La casa de Natalia Oreiro y Ricardo Mollo no es una construcción convencional, sino que se presenta ante el mundo como un verdadero santuario donde la luz natural y la calidez son los ejes centrales de cada espacio.
En esta propiedad, el diseño contemporáneo convive en perfecta armonía con piezas cargadas de historia, logrando un equilibrio sofisticado entre la tradición y la vanguardia.
Cada ambiente de la vivienda parece haber sido meticulosamente pensado para reflejar una identidad fuerte, integrando líneas actuales con objetos que evocan la memoria y la tradición de manera constante.
El mueble de lujo con la colección de Natalia Oreiro
Uno de los espacios donde este espíritu se manifiesta con mayor fuerza es el comedor de la residencia. En este ambiente destaca un gran mueble empotrado en tonos suaves que captura todas las miradas, ya que funciona como una imponente vitrina de exhibición.
Es precisamente allí donde la actriz atesora su colección de cerámicas con delicados motivos florales, piezas que aportan una atmósfera de nostalgia y refinamiento a la vida cotidiana del hogar.

Este rincón se completa con un piso de madera recuperada que suma textura y calidez, y las clásicas sillas estilo Cesca, cuyo asiento de esterilla y estructura cromada representan esa impronta moderna que no rompe con la atmósfera nostálgica del lugar.
La cocina de la residencia también funciona como un escenario privilegiado donde los objetos elegidos cuentan una historia profunda. En este sector, el contraste es protagonista: los muebles de madera oscura, con una pátina que deja ver el paso del tiempo, sostienen superficies de mármol claro. Los estantes abiertos juegan un rol fundamental al exhibir vajilla y utensilios con apariencia heredada, lo que refuerza significativamente esa sensación de hogar vivido y con alma.
La convivencia entre el pasado y el presente es una constante: una cocina económica de hierro fundido comparte el escenario con electrodomésticos de inspiración retro en tonos crema.
La casa de Natalia Oreiro y Ricardo Mollo no es una construcción convencional, sino que se presenta ante el mundo como un verdadero santuario donde la luz natural y la calidez son los ejes centrales de cada espacio. En esta propiedad, el diseño contemporáneo convive en perfecta armonía con piezas cargadas de historia, logrando un equilibrio sofisticado entre la tradición y la vanguardia. Cada ambiente de la vivienda parece haber sido meticulosamente pensado para reflejar una identidad fuerte, integrando líneas actuales con objetos que evocan la memoria y la tradición de manera constante.El mueble de lujo con la colección de Natalia OreiroUno de los espacios donde este espíritu se manifiesta con mayor fuerza es el comedor de la residencia. En este ambiente destaca un gran mueble empotrado en tonos suaves que captura todas las miradas, ya que funciona como una imponente vitrina de exhibición. Es precisamente allí donde la actriz atesora su colección de cerámicas con delicados motivos florales, piezas que aportan una atmósfera de nostalgia y refinamiento a la vida cotidiana del hogar. Este rincón se completa con un piso de madera recuperada que suma textura y calidez, y las clásicas sillas estilo Cesca, cuyo asiento de esterilla y estructura cromada representan esa impronta moderna que no rompe con la atmósfera nostálgica del lugar.La cocina de la residencia también funciona como un escenario privilegiado donde los objetos elegidos cuentan una historia profunda. En este sector, el contraste es protagonista: los muebles de madera oscura, con una pátina que deja ver el paso del tiempo, sostienen superficies de mármol claro. Los estantes abiertos juegan un rol fundamental al exhibir vajilla y utensilios con apariencia heredada, lo que refuerza significativamente esa sensación de hogar vivido y con alma.La convivencia entre el pasado y el presente es una constante: una cocina económica de hierro fundido comparte el escenario con electrodomésticos de inspiración retro en tonos crema.

