El mes pasado, la Cordillera de los Andes, a la altura de Chubut, sufrió incendios provocados intencionalmente en localidades como El Hoyo, Epuyén y Cholila. Los habitantes locales fueron afectados, perdiendo desde sus hogares hasta miles de hectáreas de flora y fauna nativas.
En ese contexto, Lucas Heredia propuso realizar un festival musical para recaudar fondos y que estos lleguen a la Asociación Civil sin fines de lucro Antu Quillén, que viene sosteniendo la gestión y la compra de recursos para articular la prevención y la lucha contra los incendios en la zona. La entidad también se encarga de adquirir insumos para damnificados que han perdido sus casas y se encuentran en situación crítica, así como materiales y herramientas para bomberos y brigadistas.
En diálogo con La Voz desde Buenos Aires, el cantautor cuenta las novedades de su carrera y luego explica cómo surgió la idea de ayudar desde la música.
A dos años de haberse instalado en Buenos Aires, Lucas Heredia divide su tiempo entre la Capital y Córdoba. “Estoy la mitad del tiempo en cada lugar. Voy y vuelvo todo el tiempo, estoy más en la ruta 9 que en Buenos Aires o en Córdoba”, grafica el cantautor, que ya lleva 15 años de carrera solista.
La decisión de hacer base en la ciudad porteña, aclara, no implicó un alejamiento de su raíz. “Se dio una oportunidad muy grosa y me quedaba la duda de qué pasaba si me permitía venir. Después de tantos años de laburo, sentí que necesitaba esa experiencia. También darse cuenta de que uno es desde Córdoba tiene otro sentido cuando lo puede ver yéndose”, reflexiona.
Para Heredia, la escena local tiene un peso propio que a veces sólo se dimensiona con distancia. “La industria musical de Córdoba es tremenda. Entenderlo a veces necesita de la distancia para tomar dimensión”, sostiene.
–En lo artístico, ¿en qué etapa estás ahora?
–Estoy terminando de producir un disco nuevo. También voy a sacar unas sesiones en vivo que grabamos íntegramente en Córdoba, en el estudio Islandia, con mi banda. El disco que viene es más de banda, con participaciones especiales de gente muy querida y talentosa de la escena de la canción. Hay algunas sorpresas que se van a ir revelando de a poco.
–Tu último trabajo fue muy íntimo, voz y guitarra. ¿Cómo se traslada eso a la gira?
–El año pasado lo presenté tal cual es el disco, guitarra y voz. Pero algunas canciones crecieron muchísimo cuando las versionamos con banda y ahora forman parte de esas sesiones en vivo que vamos a publicar. En Argentina estoy tocando más con banda. En México y Europa, por la dinámica de las giras, a veces arranco solo y después se suma el grupo.
–¿La relación con los colegas es lo que permite lanzar un festival como el que organizaste?
–La comunidad de la canción es tremendamente generosa. En todos lados aparece alguien que te abre la puerta y te hace sentir en casa. Muchos de los que no estamos en el mainstream hacemos esto por convicciones, por banderas que sostenemos todos los días. Entonces cuando te encontrás con otros que están en la misma, se arma algo muy potente. Algunos de esos artistas incluso participan en el disco nuevo.
–¿Cómo surgió la idea de “Arde la vida”?
–Sentí la necesidad de que, en un momento donde parece que todo es distopía y que hay un tembladeral en el espacio común, nos encontremos. Lo que pasó con los incendios en Chubut es tremendo. Y en Córdoba sabemos muy bien lo que significa ver arder el monte, lo que duele. Me parecía que no podíamos quedarnos de brazos cruzados.
–¿Fue difícil convocar a los artistas? Digo, por motivos de agendas apretadas y demás.
–Para nada. Fue empezar a mandar mensajes una mañana y todos respondieron enseguida: “Vamos”, “contá conmigo”. Creo que muchos estábamos esperando una instancia así. Se sumaron colegas como Piñón Fijo, Juan Pablo Toch, Lore Jiménez, Silvia Lallana, José Luis Aguirre, el coro Mystic Soul y varios más. La Universidad Nacional de Córdoba también respondió de inmediato y puso a disposición la Sala de las Américas.
–¿Qué significa para vos que se haya armado tan rápido?
–Es jugar de memoria. Sentir que con las personas con las que uno cuenta responde automáticamente es hermoso. Para mí, eso también es Córdoba: la generosidad, la conciencia de lo que hay que cuidar. Más allá de la recaudación, creo que va a ser una instancia para respirar, abrazarse y reconocerse en tiempos que son complejos.
–Recién hablabas de sensación de distopía. Quienes viven en la cordillera aún esperan recursos de incendios anteriores. Muchas veces el artista y la solidaridad de la gente parecen llegar donde las autoridades no. ¿Cómo lo ves?
—Siento que hace un tiempo la vocación de quienes deben resolver los problemas se transformó en una carrera por mirar qué mide en Instagram y no qué hay que hacer porque hay que hacerlo. Eso atraviesa a casi todos los espacios de construcción política, lamentablemente. El año pasado hice cuatro giras por toda la zona y fui viendo lugares que ya se habían incendiado antes. Es terrible. No puedo creer que alguien vea eso y no le hierva la sangre. El festival se llama Arde la Vida justamente por eso: porque mi sensación es “me está quemando esto, no puede ser que no pase nada”. Hay personas a las que se les dio poder y recursos para actuar y no actúan. Eso es inexplicable e imperdonable.
—Desde Chubut también destacan que los artistas fueron de de los primeros en reaccionar.
—Me lo decía la gente de Antu Quillén, que es una asociación civil y centro cultural de Epuyén. Ellos organizaron uno de los primeros festivales grandes allá, con músicos como León Gieco y otros referentes, en medio del desastre. Me decían que los artistas fueron quienes respondieron más rápido, que se organizaron en todo el país. Y eso también es un síntoma. Se han reunido más de $ 70 millones en colectas que fueron directamente para personas que perdieron sus casas, para brigadistas oficiales y no oficiales, para bomberos voluntarios. Incluso los cuerpos oficiales no dan abasto. Imaginate quienes viven ahí y salen igual a apagar el fuego.
—Más allá de la crítica, decidiste actuar.
—Exacto. Yo tengo mi posicionamiento, pero no me voy a quedar solo en la queja mientras se sigue quemando todo. Lo que están haciendo desde Antu Quillén y muchísimas personas, incluso desde sus cuentas personales, es increíble. Entonces nuestra parte es reaccionar también.
Para ir
Arde la vida se realizará el martes 24 de febrero desde las 19 en la Sala de las Américas del Pabellón Argentina de Ciudad Universitaria (Av. Dr. Raúl Haya de la Torre s/n, en la Ciudad Universitaria). Las entradas tendrán un valor de $10 mil, $20 mil y $30 mil para que cada persona pueda realizar distintos aportes desde su posibilidad.
El mes pasado, la Cordillera de los Andes, a la altura de Chubut, sufrió incendios provocados intencionalmente en localidades como El Hoyo, Epuyén y Cholila. Los habitantes locales fueron afectados, perdiendo desde sus hogares hasta miles de hectáreas de flora y fauna nativas.En ese contexto, Lucas Heredia propuso realizar un festival musical para recaudar fondos y que estos lleguen a la Asociación Civil sin fines de lucro Antu Quillén, que viene sosteniendo la gestión y la compra de recursos para articular la prevención y la lucha contra los incendios en la zona. La entidad también se encarga de adquirir insumos para damnificados que han perdido sus casas y se encuentran en situación crítica, así como materiales y herramientas para bomberos y brigadistas.En diálogo con La Voz desde Buenos Aires, el cantautor cuenta las novedades de su carrera y luego explica cómo surgió la idea de ayudar desde la música. A dos años de haberse instalado en Buenos Aires, Lucas Heredia divide su tiempo entre la Capital y Córdoba. “Estoy la mitad del tiempo en cada lugar. Voy y vuelvo todo el tiempo, estoy más en la ruta 9 que en Buenos Aires o en Córdoba”, grafica el cantautor, que ya lleva 15 años de carrera solista.La decisión de hacer base en la ciudad porteña, aclara, no implicó un alejamiento de su raíz. “Se dio una oportunidad muy grosa y me quedaba la duda de qué pasaba si me permitía venir. Después de tantos años de laburo, sentí que necesitaba esa experiencia. También darse cuenta de que uno es desde Córdoba tiene otro sentido cuando lo puede ver yéndose”, reflexiona.Para Heredia, la escena local tiene un peso propio que a veces sólo se dimensiona con distancia. “La industria musical de Córdoba es tremenda. Entenderlo a veces necesita de la distancia para tomar dimensión”, sostiene.–En lo artístico, ¿en qué etapa estás ahora?–Estoy terminando de producir un disco nuevo. También voy a sacar unas sesiones en vivo que grabamos íntegramente en Córdoba, en el estudio Islandia, con mi banda. El disco que viene es más de banda, con participaciones especiales de gente muy querida y talentosa de la escena de la canción. Hay algunas sorpresas que se van a ir revelando de a poco.–Tu último trabajo fue muy íntimo, voz y guitarra. ¿Cómo se traslada eso a la gira?–El año pasado lo presenté tal cual es el disco, guitarra y voz. Pero algunas canciones crecieron muchísimo cuando las versionamos con banda y ahora forman parte de esas sesiones en vivo que vamos a publicar. En Argentina estoy tocando más con banda. En México y Europa, por la dinámica de las giras, a veces arranco solo y después se suma el grupo.–¿La relación con los colegas es lo que permite lanzar un festival como el que organizaste?–La comunidad de la canción es tremendamente generosa. En todos lados aparece alguien que te abre la puerta y te hace sentir en casa. Muchos de los que no estamos en el mainstream hacemos esto por convicciones, por banderas que sostenemos todos los días. Entonces cuando te encontrás con otros que están en la misma, se arma algo muy potente. Algunos de esos artistas incluso participan en el disco nuevo.–¿Cómo surgió la idea de “Arde la vida”?–Sentí la necesidad de que, en un momento donde parece que todo es distopía y que hay un tembladeral en el espacio común, nos encontremos. Lo que pasó con los incendios en Chubut es tremendo. Y en Córdoba sabemos muy bien lo que significa ver arder el monte, lo que duele. Me parecía que no podíamos quedarnos de brazos cruzados.–¿Fue difícil convocar a los artistas? Digo, por motivos de agendas apretadas y demás.–Para nada. Fue empezar a mandar mensajes una mañana y todos respondieron enseguida: “Vamos”, “contá conmigo”. Creo que muchos estábamos esperando una instancia así. Se sumaron colegas como Piñón Fijo, Juan Pablo Toch, Lore Jiménez, Silvia Lallana, José Luis Aguirre, el coro Mystic Soul y varios más. La Universidad Nacional de Córdoba también respondió de inmediato y puso a disposición la Sala de las Américas.–¿Qué significa para vos que se haya armado tan rápido?–Es jugar de memoria. Sentir que con las personas con las que uno cuenta responde automáticamente es hermoso. Para mí, eso también es Córdoba: la generosidad, la conciencia de lo que hay que cuidar. Más allá de la recaudación, creo que va a ser una instancia para respirar, abrazarse y reconocerse en tiempos que son complejos.–Recién hablabas de sensación de distopía. Quienes viven en la cordillera aún esperan recursos de incendios anteriores. Muchas veces el artista y la solidaridad de la gente parecen llegar donde las autoridades no. ¿Cómo lo ves?—Siento que hace un tiempo la vocación de quienes deben resolver los problemas se transformó en una carrera por mirar qué mide en Instagram y no qué hay que hacer porque hay que hacerlo. Eso atraviesa a casi todos los espacios de construcción política, lamentablemente. El año pasado hice cuatro giras por toda la zona y fui viendo lugares que ya se habían incendiado antes. Es terrible. No puedo creer que alguien vea eso y no le hierva la sangre. El festival se llama Arde la Vida justamente por eso: porque mi sensación es “me está quemando esto, no puede ser que no pase nada”. Hay personas a las que se les dio poder y recursos para actuar y no actúan. Eso es inexplicable e imperdonable.—Desde Chubut también destacan que los artistas fueron de de los primeros en reaccionar.—Me lo decía la gente de Antu Quillén, que es una asociación civil y centro cultural de Epuyén. Ellos organizaron uno de los primeros festivales grandes allá, con músicos como León Gieco y otros referentes, en medio del desastre. Me decían que los artistas fueron quienes respondieron más rápido, que se organizaron en todo el país. Y eso también es un síntoma. Se han reunido más de $ 70 millones en colectas que fueron directamente para personas que perdieron sus casas, para brigadistas oficiales y no oficiales, para bomberos voluntarios. Incluso los cuerpos oficiales no dan abasto. Imaginate quienes viven ahí y salen igual a apagar el fuego.—Más allá de la crítica, decidiste actuar.—Exacto. Yo tengo mi posicionamiento, pero no me voy a quedar solo en la queja mientras se sigue quemando todo. Lo que están haciendo desde Antu Quillén y muchísimas personas, incluso desde sus cuentas personales, es increíble. Entonces nuestra parte es reaccionar también.Para ir Arde la vida se realizará el martes 24 de febrero desde las 19 en la Sala de las Américas del Pabellón Argentina de Ciudad Universitaria (Av. Dr. Raúl Haya de la Torre s/n, en la Ciudad Universitaria). Las entradas tendrán un valor de $10 mil, $20 mil y $30 mil para que cada persona pueda realizar distintos aportes desde su posibilidad.

