicionales.Crímenes de guerraDesde el inicio de la agresión, Amnistía Internacional documentó violaciones graves de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario cometidas por las fuerzas rusas, además de sólidas pruebas de crímenes de guerra. Entre ellas, atacar directamente a civiles o a bienes de carácter civil. En lugares como Bucha y Borodyanka, las tropas rusas mataron a residentes, así como sucedió con el bombardeo del Teatro Dramático de Donetsk, en Mariúpol, que albergaba a cientos de personas desplazadas.Las fuerzas rusas también capturaron y detuvieron a civiles en territorios ocupados y, en muchos casos, han sido enviados a centros de detención en Rusia. Hay denuncias de tortura, malos tratos y procesos abusivos contra niños y niñas, personas mayores y personas con discapacidad.Conversaciones sin acuerdoEn estos cuatro años no se alcanzó ningún acuerdo de paz sustantivo, o al menos algún avance importante para un cese del fuego, pese a intensos esfuerzos diplomáticos liderados por los Estados Unidos en diferentes escenarios.En los últimos meses se celebraron rondas de negociaciones en Ginebra y Abu Dabi con mediación estadounidense, como parte de los intentos por poner fin al conflicto. Rusia es inflexible en cuanto a exigir el reconocimiento de su control sobre territorios ocupados, la neutralización militar de Ucrania y garantías de no adhesión a la OTAN. Ucrania, por su parte, insiste en la retirada completa de las tropas rusas, seguridad internacional y garantías para no ser atacada nuevamente. Y rechaza concesiones territoriales, a las que consideraría una capitulación. Las últimas rondas en Ginebra terminaron sin avances concretos para un alto el fuego o para un tratado final, aunque las delegaciones reconocieron ciertos “avances técnicos”, en relación a ciertos mecanismos de alto el fuego o intercambio de prisioneros. Funcionarios estadounidenses defienden su mediación, con un optimismo que muchos ven desmesurado: creen que hay pasos hacia una posible paz, pero las diferencias clave permanecen sin resolución y tampoco hay un calendario claro a la vista sobre cómo continuar la negociación. Qué se puede esperar A corto plazo, en el horizonte del conflicto no hay señales de que la violencia vaya a cesar: los ataques continúan, la diplomacia está estancada, nadie cede nada y se podrían intensificar las sanciones de Occidente a Rusia, aunque el alcance y la utilidad de las mismas sigue siendo objeto de debate, en especial para una Europa desesperada por el gas y el petróleo.Muchos analistas coinciden en que si no hay compromisos sobre territorio y garantías de seguridad, la guerra puede prolongarse varios años más. Por ahora no hay datos alentadores como para pensar en otra alternativa.  La Voz