• 6 de febrero de 2026 05:20

Por una rara enfermedad le trasplantaron el hígado y su mamá fue la donante: “Él me dio serenidad, su calma me sostuvo”

Porradioplayjujuy

Feb 6, 2026

A veces, la vida se encarga de acomodar sus propias piezas. Un nombre que aparece en el momento justo, una puerta que se abre, una coincidencia que se vuelve destino. La historia de Timeo está hecha de esas señales. Pero si se la cuenta entera, si se vuelve al principio, lo que realmente sorprende no son las casualidades, sino la manera en la que él las atravesó: con calma, con humor, con esa claridad instintiva de los chicos que no dramatizan lo que comprenden.

Nació en 2018, en Buenos Aires. A los pocos días, los valores de bilirrubina no bajaban. La lámpara (un tratamiento seguro que utiliza luz azul especial para descomponer el exceso de bilirrubina en la sangre) no alcanzaba, los números no cambiaban. Después vinieron las palabras nuevas: atresia de las vías biliares. Una enfermedad poco frecuente que hace que la bilis no se elimine desde el hígado hasta el intestino y, si no se corrige, el hígado va progresivamente perdiendo su funcionalidad.

Timeo recién nacido.

“Estábamos ansiosos ya que existía una fecha límite»

Lucas López Touceda, papá de Timeo, llamó al padre de uno de sus mejores amigos de la infancia para pedirle un consejo, el doctor Puigdevall. Por esas cosas de la vida terminó siendo una eminencia en cirugía pediátrica y había aprendido medio siglo atrás en Japón la técnica de Kasai directamente de su creador. Fue quien la trajo a la Argentina. A los dos meses de vida, él operó a Timeo.

“Estábamos ansiosos ya que existía una fecha límite para que la cirugía tuviera el mejor resultado posible. También mucho miedo al tratarse de una intervención mayor con duración de 5 horas”, recuerda Justine van Dongen, la mamá de Timeo.

La cirugía de Kasai fue realizada con éxito en una clínica de San Isidro. Aunque por una colangitis leve, su internación se extendió y duró un mes, Timeo bebé se recuperó. Luego vino el seguimiento. Bajo el cuidado de la hepatóloga Ivone Malla, se trasladaron los controles al Hospital Universitario Austral.

La sonrisa de Timeo y de Justine, su mamá, luego del exitoso trasplante.

Crecía fuerte, curioso y sin miedo

Durante años, si bien los estudios mostraban un deterioro afortunadamente lento pero inevitable, la calidad de vida de Timeo se mantuvo estable. Con el respaldo de la medicación él crecía fuerte, curioso, sin miedo.

“Timeo tuvo la posibilidad de hacer una vida en un 95% normal ya que el resultado de la cirugía fue muy bueno. Tenía restricciones con la comida, sin sal y sin azúcar, para contrarrestar cuestiones colaterales que se van generando por el mal funcionamiento del hígado. Por ejemplo, hipertensión en vena porta, varices en el esófago y dilatación del bazo. Este último complicaba su posibilidad de realizar actividades deportivas ya que, al estar inflamado, recibir un golpe podría generarle un riesgo de vida por la facilidad con que se rompe. Sin embargo, es algo que se arregló con un corset plástico que lo protegía para que pudiera practicar todos los deportes que quisiera”, cuenta Justine.

Jugando al fútbol, una de sus grandes pasiones.

Con sus amigos hacía vida normal, ellos siempre atentos a su condición y cuidándolo para que no se olvidara de ponerse el protector, sabiendo además qué cosas podía comer y qué no.

En la escuela jugaba al básquet y al fútbol, competitivo, pero siempre con muy buena actitud.

El hígado empezó a mostrar señales de fatiga

Con los años, sin embargo, el hígado empezó a mostrar señales de fatiga. Las enzimas subían, el abdomen se agrandaba un poco. Los médicos hablaban de hipertensión portal, de várices esofágicas, de esos signos que indican que el órgano empieza a desgastarse. “Nos lo explicaron muchas veces: el Kasai no cura la enfermedad, solo le gana tiempo”, expresa Justine.

Junto a sus padres antes de la operación.

En diciembre de 2024, durante un control en el Austral, la doctora Malla les dijo lo que ambos sabían, pero no querían escuchar: “El trasplante será este año”. “Yo me quedé helado, aunque también fue un alivio. Era lo que tocaba. Timeo estaba fuerte, era el momento justo”, recuerda su papá.

El equipo del doctor Martín Fauda, director del área de Hepatología Infantil y Trasplante Hepático Pediátrico del Hospital Universitario Austral, inició los estudios. La donante sería Justine. Era, por fortuna, compatible.

Se tomaron la mano, se abrazaron fuerte

“Después de hacernos todos los estudios en julio para confirmar nuestra compatibilidad, se determinó la fecha de las dos cirugías: 12 de agosto. Tuvimos unas dos semanas para asimilar y prepararnos mentalmente para lo que siempre había estado en un rincón de nuestras cabezas, pero de forma silenciosa. Ahora se estaba por concretar y las emociones eran mezcladas, fuertes, entre miedo, angustia y ansiedad de que ya suceda, como cuando uno se despierta después de haber tenido un mal sueño. Fueron días de estar a flor de piel, con ganas de llorar y de que no sea cierto, pero de querer llegar al día lo antes posible al mismo tiempo”, se emociona Justine.

La operación fue el 12 de agosto de 2025. Justine y Timeo entraron casi en simultáneo al quirófano del Austral. Los prepararon por separado, pero sus camillas se cruzaron por azar en la sala de preparación y pudieron compartir un ratito muy intenso y lleno de emociones. Se tomaron la mano, se abrazaron fuerte. Las operaciones duraron cuatro horas y media, y tres horas, respectivamente. El fragmento del hígado de Justine funcionó de inmediato.

Las primeras horas después del trasplante fueron lentas. Timeo no podía beber ni comer. Lucas le humedecía los labios con una gasa. A las 48 horas, ya estaba mucho mejor: pidió su Nintendo, jugó al Mario Kart desde la cama con su hermano mayor, con las sondas todavía puestas.

Junto a los cirujanos que llevaron adelante el trasplante.

“Él fue quien me dio serenidad, su calma me sostuvo”

Los médicos hablaban de una evolución excelente. Justine, mientras tanto, se recuperaba también. La cirugía había sido larga, pero sin complicaciones. “Tenía miedo, nunca había pasado por un quirófano. No solo le temía al dolor, sino a no poder estar para mi hijo si algo salía mal”.

A los pocos días Justine volvió a caminar por los pasillos del hospital. Y cuando, por fin, vio a su pequeño despierto, respiró tranquila. “Él fue quien me dio serenidad, su calma me sostuvo”.

En las semanas siguientes, cada control fue una confirmación. Los valores bajaban, las enzimas se normalizaban. “Tuvo, por fin, el primer hepatograma normal de su vida”, dice, aliviado, Lucas.

Con sus padres y hermanos.

En octubre del 2025 Timeo volvió al colegio. Un día después fue a un campamento. No durmió en carpa, pero jugó al fútbol como siempre: marcando sin miedo.

En casa escribió dos tarjetas. A su mamá: Gracias por darme tu pedacito. A su papá: Gracias por acompañarme.

Hoy vive en Martínez, con Justine, Lucas, su hermanita Mila (4 años) y sus hermanos grandes: Jerónimo (21), Lola (18) y Marat (16). Toma inmunosupresores, entre otros varios remedios, y tiene controles periódicos. Juega al fútbol, la rompe en básquet, lee El diario de Greg. Sus compañeritos lo buscan siempre para armar equipo. Tiene una manera natural de hacer amigos: observa antes de hablar, se ríe con facilidad, se toma su tiempo cuando es necesario. “Cuando lo veo correr, siento que la vida nos dio más de lo que esperábamos. Es maravilloso haber tenido la chance de darle la vida, no una sino dos veces”.

Timeo y la experiencia de surfear varias olas.

¿Qué les enseña día a díaTimeo?

Sin duda, Timeo nos impactó con su valentía y fuerza para recuperarse y soportar cada día las dificultades y dolores relacionados a un post trasplante. Estamos convencidos de que fue un ejemplo de resiliencia y superación para muchas personas que lo conocen, más allá de nuestra propia familia.

¿Cómo imaginan su futuro?

Tenemos plena fe de que Timeo será capaz de lograr todo lo que se proponga, ya que su condición lo llevó a ser un guerrero inconscientemente y no le teme a los obstáculos. En lo que sea que haga, lo imaginamos pujando con alegría para adelante. Él sabe que fue muy fuerte y no es ajeno al orgullo que su actitud generó alrededor suyo. Esa fuerza que tiene adentro no se la quita nadie.

Jugando con una de sus hermanas.

Un mensaje para las personas que se encuentran en lista de espera aguardando para ser trasplantadas

A pesar de todos los miedos y dudas más que legítimos, tengan confianza en el equipo médico que elijan, hacen un trabajo increíble. Y confíen también en el poder de su cuerpo para luchar siempre por la vida. Es un momento muy duro e intenso, pero hay que transitarlo; y cuando se termina superando abre las puertas a una segunda vida, mucho mejor aún.

​Timeo tiene atresia de las vías biliares, una enfermedad poco frecuente que si no se corrige el hígado va progresivamente perdiendo su funcionalidad  Lifestyle