En una noche fresca de verano porteño, el 13 de febrero, la fila en la puerta de Deseo Club avanzaba lenta, como si nadie quisiera romper la atmósfera antes de tiempo. Devendra Banhart volvía a Buenos Aires en el marco de su Solo Tour, presentando Flying Wig, su último disco de estudio, y la expectativa era clara: no iba a ser un show más, sino un encuentro.
Es la sexta vez que el músico pisa suelo argentino. La última había sido en 2022, cuando participó del festival Music Wins y ofreció un show propio en el Complejo C Art Media. Esta vez, el formato prometía desnudez, cercanía, detalle.
Nacido en Houston pero criado entre Venezuela y California, Banhart es una de las figuras centrales del freak folk y del movimiento conocido como new weird america. A lo largo de los años construyó una obra versátil y experimental, donde la canción convive con la poesía y la rareza nunca es impostada. Señalado como uno de los artistas más influyentes de su generación, colaboró con nombres como Yoko Ono, Caetano Veloso y Beck, pero en el escenario de Deseo Club no había nada grandilocuente: solo él, una guitarra, una vela iluminando el traje y un público dispuesto a escuchar. Porque si algo tuvo esta presentación fue eso: escucha.
Desde los primeros acordes, el clima fue íntimo, casi reverencial. Sonaron Little Yellow Spider, Angelika, entre otras

El artista exploró atmósferas cálidas, claramente dadas por este formato acústico, en el cual todo se reducía a lo esencial.
Hay algo hipnótico en Devendra. No solo en su forma de cantar, sino en cómo habla, en sus chistes, en sus silencios, en su manera de sostener la atención sin estridencias. El público no estaba ahí para corear hasta quedarse sin voz. Estaba ahí para escucharlo. Y él parecía agradecerlo todo el tiempo.
Habló en español, se rió y generó risas. Se mostró cercano, dispuesto, cómodo. En un momento que terminó siendo uno de los más tiernos de la noche, invitó a una chica del público, llamada Dolores, a subir al escenario para tocar una canción propia. Los nervios la traicionaron un poco al principio: se tomó su tiempo, respiró, acomodó la guitarra. Pero cuando empezó a cantar, el silencio fue absoluto. Terminó con una ovación de los presentes y un abrazo cómplice con Banhart, que celebró el gesto con aprobación total.
El tramo final del set acústico llegó con algunos de sus temas más reconocidos: Golden Girls, Mi negrita y Carmensita, que cerraron el ritual con una mezcla de dulzura y nostalgia.
Pero por tratarse de Buenos Aires, como él mismo exprezó, quiso regalar algo más. Las guitarras dieron paso a un set electrónico armado a base de samples. El público, extasiado, que hasta entonces había permanecido casi en estado meditativo, se puso de pie. Hubo baile, sonrisas y vitoreos hasta que las luces marcaron el final.
La noche había comenzado con Tango Astral, la banda encargada de precalentar el escenario. Nicolás de Sanctis, también integrante de Indios, contó que la invitación los sorprendió: “Nos encanta la música de Devendra. Estuvo buenísima la noche. Él es un capo total, divino. Tuvimos la suerte de conocerlo y charlar con él”.
Sobre el proyecto, adelantó que ya tienen un disco editado y están terminando de grabar el segundo, junto a su compañero de banda, Luca Bocci.
A la salida, lejos de retirarse de inmediato, Devendra se quedó. Fotos, videos, conversaciones breves y sinceras con sus más fanáticos.
En diálogo con La Voz del Interior, se mostró entusiasmado por su próxima parada: el 15 de febrero dirá presente en Cosquín Rock.
Si en Buenos Aires ofreció intimidad y mística a la luz de una vela, en Córdoba lo espera la multitud. Pero algo es seguro: Devendra siempre encuentra la forma de convertir cualquier escenario en su universo propio.
En una noche fresca de verano porteño, el 13 de febrero, la fila en la puerta de Deseo Club avanzaba lenta, como si nadie quisiera romper la atmósfera antes de tiempo. Devendra Banhart volvía a Buenos Aires en el marco de su Solo Tour, presentando Flying Wig, su último disco de estudio, y la expectativa era clara: no iba a ser un show más, sino un encuentro.Es la sexta vez que el músico pisa suelo argentino. La última había sido en 2022, cuando participó del festival Music Wins y ofreció un show propio en el Complejo C Art Media. Esta vez, el formato prometía desnudez, cercanía, detalle.Nacido en Houston pero criado entre Venezuela y California, Banhart es una de las figuras centrales del freak folk y del movimiento conocido como new weird america. A lo largo de los años construyó una obra versátil y experimental, donde la canción convive con la poesía y la rareza nunca es impostada. Señalado como uno de los artistas más influyentes de su generación, colaboró con nombres como Yoko Ono, Caetano Veloso y Beck, pero en el escenario de Deseo Club no había nada grandilocuente: solo él, una guitarra, una vela iluminando el traje y un público dispuesto a escuchar. Porque si algo tuvo esta presentación fue eso: escucha.Desde los primeros acordes, el clima fue íntimo, casi reverencial. Sonaron Little Yellow Spider, Angelika, entre otrasEl artista exploró atmósferas cálidas, claramente dadas por este formato acústico, en el cual todo se reducía a lo esencial.Hay algo hipnótico en Devendra. No solo en su forma de cantar, sino en cómo habla, en sus chistes, en sus silencios, en su manera de sostener la atención sin estridencias. El público no estaba ahí para corear hasta quedarse sin voz. Estaba ahí para escucharlo. Y él parecía agradecerlo todo el tiempo.Habló en español, se rió y generó risas. Se mostró cercano, dispuesto, cómodo. En un momento que terminó siendo uno de los más tiernos de la noche, invitó a una chica del público, llamada Dolores, a subir al escenario para tocar una canción propia. Los nervios la traicionaron un poco al principio: se tomó su tiempo, respiró, acomodó la guitarra. Pero cuando empezó a cantar, el silencio fue absoluto. Terminó con una ovación de los presentes y un abrazo cómplice con Banhart, que celebró el gesto con aprobación total.El tramo final del set acústico llegó con algunos de sus temas más reconocidos: Golden Girls, Mi negrita y Carmensita, que cerraron el ritual con una mezcla de dulzura y nostalgia.Pero por tratarse de Buenos Aires, como él mismo exprezó, quiso regalar algo más. Las guitarras dieron paso a un set electrónico armado a base de samples. El público, extasiado, que hasta entonces había permanecido casi en estado meditativo, se puso de pie. Hubo baile, sonrisas y vitoreos hasta que las luces marcaron el final.La noche había comenzado con Tango Astral, la banda encargada de precalentar el escenario. Nicolás de Sanctis, también integrante de Indios, contó que la invitación los sorprendió: “Nos encanta la música de Devendra. Estuvo buenísima la noche. Él es un capo total, divino. Tuvimos la suerte de conocerlo y charlar con él”. Sobre el proyecto, adelantó que ya tienen un disco editado y están terminando de grabar el segundo, junto a su compañero de banda, Luca Bocci.A la salida, lejos de retirarse de inmediato, Devendra se quedó. Fotos, videos, conversaciones breves y sinceras con sus más fanáticos. En diálogo con La Voz del Interior, se mostró entusiasmado por su próxima parada: el 15 de febrero dirá presente en Cosquín Rock. Si en Buenos Aires ofreció intimidad y mística a la luz de una vela, en Córdoba lo espera la multitud. Pero algo es seguro: Devendra siempre encuentra la forma de convertir cualquier escenario en su universo propio.

