El Vaticano advirtió esta semana al superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) que corre el riesgo de provocar un cisma si avanza con su plan de consagrar nuevos obispos sin el consentimiento del Papa. La advertencia marca una postura firme frente a uno de los principales desafíos doctrinales que enfrenta el pontificado de León XIV en su intento por preservar la unidad de la Iglesia.
El cardenal cordobés Víctor Manuel “Tucho” Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, designado en el cargo por el papa Francisco, formuló la advertencia durante una reunión celebrada el jueves último en el Vaticano con el superior general del influyente grupo católico tradicionalista disidente, reverendo David Pagliarani, informó la Santa Sede.
El encuentro se concretó en el Palacio del Santo Oficio, duró una hora y media y se produjo luego de que la fraternidad lefebvrista, con sede en Suiza y no reconocida canónicamente por Roma, anunciara su intención de consagrar nuevos obispos el próximo 1 de julio sin autorización papal.

En la ocasión, Fernández -cuya función es proteger la integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral- ofreció abrir una nueva ronda de conversaciones teológicas para regularizar la situación de la FSSPX dentro de la Iglesia, pero condicionó ese diálogo a la cancelación de la ceremonia de referencia.
De concretarse las consagraciones -advirtió el exrector de la Universidad Católica Argentina-, se produciría “una ruptura decisiva en la comunión eclesial”, es decir, un cisma, con consecuencias graves para la hermandad discrepante.
Antimodernistas
La Fraternidad San Pío X toma su nombre del papa antimodernista y defiende la teología tomista y la tradición milenaria de la Iglesia frente al liberalismo y las doctrinas modernas. Aunque reconoce la autoridad papal, rechaza varias reformas consagradas por el Concilio Vaticano II, entre ellas la autorización para celebrar la misa en lenguas vernáculas, en lugar del latín.
Fue fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre y tiene como emblema la defensa de la misa tridentina (establecida en el Concilio de Trento en el siglo XVI) con los libros litúrgicos de 1962, publicados por Juan XXIII.
La ruptura formal con Roma del grupo religioso ultraconservador se produjo en 1988, cuando su fundador, el arzobispo francés Marcel Lefebvre, consagró a cuatro obispos sin el permiso del Papa, alegando que era necesario para preservar la tradición católica.
El Vaticano respondió con la excomunión inmediata de Lefebvre y de los obispos ordenados, una sanción que dejó a la fraternidad fuera del marco legal de la Iglesia.
Crece desde el pie
Pese a esa situación irregular, la FSSPX experimentó un crecimiento sostenido. Con el paso de los años desarrolló una extensa red de escuelas, seminarios y parroquias en distintos continentes, así como comunidades de sacerdotes, religiosas y laicos que siguen la liturgia previa al Concilio Vaticano II.
Según estadísticas difundidas por la propia organización en su portal digital, actualmente cuenta con dos obispos, 733 sacerdotes, 264 seminaristas, 145 hermanos religiosos, 88 oblatas (miembros) y 250 hermanas religiosas de 50 nacionalidades.
Para el Vaticano, ese crecimiento plantea el riesgo de la consolidación de una “iglesia paralela”. La consagración de obispos sin mandato papal representa una amenaza directa a uno de los pilares de la estructura católica: la sucesión apostólica bajo la autoridad del Papa.
El derecho canónico establece que una ordenación episcopal sin autorización del Vicario de Cristo conlleva la excomunión automática tanto del consagrante como del nuevo prelado, al considerar el acto como un atentado contra la unidad eclesial.
El 2 de febrero último, durante la ceremonia de las sotanas que presidió en el Seminario Internacional de Saint-Curé-d’Ars, Francia, en el marco de la fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen, Pagliarani sostuvo que la medida es “realista y razonable”, ya que los dos obispos actuales envejecen y no pueden atender adecuadamente a los fieles de la fraternidad en todo el mundo.
Reapertura del diálogo
Durante la reunión del jueves último, Fernández propuso reabrir un diálogo teológico para abordar los desacuerdos pendientes, especialmente en cuestiones relativas a las relaciones de la Iglesia católica con otras religiones, uno de los puntos más sensibles desde 2017. El objetivo sería identificar un mínimo común doctrinal que permita el retorno de la fraternidad a la plena comunión con Roma y definir un estatus jurídico dentro de la Iglesia.
El Vaticano subrayó que ese proceso solo será posible si la FSSPX suspende las consagraciones previstas. “Seguir adelante implicaría una ruptura decisiva con graves consecuencias para la Fraternidad”, indicó el comunicado. Hasta el momento, la organización no ha emitido una respuesta oficial.
Por su parte, Pagliarani manifestó su deseo de poder reunirse de manera personal con León XIV y prometió comunicar su respuesta mediante una carta que remitirá a Fernández y que hará pública para que tomen conocimiento sus fieles.
La relación entre Roma y la FSSPX alternó gestos de acercamiento y tensiones. Benedicto XVI levantó en 2009 las excomuniones y amplió el uso de la misa en latín, mientras que Francisco restringió esas concesiones por considerarlas fuente de división.
Tradicionalistas afirman que esas limitaciones empujaron a fieles hacia la fraternidad. Actualmente, León XIV intenta un equilibrio con apertura al diálogo y excepciones puntuales, aunque el Vaticano dejó claro que no aceptará consagraciones episcopales sin autorización papal para evitar una nueva escisión.
El Vaticano advirtió esta semana al superior general de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) que corre el riesgo de provocar un cisma si avanza con su plan de consagrar nuevos obispos sin el consentimiento del Papa. La advertencia marca una postura firme frente a uno de los principales desafíos doctrinales que enfrenta el pontificado de León XIV en su intento por preservar la unidad de la Iglesia.El cardenal cordobés Víctor Manuel “Tucho” Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, designado en el cargo por el papa Francisco, formuló la advertencia durante una reunión celebrada el jueves último en el Vaticano con el superior general del influyente grupo católico tradicionalista disidente, reverendo David Pagliarani, informó la Santa Sede. El encuentro se concretó en el Palacio del Santo Oficio, duró una hora y media y se produjo luego de que la fraternidad lefebvrista, con sede en Suiza y no reconocida canónicamente por Roma, anunciara su intención de consagrar nuevos obispos el próximo 1 de julio sin autorización papal.En la ocasión, Fernández -cuya función es proteger la integridad de la doctrina católica sobre la fe y la moral- ofreció abrir una nueva ronda de conversaciones teológicas para regularizar la situación de la FSSPX dentro de la Iglesia, pero condicionó ese diálogo a la cancelación de la ceremonia de referencia. De concretarse las consagraciones -advirtió el exrector de la Universidad Católica Argentina-, se produciría “una ruptura decisiva en la comunión eclesial”, es decir, un cisma, con consecuencias graves para la hermandad discrepante.AntimodernistasLa Fraternidad San Pío X toma su nombre del papa antimodernista y defiende la teología tomista y la tradición milenaria de la Iglesia frente al liberalismo y las doctrinas modernas. Aunque reconoce la autoridad papal, rechaza varias reformas consagradas por el Concilio Vaticano II, entre ellas la autorización para celebrar la misa en lenguas vernáculas, en lugar del latín. Fue fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre y tiene como emblema la defensa de la misa tridentina (establecida en el Concilio de Trento en el siglo XVI) con los libros litúrgicos de 1962, publicados por Juan XXIII.La ruptura formal con Roma del grupo religioso ultraconservador se produjo en 1988, cuando su fundador, el arzobispo francés Marcel Lefebvre, consagró a cuatro obispos sin el permiso del Papa, alegando que era necesario para preservar la tradición católica. El Vaticano respondió con la excomunión inmediata de Lefebvre y de los obispos ordenados, una sanción que dejó a la fraternidad fuera del marco legal de la Iglesia.Crece desde el piePese a esa situación irregular, la FSSPX experimentó un crecimiento sostenido. Con el paso de los años desarrolló una extensa red de escuelas, seminarios y parroquias en distintos continentes, así como comunidades de sacerdotes, religiosas y laicos que siguen la liturgia previa al Concilio Vaticano II. Según estadísticas difundidas por la propia organización en su portal digital, actualmente cuenta con dos obispos, 733 sacerdotes, 264 seminaristas, 145 hermanos religiosos, 88 oblatas (miembros) y 250 hermanas religiosas de 50 nacionalidades.Para el Vaticano, ese crecimiento plantea el riesgo de la consolidación de una “iglesia paralela”. La consagración de obispos sin mandato papal representa una amenaza directa a uno de los pilares de la estructura católica: la sucesión apostólica bajo la autoridad del Papa. El derecho canónico establece que una ordenación episcopal sin autorización del Vicario de Cristo conlleva la excomunión automática tanto del consagrante como del nuevo prelado, al considerar el acto como un atentado contra la unidad eclesial.El 2 de febrero último, durante la ceremonia de las sotanas que presidió en el Seminario Internacional de Saint-Curé-d’Ars, Francia, en el marco de la fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen, Pagliarani sostuvo que la medida es “realista y razonable”, ya que los dos obispos actuales envejecen y no pueden atender adecuadamente a los fieles de la fraternidad en todo el mundo.Reapertura del diálogoDurante la reunión del jueves último, Fernández propuso reabrir un diálogo teológico para abordar los desacuerdos pendientes, especialmente en cuestiones relativas a las relaciones de la Iglesia católica con otras religiones, uno de los puntos más sensibles desde 2017. El objetivo sería identificar un mínimo común doctrinal que permita el retorno de la fraternidad a la plena comunión con Roma y definir un estatus jurídico dentro de la Iglesia.El Vaticano subrayó que ese proceso solo será posible si la FSSPX suspende las consagraciones previstas. “Seguir adelante implicaría una ruptura decisiva con graves consecuencias para la Fraternidad”, indicó el comunicado. Hasta el momento, la organización no ha emitido una respuesta oficial.Por su parte, Pagliarani manifestó su deseo de poder reunirse de manera personal con León XIV y prometió comunicar su respuesta mediante una carta que remitirá a Fernández y que hará pública para que tomen conocimiento sus fieles.La relación entre Roma y la FSSPX alternó gestos de acercamiento y tensiones. Benedicto XVI levantó en 2009 las excomuniones y amplió el uso de la misa en latín, mientras que Francisco restringió esas concesiones por considerarlas fuente de división. Tradicionalistas afirman que esas limitaciones empujaron a fieles hacia la fraternidad. Actualmente, León XIV intenta un equilibrio con apertura al diálogo y excepciones puntuales, aunque el Vaticano dejó claro que no aceptará consagraciones episcopales sin autorización papal para evitar una nueva escisión. La Voz

