• 19 de marzo de 2026 21:27

Reservas y deuda: por qué el riesgo país sigue alto, según tres de las voces más escuchadas en el mercado

Porradioplayjujuy

Mar 19, 2026

Aunque la Argentina muestra hoy un cuadro macroeconómico más ordenado que en los últimos años —con equilibrio fiscal, menor inflación que en el arranque del programa y una deuda pública relativamente baja en relación al PBI—, el riesgo país sigue en niveles elevados y no logra converger hacia el nivel de otros emergentes. Este jueves se ubicó en torno a los 614 puntos básicos, por encima de los menos de 500 que había tocado a fines de enero, aunque muy por debajo de los más de 1000 previos a las elecciones legislativas.

Ese fue uno de los ejes centrales del panel sobre deuda, estabilización y acceso a los mercados del 21º Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas del IAEF, en el que participaron Miguel Kiguel y Daniel Marx, ambos exsecretarios de Finanzas, y Todd Martínez, co-jefe de Calificación Soberana para las Américas de Fitch Ratings.

Desde distintos enfoques, los tres coincidieron en un punto: la compresión adicional del riesgo país no dependerá solo del ajuste fiscal o de la solvencia contable de la deuda, sino de la capacidad de la Argentina para fortalecer reservas, mejorar su perfil de financiamiento y construir un esquema más robusto frente a shocks externos.

Martínez planteó esa idea desde la lógica de las calificadoras. Fitch mantiene actualmente a la Argentina en CCC+ para la deuda en moneda extranjera de largo plazo, un nivel asociado a riesgos de crédito muy elevados. Recordó que la mejora de la nota en 2024 respondió a una mayor confianza en la capacidad de pago, pero advirtió que el próximo escalón —hacia la zona de B-— exigirá algo más que cumplir con los vencimientos.

Todd Martínez, co-jefe de Calificación Soberana para las Américas de Fitch Ratings.

“No solo queremos ver acumulación mientras se paga la deuda: queremos ver que incluso pagando la deuda haya una acumulación de reservas que genere un colchón frente a un shock inesperado”, señaló. En otras palabras, la clave no es solo evitar el incumplimiento en el escenario base, sino demostrar resiliencia ante eventos adversos.

Ese diagnóstico dialogó de manera directa con la presentación de Kiguel, actual director ejecutivo de Econviews. El economista destacó que, si se excluye la deuda intra sector público, la deuda argentina ronda niveles cercanos al 40% del PBI, un ratio que calificó como “manejable” y que, en condiciones normales, no justificaría un riesgo país tan elevado.

Sin embargo, advirtió que la comparación con otros emisores de baja calificación muestra que la Argentina quedó rezagada: mientras países también catalogados dentro del universo más riesgoso operan con spreads en torno a los 400 puntos básicos, la deuda argentina mantiene un diferencial cercano a los 200 puntos adicionales. Para Kiguel, una parte central de la explicación está en la debilidad de las reservas y en la composición de la deuda. “Nuestra deuda es casi toda en dólares”, remarcó.

En esa línea, el economista de Econviews sostuvo que la acumulación de reservas es más importante para la Argentina que para otros soberanos, justamente porque el margen para absorber tensiones cambiarias o financieras es menor. Y aunque reconoció que el Banco Central (BCRA) volvió a comprar divisas —con adquisiciones por unos US$3611 millones en lo que va del año—, señaló que una parte sustancial de ese flujo fue absorbido por el Tesoro para atender vencimientos (alrededor de US$3.500 millones, según estimaciones privadas), lo que explica por qué las reservas netas siguen en niveles bajos.

Marx, director ejecutivo de Quantum Finanzas, coincidió en ese diagnóstico, pero agregó otro elemento: la calidad y estabilidad de las fuentes de financiamiento. Señaló que el riesgo país no refleja solo una cuestión de montos de deuda o de disciplina fiscal, sino también la percepción de que la Argentina sigue dependiendo en buena medida de fuentes “extraordinarias” de financiamiento internacional, algo que no puede considerarse normal ni permanente.

A eso sumó un factor técnico: la estructura de acreedores y la subordinación de los bonos soberanos, que también incide en la forma en que el mercado valora el riesgo. En ese contexto, planteó que el desafío es construir una estructura más sostenible “con méritos propios”, reduciendo la dependencia de esas fuentes.

Daniel Marx

Según Marx, una estrategia más sólida debería apoyarse en el desarrollo del mercado local en moneda extranjera y en pesos, con instrumentos de mayor plazo y menor volatilidad. Su planteo fue que el Tesoro puede seguir interviniendo para acumular divisas destinadas al pago de servicios de deuda, al tiempo que expande las posibilidades del mercado doméstico. En su visión, no se trata necesariamente de volver cuanto antes al mercado internacional, sino de construir primero una base más estable de financiamiento local que permita bajar el costo de capital.

La discusión no es menor porque el calendario de deuda sigue siendo exigente. Kiguel relativizó las preocupaciones sobre los vencimientos de 2027 y sostuvo que, si el país sigue haciendo “las cosas bien”, no debería tener problemas para conseguir financiamiento. Marx, en tanto, consideró que esos compromisos son “manejables” en la medida en que el sistema gane estabilidad y permita extender plazos.

Sin embargo, las cifras marcan la magnitud del desafío. Según JP Morgan, entre 2027 y 2030 el servicio de deuda promedio ronda los US$27.700 millones anuales, un nivel que refuerza la necesidad de recuperar acceso al financiamiento internacional o, alternativamente, desarrollar fuentes domésticas más profundas.

Durante el mismo evento, en el panel siguiente, el ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que el Gobierno ya tiene identificadas las fuentes para cubrir vencimientos por unos US$9000 millones en el corto plazo, correspondientes a los próximos pagos de capital. Sin dar precisiones, planteó que la estrategia combinará distintas herramientas de refinanciamiento y relativizó el impacto de los movimientos recientes en el riesgo país, al vincularlos con factores transitorios.

La visión de Fitch complementó ese punto con una lectura más amplia del contexto externo. Martínez advirtió que la suba del petróleo vinculada al conflicto en Irán puede tener un efecto ambiguo sobre la Argentina: por un lado, mejora los términos de intercambio y ayuda al balance de pagos; por otro, puede complicar la desinflación y afectar el crecimiento.

Aun así, subrayó que el factor decisivo para la calificación soberana sigue siendo la capacidad de construir un “colchón” de liquidez. Es decir, aprovechar eventuales shocks favorables no alcanza si no se transforman en una posición externa más sólida.

En definitiva, el panel dejó una coincidencia relevante: la Argentina ya corrigió parte de los desequilibrios que explicaban su crisis, pero todavía no logró convencer al mercado de que esa mejora es suficiente para atravesar episodios de estrés sin sobresaltos. Mientras la deuda siga concentrada en moneda extranjera, las reservas continúen en niveles débiles y el acceso al financiamiento dependa de condiciones todavía excepcionales, el riesgo país seguirá funcionando como un límite.

​Miguel Kiguel, Daniel Marx y Todd Martínez coincidieron en que una baja sostenida del indicador depende de corregir debilidades externas y consolidar la estabilidad macro; compartieron panel en el IAEF  Economía