• 13 de junio de 2026 06:23

Haití debuta en el Mundial: el fútbol es la bocanada de aire para un pobre pueblo que sufre una crisis como en 1974

Porradioplayjujuy

Jun 13, 2026

Este sábado no será un día más en Haití. Tampoco será la primera vez que su pueblo desborde de emoción al ver a su seleccionado disputando un encuentro correspondiente a un Mundial. Sin embargo, la ocasión incentiva a la lágrima. Quedó muy lejos aquel 1974 y, a la vez, muy cerca. Porque el contexto político, social y económico es tan distante como comparable. Tiene mucho por desahogar, quizás, en el peor grupo que pudo haberle tocado. Por eso, apretará los dientes. Y si eso tampoco alcanza futbolísticamente para dar una sorpresa, al menos, el mundo habrá visto el orgullo de ser.

Para el argentino, el fútbol es aire entre tantos problemas diarios. Una pasión que desborda y hasta supera niveles impensados. Que no oculta, pero que alivia procesiones internas difíciles. Para muchos puede parecer algo único, pero para otros no. Cada cual con su manera y sus vivencias alrededor, cada nación tiene sus mandatos respecto al fútbol. No está mal creer que los caribeños están más cerca de la gente del último campeón del mundo de lo que se piensa en una rápida impresión.

La selección de Haití debió disputar la clasificación al Mundial fuera de casa a raíz de las pandillas violentas que privaron usar su estadio.

Cuentan desde allí que, si una pelota rueda sobre las calles de Pétion-Ville, una comuna situada sobre colinas de Puerto Príncipe, capital haitiana, por culpa de varios adolescentes, los autos le dan prioridad al jugador y se desvían. Es el terreno de ricos, diplomáticos y embajadas, pero ganan los humildes.

De hecho, tienen un potrero similar. Una piedra, así como en estos lados, sirve de palos para armar dos arcos. Se practica descalzos, con chancletas o zapatillas; sobre asfalto, tierra o césped sintético desgastado. En campeonatos de barrio, escuelas o torneos entre clubes profesionales y aficionados.

El fútbol es llamado un “lugar de ceremonias paganas que harían palidecer a los fanáticos más convencidos”, según Patrice Dumont, exsenador y columnista deportivo. “Siempre que haya un espacio, se juega desde el tres contra tres hasta el 11 contra 11”.

Josué Duverger, arquero de Haití, con la mano en su corazón y sobre el escudo de la Federación de Haití: en medio de una crisis muy grande, la emoción correrá en cada haitiano.

Máxime, desde el 19 de noviembre del año pasado, momento en el que el combinado nacional sacó los boletos para jugar esta edición. Esa bocanada de aire que aporta el fútbol comienza por el futuro de esos pequeños que, con esta hazaña, se alimentan de sueños.

A la hora de disputar aquella Copa del Mundo en Alemania, 52 años atrás, Haití estaba gobernada por un régimen disctatorial, la crisis económica era profunda y la pobreza era un rasgo inevitable. En el medio, su selección participaba por primera vez de un acontecimiento semejante: la fiesta fue soñada. Y aunque terminó siendo una aventura fugaz, compartiendo grupo con Italia, Argentina y Polonia (terminaría en el podio), se hizo ver ante el planeta.

Los haitianos se mostraron felices, como en 1974, cuando los jugadores de la selección nacional vivieron una fiesta junto a ellos, antes del debut que tendrán este sábado.

Hoy lo hace de nuevo. En el grupo C que comparte con Brasil, la temerosa Marruecos y Escocia, acaso el rival con el que este sábado, desde las 22 (horario argentino), se estrenará en el Gillette Stadium de Foxborough, Estados Unidos. Su bandera se alzará en el himno y el pecho de los jugadores se inflará como representantes de quienes padecen el día a día.

12 millones de habitantes que forman parte de la nación más pobre de América, inmersa en el caos político de un gobierno a cargo del primer ministro tras una presidencia vacante, aunque posee un poder mayor: las pandillas y su violencia ocupan el 90 por ciento de la capital, por ejemplo. Entonces, las crisis económicas y humanitarias no tienen precedentes.

Los niños haitianos, en medio de armas de policías y pandillas de delincuentes que imponen su poder en un país que sufre una profunda crisis.

De hecho, su estadio Sylvio-Cator, de unos 15 mil espectadores, dejó de ser su recinto sagrado. Los delincuentes son los dueños, por lo que permanece cerrado desde comienzos de 2024 para lo deberia. En consecuencia, la selección de Haití fue una fuente de inspiración: su clasificación la logró haciendo como local en Curazao, ganando 264 millones de gourdes (1,7 millones de euros) como prima, a pesar del momento económico.

Salomé Sandler Tally, fundadora y entrenadora del club Aigle Noir AC (ANAC), dialogó con AFP y en pocas palabras expuso qué transmite el balón en cada haitiano: “El fútbol es esperanza y amor, inspira orgullo y entusiasmo. La clasificación para el Mundial es especial para un país que ama tanto el fútbol”, agregó.

Aunque, a la vez, no le sorprende: “Veo el talento a nivel local y el de la diáspora”. El 54% de la población, comenta, tiene menos de 25 años. Y sus jugadores juegan, en gran parte, en Europa o Norteamérica, así como son dirigidos como un francés, Sébastien Migné.

Un grupo de niños jugando al fútbol con una pelota de plástico en el barrio de Pétion-Ville, en Puerto Príncipe: el futuro de ellos es respetado por los ciudadanos, aun cuando juegan en las calles.

Por otra parte, Evens Lezin, un jugador amateur de 49 años, asegura que la presencia de los Granaderos en el nuevo Mundial será un envión para los jóvenes haitianos. “Se puede avanzar con disciplina. Muchos jóvenes se dedican a la delincuencia, son alcohólicos, fumadores y no tienen pasatiempos saludables. El fútbol puede ser un escape”.

Es del deporte rey, se escucha de fútbol en diferentes ámbitos. El corazón haitiano late por este deporte aunque los problemas acechen sin piedad.

​Aquel año disputó su única Copa del Mundo, en Alemania; su estreno, este sábado ante Escocia  Fútbol