• 12 de febrero de 2026 20:17

El edificio más estrecho de Buenos Aires: la increíble leyenda de escalvitud que hay detrás de su construcción

Porradioplayjujuy

Feb 12, 2026

Buenos Aires está llena de joyitas ocultas y esta es una de ellas. Con solo 2,50 metros de frente, la Casa Mínima, ubicada en el pasaje San Lorenzo 380, en el barrio de San Telmo, es considerada la vivienda más angosta de la Ciudad de Buenos Aires. Esta construcción quedó envuelta en una leyenda persistente: se decía que allí había vivido un esclavo liberado que recibió el terreno como donación. Por eso, durante mucho tiempo fue conocida entre los porteños como la Casa del esclavo liberto.

Su fachada es austera: una puerta de doble hoja pintada de verde y, arriba, un pequeño balcón con rejas de hierro. Una parte del revestimiento exterior con pintura blanca y otra con ladrillo a la vista completan el frente, que llama la atención de lo turistas por su estrechez. Ver la Casa Mínima es mirar al pasado, es conocer la historia de viva de Buenos Aires.

Así es por fuera Casa Mínima en el barrio porteño de San Telmo

El poeta Baldomero Fernández Moreno fue quien la bautizó como Casa Mínima, nombre que perduró hasta hoy. Esta pequeña vivienda, ubicada casi en la esquina de la famosa calle Defensa, está llena de misterios en torno a su construcción en la época colonial, es decir, anterior a 1810, fecha que marca el fin de ese período histórico.

Durante años se sostuvo la leyenda de que este tipo de casas estaba destinado a esclavos libertos, a quienes sus antiguos amos cedían un pequeño terreno lindero para que levantaran su hogar. Sin embargo, en realidad, se trata de un espacio residual que quedó tras sucesivas modificaciones edilicias en la manzana.

Como suele ocurrir, el mito se mezcló con algo de verdad, con bastante imaginación de por medio. Según investigaciones posteriores, la casa no nació como una unidad independiente, sino que formaba parte de una propiedad mucho más amplia que ocupaba la esquina hacia Defensa.

Hacia fines del siglo XIX, la familia Lezica Peña —propietaria original— transformó el antiguo caserón colonial de patio central en un conventillo, un negocio próspero en tiempos de fuerte inmigración europea. Muchos recién llegados encontraban allí alojamiento transitorio o definitivo. Además, tras la epidemia de fiebre amarilla, gran parte de la población acomodada abandonó el sur de la ciudad y se trasladó hacia el norte.

El lugar funcionaba como parte de un conventillo

En ese proceso, los Lezica Peña separaron una porción del inmueble —el antiguo altillo y la entrada de servicio— para crear una vivienda independiente con baño, cocina y patio propios. Era una casa con bastante lujo para ese entonces, si se tiene en cuenta que en los conventillos las familias estaban forzadas a compartir uno o dos baños y una cocina entre todos.

Levantaron una pared y la separaron del resto de la casa para crear esta unidad. En 1890 surge, entonces, la Casa Mínima tal como se la conoce hoy. Durante más de 80 años fue el hogar de los Lezica Peña y después un conventillo, con una pequeña casa independiente que alquilaban. Luego, como muchos otros lugares de San Telmo, su historia fue bastante errática y terminó deshabitada.

En 1994, Jorge Eckstein, empresario químico y propietario de El Zanjón de Granados, rescató la Casa Mínima del abandono. Primero, puso a trabajar a un grupo de arqueólogos, que hicieron una excavación para buscar elementos de antaño. En ese proceso, se buscó reconstruir la casa lo más parecida a como era en su versión colonial. Entre otras decisiones, retiró una escalera caracol que conectaba el patio, que conserva gran parte de su piso original, con la habitación de la planta alta.

La casa puede visitarse como un paseo turístico

La historia de la escalera resulta especialmente llamativa. Jorge intentó consultar los planos originales para reproducirla con total fidelidad, pero esos documentos estaban extraviados. Tiempo después, durante una visita al Museo de Bellas Artes, se topó con una pintura de una vivienda muy similar, realizada por el artista uruguayo Figari, quien solía viajar a Buenos Aires. La obra mostraba un patio central rodeado de habitaciones, un altillo y un pequeño patio con escalera, una disposición que remitía claramente a la Casa Mínima. A partir de esa referencia visual decidió reconstruirla siguiendo ese modelo. Años más tarde aparecieron los planos originales y se comprobó que la escalera que había mandado a hacer guardaba un notable parecido con la auténtica.

Visitar la Casa Mínima en San Telmo es una forma única de conectarse con la historia más íntima y curiosa de Buenos Aires. Esta pequeña construcción colonial no solo sorprende por su singular arquitectura, sino también por los mitos y transformaciones que atravesó a lo largo de más de dos siglos. Hoy se la puede conocer con visitas guiadas, por lo que se erige como un gran plan turístico en la Ciudad.

Cómo llegar a Casa Mínica

​La Casa Mínima mide tan solo 2,50 metros de frente y su construcción es historia viva del barrio de San Telmo  En las redes