• 23 de febrero de 2026 15:24

Instituto bajó a Albarracín a la Reserva y apuntó contra sus representantes

Porradioplayjujuy

Feb 23, 2026

Hay decisiones que en el fútbol se explican desde lo institucional. Otras, desde lo deportivo. Y algunas, como la que hoy atraviesa Instituto con el juvenil Lorenzo Albarracín, obligan a mirar un tercer actor que muchas veces opera en las sombras pero puede marcar destinos: la representación.

El club resolvió que el extremo de 19 años deje de entrenarse con el plantel profesional hasta que regularice su situación contractual. La medida, respaldada por un comunicado inusualmente duro, apuntó directamente contra sus agentes, Adrián Castellano y Antonio Fauro, a quienes responsabiliza de haber sostenido exigencias “muy por encima” de los parámetros económicos de la institución. En Alta Córdoba entienden que aceptar esas condiciones rompería la equidad interna y generaría un precedente difícil de sostener.

Hasta ahí, una negociación trabada más. Pero detrás de esa pulseada hay algo más profundo y repetido en el fútbol argentino: el daño que pueden generar las pretensiones desmedidas cuando la carrera del jugador recién empieza a tomar vuelo.

Albarracín no es un nombre más. Es un extremo zurdo formado en la cantera, con recorrido en selecciones juveniles, minutos en Primera y una proyección que seduce puertas adentro. Velocidad, gambeta y desparpajo: el combo que siempre entusiasma en un club que necesita patrimonio propio. Sin embargo, hoy quedó fuera del radar principal y deberá cumplir su contrato en Reserva hasta fines de 2026. En términos futbolísticos, un freno brusco justo cuando debía acelerar.

Lorenzo Albarracín, extremo zurdo, festejando un gol en Reserva (IACC).

La escena es conocida. Representantes que buscan asegurar condiciones económicas acordes al potencial que imaginan y clubes que defienden su estructura salarial. En el medio, el jugador. Y en el caso de los juveniles, el riesgo es mayor: perder continuidad, visibilidad y desarrollo. El fútbol no suele esperar. El tren pasa una vez, y a veces no vuelve.

Desde la lógica dirigencial, Instituto defiende su modelo: contratos progresivos, equilibrio interno y sustentabilidad. Desde la lógica de la representación, se intenta capitalizar una proyección que promete. Pero cuando la cuerda se tensa demasiado, quien más puede resentirlo es el propio futbolista. Porque a los 19 años, lo que más necesita no es un número alto en un papel, sino minutos, roce y crecimiento en el nivel mayor.

El caso Albarracín reabre un debate incómodo: hasta qué punto las negociaciones tempranas, sobredimensionadas o mal calibradas pueden terminar condicionando carreras. La historia del fútbol argentino está llena de talentos que se demoraron, se desviaron o se diluyeron en conflictos contractuales antes de consolidarse.

Hoy, el pibe que soñaba con afirmarse en Primera vuelve a la Reserva. Y la pregunta queda flotando en Alta Córdoba: cuando los representantes juegan fuerte su partido, ¿quién protege realmente el desarrollo del jugador? Porque en el negocio del fútbol, muchas veces el que más tiene para perder es el que todavía está empezando.

Hay decisiones que en el fútbol se explican desde lo institucional. Otras, desde lo deportivo. Y algunas, como la que hoy atraviesa Instituto con el juvenil Lorenzo Albarracín, obligan a mirar un tercer actor que muchas veces opera en las sombras pero puede marcar destinos: la representación.El club resolvió que el extremo de 19 años deje de entrenarse con el plantel profesional hasta que regularice su situación contractual. La medida, respaldada por un comunicado inusualmente duro, apuntó directamente contra sus agentes, Adrián Castellano y Antonio Fauro, a quienes responsabiliza de haber sostenido exigencias “muy por encima” de los parámetros económicos de la institución. En Alta Córdoba entienden que aceptar esas condiciones rompería la equidad interna y generaría un precedente difícil de sostener.𝗖𝗢𝗠𝗨𝗡𝗜𝗖𝗔𝗗𝗢 𝗢𝗙𝗜𝗖𝗜𝗔𝗟La Comisión Directiva informa a sus socios y socias que, tras múltiples instancias de negociación iniciadas el 26 de diciembre para la renovación contractual del jugador Lorenzo Albarracín, no ha sido posible alcanzar un acuerdo.Durante este… pic.twitter.com/mRTWBvHILL— Instituto ACC (@InstitutoACC) February 23, 2026Hasta ahí, una negociación trabada más. Pero detrás de esa pulseada hay algo más profundo y repetido en el fútbol argentino: el daño que pueden generar las pretensiones desmedidas cuando la carrera del jugador recién empieza a tomar vuelo.Albarracín no es un nombre más. Es un extremo zurdo formado en la cantera, con recorrido en selecciones juveniles, minutos en Primera y una proyección que seduce puertas adentro. Velocidad, gambeta y desparpajo: el combo que siempre entusiasma en un club que necesita patrimonio propio. Sin embargo, hoy quedó fuera del radar principal y deberá cumplir su contrato en Reserva hasta fines de 2026. En términos futbolísticos, un freno brusco justo cuando debía acelerar.La escena es conocida. Representantes que buscan asegurar condiciones económicas acordes al potencial que imaginan y clubes que defienden su estructura salarial. En el medio, el jugador. Y en el caso de los juveniles, el riesgo es mayor: perder continuidad, visibilidad y desarrollo. El fútbol no suele esperar. El tren pasa una vez, y a veces no vuelve.Desde la lógica dirigencial, Instituto defiende su modelo: contratos progresivos, equilibrio interno y sustentabilidad. Desde la lógica de la representación, se intenta capitalizar una proyección que promete. Pero cuando la cuerda se tensa demasiado, quien más puede resentirlo es el propio futbolista. Porque a los 19 años, lo que más necesita no es un número alto en un papel, sino minutos, roce y crecimiento en el nivel mayor.El caso Albarracín reabre un debate incómodo: hasta qué punto las negociaciones tempranas, sobredimensionadas o mal calibradas pueden terminar condicionando carreras. La historia del fútbol argentino está llena de talentos que se demoraron, se desviaron o se diluyeron en conflictos contractuales antes de consolidarse.Hoy, el pibe que soñaba con afirmarse en Primera vuelve a la Reserva. Y la pregunta queda flotando en Alta Córdoba: cuando los representantes juegan fuerte su partido, ¿quién protege realmente el desarrollo del jugador? Porque en el negocio del fútbol, muchas veces el que más tiene para perder es el que todavía está empezando.