• 9 de junio de 2026 18:05

Profundo y sensible: así es la versión local de Billy Elliot, el musical que se convierte en un gran espectáculo

Porradioplayjujuy

Jun 9, 2026

Autores: Lee Hall (libro y letras) y Elton John (música). Director general: Rubén Szuchmacher. Director musical: Gaby Goldman. Director coreográfico: Gustavo Wons. Elenco: Osvaldo Laport, Alejandra Perlusky, Graciela Pal, Deborah Turza, Sacha Bercovich, Alfredo Castellani e Iñaki Agustín; y Joaquín Mondino Formichelli, Mateo Tognolotti y Fran Molosaj (como Billy Elliot, alternadamente) y otros. Escenografía: Jorge Ferrari. Iluminación: Gonzalo Córdova. Vestuario: Sofía Di Nunzio. Sonido: Gastón Briski. Sala: Teatro Opera (av. Corrientes 860). Funciones: miércoles y jueves a las 19.30, viernes a las 20, sábados a las 16 y 20 y domingos a las 15.30 y 19.30. Duración: 155 minutos (con un intervalo). Nuestra opinión: Muy buena.

Es uno de los mejores musicales de las últimas décadas. Profundo, sensible y con música de Elton John. Y la versión local le hace justicia. Billy Elliot primero fue una película inglesa que llegó a los Oscar en 2001 y luego un musical hecho y derecho (que fue dirigido por el mismo responsable de la versión cinematográfica, Stephen Daldry) que se estrenó en el West End londinense en 2005, realizó 4600 representaciones y bajó de cartel aún con éxito en 2016.

Se trata de un musical con un tinte político/social inusual, a enorme distancia de la mayoría de los exponentes del género. Transcurre a mediados de los ochenta, en Inglaterra, durante el retroceso de la industria minera que propició el gobierno conservador de Margaret Thatcher. En medio de una comunidad que defiende con un férreo paro su derecho al trabajo, se encuentra Billy Elliot, un niño de 11 años que –a contrapelo de lo que se espera de él– descubre el placer de la danza y debe decidir si perseguir sus sueños o quedarse encerrado en una dinámica familiar que lo limita y acorrala.

Billy, un chico de 11 años que lucha por cumplir un sueño y salir de un ambiente hostil

Billy Elliot también es un retrato de la clase obrera inglesa (otra singularidad de la propuesta), con sus modismos, humoradas y hasta insultos. En este caso, el de la ficticia ciudad de Everington, pero que bien podría ser cualquier localidad real del norte de Inglaterra, donde sí se produjo un histórico conflicto minero entre 1984 y 1985. Los Elliot son un exponente claro de ese estrato social: está el padre alcohólico que no puede superar la muerte de su mujer; la abuela que recuerda a su esposo abusivo y el hermano mayor, que resulta ser tan prejuicioso y violento como vulnerable. A ellos se suma la otra heroína de esta historia: Mrs. Wilkinson, la profesora de baile barrial con marido desocupado que percibe el talento de Billy y lo desafía (con métodos poco convencionales) a que estudie y lo desarrolle.

En el público argentino las referencias a Margaret Thatcher seguramente tendrán otras resonancias (aunque en la obra no se hace ninguna alusión a la, entonces, reciente Guerra de Malvinas). También podrían repercutir las alusiones a la crisis económica y a la pérdida de empleos, que, como ya se sabe, aquí siempre están a la vuelta de la esquina. De esta manera Billy Elliot, sin pretenderlo, se erige en el musical foráneo más cercano a nuestras vivencias y vaivenes de la cartelera teatral porteña.

En cuanto a lo estrictamente musical, la obra está muy bien estructurada. Tiene cuadros grupales y solistas, algunos solo cantados o bailados y otros –los mejores- integrales. Dentro de estos últimos destacan notoriamente los dos que suceden en la academia de baile, con la profesora, las alumnas, Billy y el profesor de piano, y el que protagonizan Billy y su amigo Michael: un tour de force pleno de tap, tan brillante como desopilante (que además da cuenta de otro de los tópicos que abarca la obra: el de la diversidad). Mención aparte para el segmento de Eléctrico, el tema en el que Billy da rienda suelta a lo que siente cuando baila. Tan agotador como emocionante. Después, claro, está el originalísimo segundo final (posterior al saludo de la compañía), pero de eso es mejor no anticipar nada.

Alejandra Perlusky y Osvaldo Laport, la profesora de danza y el padre de Billy, respectivamente

Si bien los cuadros, individualmente, están todos logrados, aún resta encontrar el equilibrio exacto entre las escenas épicas, las emotivas y las musicales. Es de esperar que con el correr de las funciones el eximio director general Rubén Szuchmacher (de reconocida trayectoria en teatro de texto y opera) logre nivelar la balanza. Más allá de esta objeción, no hay dudas de que Billy Elliot es, de lejos, uno de los mejores espectáculos del circuito comercial (de todos los géneros). Un evento teatral. Y, desde ya, merecería permanecer en cartel más allá de la programada temporada invernal.

En el elenco sobresalen Osvaldo Laport, que sorprende con una composición profunda y sensible del padre de Billy y Alejandra Perlusky, en el rol que por fin le ofrece la posibilidad de demostrar su triple talento de actriz, cantante y bailarina: el de la profesora de ballet agria pero de buen corazón. También se lucen Graciela Pal, como la deliciosa abuela desmemoriada; Sacha Bercovich, como el hermano frustrado y resentido (en su mejor labor hasta ahora); Alfredo Castellani, como el entrenador de box cascarrabias; Iñaki Agustín, como el pianista que se revela como un dotado bailarín; y Déborah Turza, dueña de una hermosa voz, como la entrañable madre de Billy. Mención aparte para los niños Lautaro Muro López (con un futuro muy promisorio), como el desprejuiciado amigo de Billy y Joaquín Mondino Formichelli, en el papel que da título al musical, que interpreta complejas coreografías y logra transmitir (en parte) las distintas pulsiones que anidan en el alma de Billy. Además, es justo destacar al resto del elenco adulto (integrado por nombres muy conocidos y valorados de la comedia musical) y del infantil, que incluye más de una revelación. En total son 40 actores en escena, que lo entregan todo.

El estreno de Billy Elliot marca el regreso al país de Gaby Goldman, el excelente director musical que, tras años de trayectoria local, hizo carrera en España cumpliendo funciones en numerosos musicales (incluido Billy Elliot, en 2017). Aquí, al comando de una orquesta de nueve músicos, vuelve a poner la vara muy alta para el resto de sus colegas. Otro de los puntales de este espectáculo son las coreografías de Gustavo Wons: variadas, dinámicas y ajustadas. Por último, debe reconocerse el enorme esfuerzo de producción de Diego y Omar Romay, que permite que un musical conmovedor y de calidad, premiado internacionalmente, hoy ocupe un teatro en la avenida Corrientes.

4 stars

​La obra, con música de Elton John, cuenta la historia de un chico que, a contracorriente, apuesta por la danza; se presenta en el Teatro Ópera  Teatro