“Venía golpeando la puerta muchas veces, pero no se abría… Pero, por suerte, al final se abrió”. Francisco Cerúndolo, de 27 años, sanguíneo, impulsivo y tantas veces irascible con los suyos, de impactos violentos, creativo con raqueta y mentalidad ambiciosa, no pudo evitar que le temblara la voz mientras todos lo observaban, embelesados por su obra tenística.
Un rato antes, apenas, se había derrumbado sobre el polvo de ladrillo de la Catedral del tenis argentino, como tantas noches lo había soñado en la habitación que compartía con su hermano menor, también tenista, Juan Manuel, en el departamento familiar, a pocas cuadras del Buenos Aires Lawn Tennis Club. Ya había saboreando el éxito, es verdad. Pero conquistó el ATP 250 de Buenos Aires, su cuarto trofeo en el tour, el más especial. Lo hizo venciendo en la final de un domingo plomizo y con tierra húmeda a Luciano Darderi, el geselino que compite para Italia desde chico y que en breve será uno de los mejores veinte del circuito, por 6-4 y 6-2, en 1h36m.
Como aquel “ya está” de Lionel Messi a su familia al ganar la Copa del Mundo en Qatar 2022, salvando las diferencias, Francisco se quitó un peso de encima al obtener el trofeo del mate. Había jugado la final del Argentina Open dos veces, la primera contra Diego Schwartzman en 2021; la segunda el año pasado, contra el prodigio brasileño João Fonseca. No se le había dado. Pero esta vez, siendo el primer preclasificado y con otro envión a partir de un valioso Abierto de Australia (octavos de final), pudo cruzar el límite. Saltó el obstáculo emocional. “Esta es mi casa y siempre fue mi sueño ganar acá. Estoy feliz de haberlo logrado. Había ganado torneos afuera, con cinco personas alentándome, pero ganar acá, con toda mi gente, con todo el público, es algo único. Es difícil de describir”, expresó el mejor sudamericano del ranking (19°).

“Saqué espectacular”, dijo Fran, entrenado por el tandilense Nicolás Pastor, al resaltar una de las claves del partido contra Darderi (segundo preclasificado). Hubo momentos de tensión, con puntos de quiebre, pero Cerúndolo fue siempre más agresivo y se adaptó a las condiciones pesadas tras la lluvia matinal. Al ver que no podía irritar a su rival con continuidad, Darderi empezó a ponerse nervioso y, por ende, a perder precisión. Su padre y entrenador, Gino, sufría desde un rincón, viendo cómo se le iba el partido. “La gente puede pensar que es sólo talento, pero hay mucho entrenamiento, una búsqueda de mejorar. Hicimos una pretemporada muy buena. Esta es la única semana que tengo para jugar en casa, sacando alguna de la Copa Davis. Es genial porque pude darle alegrías a mi familia. Es distinto”, apuntó el séptimo argentino campeón del ATP porteño (el último había sido Facundo Díaz Acosta, en 2024).
Cerúndolo tiene golpes poderosos que se adaptan perfectamente a la superficie dura, pero se encumbró como el jugador con más triunfos sobre polvo de ladrillo desde el inicio de la temporada 2024, con 46, por delante del propio Darderi (44 y 4 títulos), Sebastián Báez (42 y 3 trofeos), Alexander Zverev (41 y 2) y Carlos Alcaraz (39, 4 títulos, dos de ellos Roland Garros, claro).

Con más malicia y desconocimiento de lo que correspondía, durante toda la semana Darderi recibió críticas (la mayoría, virtuales) o miradas desconfiadas por jugar para Italia pese a haber nacido en la Argentina. Una y mil veces explicó que, en su momento y sin las oportunidades que buscaba en nuestro país, tomó esa decisión para poder desarrollarse en el circuito. Durante la final recibió aplausos, a veces tibios, es verdad, pero ninguna recriminación por la elección de la bandera. El sábado cumplió 24 años y no pudo celebrarlo como hubiera deseado: no estiró su racha de doce victorias consecutivas en polvo de ladrillo (17 incluyendo partidos del Challenger Tour) tras ganar títulos consecutivos en Bastad y Umag el pasado julio. Además, cayó por primera vez en una final de ATP, tras ganar las primeras cuatro que jugó.
“Al haber llovido antes la cancha estaba pesada y a Fran no se le escapaba la pelota, tuve muchas chances de quiebre que no se me dieron (Cerúndolo salvó 6 de 7 break points), estuve más tenso al principio, pero así es el tenis. Fue una lástima, me hubiera gustado poner un poco más parejo el score en el segundo set, pero estuvo arriba y no pude presionarlo. Es un gran amigo, estoy contento por él, era su tercera final acá, es un buen chico, tiene una buena familia. Ahora juego el próximo martes contra Juanma, su otro hermano (en la primera ronda del ATP de Río). Este torneo terminó, hay que cerrar el libro, estoy cerca del top 20, que es mi objetivo. El tenis es un deporte difícil en el que jugás todas las semanas y siempre te da chances. Prefiero valorar lo que hice y buscar más de esas chances”, destacó Darderi, que recibió los aplausos de Andrea Gaudenzi, el presidente de la ATP, que siguió la final desde uno de los palcos.

La familia Cerúndolo respira tenis. Alejandro Toto Cerúndolo, con infancia entre Villa Pueyrredón y Devoto, fue tenista profesional, estuvo entre los mejores 310 del mundo en 1982, y se convirtió en un curtido formador y entrenador de numerosos jugadores durante distintas épocas. María Luz Rodríguez, nacida en Belgrano, también fue jugadora profesional, aunque compitió menos tiempo que el Toto porque repartió su carrera deportiva con la universitaria, al recibirse de psicóloga en la UBA. A los dos se les humedecieron los ojos en un rincón del court central del BALTC después de que Francisco desanudara el partido y se convirtiera en el campeón del torneo más importante del país, el mismo que seguramente tantas veces soñó con ganar el propio Toto, cuando era el República. Juan Manuel ya había sorprendido al circuito en 2021 ganando un ATP antes que un Challenger, el ya desaparecido Córdoba Open. Los Cerúndolo, con Francisco a la cabeza, siguen dejando una huella en el tenis argentino.
Venció a Darderi por 6-4 y 6-2 y se convirtió en el séptimo jugador local que celebra en el Buenos Aires Lawn Tennis Club Tenis

