• 10 de febrero de 2026 06:44

Así es la rústica y ecológica casa de Germán Martitegui en el Delta

Porradioplayjujuy

Feb 10, 2026

El reconocido chef Germán Martitegui, que tiene acostumbrados a los televidentes y comensales de sus restaurantes a la perfección extrema en cada plato, decidió que para su descanso necesitaba exactamente lo opuesto al ruido y la hiperconectividad de la ciudad.

Su refugio personal en el Delta del Tigre es una casa ecológica que funciona como una declaración de principios sobre cómo habitar el mundo de una forma más relajada y desconectarse un poco del caos diario.

Así luce la casa de Germán Martitegui en el Delta

La casa está construida sobre una isla a la que solo se accede navegando, lo que ya te marca un ritmo distinto desde que arrancás el viaje. No es un proyecto turístico ni su vivienda permanente; es un espacio de retiro pensado para relajarse, reconectar con lo esencial y disfrutar con sus hijos.

La casa de Germán Martitegui en el Delta, es un rincón rodeado de naturaleza.

La construcción está ligada a la sustentabilidad. Está hecha principalmente de madera y fibras naturales, materiales que aguanta la humedad del Delta sin dañar el ecosistema. Pero lo que más llama la atención, es que funciona sin electricidad ni agua corriente.

La vida ahí adentro se organiza según lo que dicte el sol. El diseño aprovecha la ventilación cruzada y las aberturas estratégicas para que el aire circule naturalmente. Es una estructura que no quiere competir con el paisaje, sino acompañarlo.

La casa sustentable no cuenta con electricidad.

El corazón de la vivienda es, sin dudas, el balcón. Es una extensión del interior que Martitegui usa para leer, descansar y quedarse mirando el movimiento constante del Delta. Por dentro, el estilo de la vivienda es austera y funcional: muebles livianos y colores neutros.

El reconocido chef aprovecha sus días en el Delta para desconectar del ruido de la ciudad.

Y a diferencia de lo que muchos imaginarían, la cocina del reconocido chef en el Delta es básica, aunque funcional. No hay electrodomésticos sofisticados ni tecnología de primera. Solo hay utensilios esenciales para que cocinar vuelva a ser un acto cotidiano y simple, adaptado a la lógica de la vida sin luz eléctrica.

​El reconocido chef Germán Martitegui, que tiene acostumbrados a los televidentes y comensales de sus restaurantes a la perfección extrema en cada plato, decidió que para su descanso necesitaba exactamente lo opuesto al ruido y la hiperconectividad de la ciudad. Su refugio personal en el Delta del Tigre es una casa ecológica que funciona como una declaración de principios sobre cómo habitar el mundo de una forma más relajada y desconectarse un poco del caos diario.Así luce la casa de Germán Martitegui en el DeltaLa casa está construida sobre una isla a la que solo se accede navegando, lo que ya te marca un ritmo distinto desde que arrancás el viaje. No es un proyecto turístico ni su vivienda permanente; es un espacio de retiro pensado para relajarse, reconectar con lo esencial y disfrutar con sus hijos. La construcción está ligada a la sustentabilidad. Está hecha principalmente de madera y fibras naturales, materiales que aguanta la humedad del Delta sin dañar el ecosistema. Pero lo que más llama la atención, es que funciona sin electricidad ni agua corriente.La vida ahí adentro se organiza según lo que dicte el sol. El diseño aprovecha la ventilación cruzada y las aberturas estratégicas para que el aire circule naturalmente. Es una estructura que no quiere competir con el paisaje, sino acompañarlo.El corazón de la vivienda es, sin dudas, el balcón. Es una extensión del interior que Martitegui usa para leer, descansar y quedarse mirando el movimiento constante del Delta. Por dentro, el estilo de la vivienda es austera y funcional: muebles livianos y colores neutros. Y a diferencia de lo que muchos imaginarían, la cocina del reconocido chef en el Delta es básica, aunque funcional. No hay electrodomésticos sofisticados ni tecnología de primera. Solo hay utensilios esenciales para que cocinar vuelva a ser un acto cotidiano y simple, adaptado a la lógica de la vida sin luz eléctrica.