El expríncipe Andrés se encuentra nuevamente en el ojo del huracán tras la difusión de correos electrónicos que lo vinculan directamente con el fallecido Jeffrey Epstein.
Los documentos, filtrados por el Gobierno estadounidense como parte de los “archivos Epstein”, revelan que en 2010 Andrés invitó al magnate y a una joven rumana a una cena privada en el Palacio de Buckingham.
Según los intercambios, Epstein contactó al entonces duque de York para concretar un encuentro durante su estancia en Londres. Ante la propuesta, Andrés (quien firmaba sus mensajes con la inicial ‘A’) ofreció diversas opciones de privacidad, sugiriendo finalmente el Palacio de Buckingham: “Alternativamente, podríamos cenar en el Palacio de Buckingham y con mucha privacidad”.
Epstein aceptó la invitación y solicitó llevar acompañantes, mencionando específicamente a una mujer rumana descrita como “muy linda”.
La respuesta de Andrés fue inmediata y receptiva: “¡Aquí hay mucho espacio para charlar! Traelos”. Aunque no se conocen los detalles exactos de lo que ocurrió durante la velada, un mensaje posterior de Epstein a la mujer sugiere que el príncipe quedó cautivado por ella. En dicho correo, Epstein le aseguró que, pese a sus inseguridades sobre su vestimenta, Andrés pensó que era “bella”.
Este nuevo capítulo se suma al historial de polémicas del segundo hijo varón de Isabel II, quien se retiró de la vida pública en 2019. La presión social sobre su figura alcanzó un punto crítico en 2025 tras la publicación de las memorias de Virginia Giuffre, quien detalló haber sido víctima de abusos por parte de Andrés cuando era menor de edad.
Si bien el príncipe negó las acusaciones y llegó a un millonario acuerdo judicial en 2022 con Giuffre -quien falleció en abril pasado a los 41 años-, las consecuencias institucionales fueron severas.
En octubre pasado, el Rey Carlos III despojó oficialmente a su hermano de sus títulos hereditarios de príncipe. Como parte de este distanciamiento, el soberano ordenó a Andrés abandonar su histórica residencia en Royal Lodge, dentro del castillo de Windsor, para trasladarse a una propiedad privada en la finca de Sandringham.
El expríncipe Andrés se encuentra nuevamente en el ojo del huracán tras la difusión de correos electrónicos que lo vinculan directamente con el fallecido Jeffrey Epstein. Los documentos, filtrados por el Gobierno estadounidense como parte de los “archivos Epstein”, revelan que en 2010 Andrés invitó al magnate y a una joven rumana a una cena privada en el Palacio de Buckingham.Según los intercambios, Epstein contactó al entonces duque de York para concretar un encuentro durante su estancia en Londres. Ante la propuesta, Andrés (quien firmaba sus mensajes con la inicial ‘A’) ofreció diversas opciones de privacidad, sugiriendo finalmente el Palacio de Buckingham: “Alternativamente, podríamos cenar en el Palacio de Buckingham y con mucha privacidad”. Epstein aceptó la invitación y solicitó llevar acompañantes, mencionando específicamente a una mujer rumana descrita como “muy linda”.La respuesta de Andrés fue inmediata y receptiva: “¡Aquí hay mucho espacio para charlar! Traelos”. Aunque no se conocen los detalles exactos de lo que ocurrió durante la velada, un mensaje posterior de Epstein a la mujer sugiere que el príncipe quedó cautivado por ella. En dicho correo, Epstein le aseguró que, pese a sus inseguridades sobre su vestimenta, Andrés pensó que era “bella”.Este nuevo capítulo se suma al historial de polémicas del segundo hijo varón de Isabel II, quien se retiró de la vida pública en 2019. La presión social sobre su figura alcanzó un punto crítico en 2025 tras la publicación de las memorias de Virginia Giuffre, quien detalló haber sido víctima de abusos por parte de Andrés cuando era menor de edad. Si bien el príncipe negó las acusaciones y llegó a un millonario acuerdo judicial en 2022 con Giuffre -quien falleció en abril pasado a los 41 años-, las consecuencias institucionales fueron severas.En octubre pasado, el Rey Carlos III despojó oficialmente a su hermano de sus títulos hereditarios de príncipe. Como parte de este distanciamiento, el soberano ordenó a Andrés abandonar su histórica residencia en Royal Lodge, dentro del castillo de Windsor, para trasladarse a una propiedad privada en la finca de Sandringham. La Voz

