• 18 de abril de 2026 19:04

Del campo a la ciudad (y a Nueva York): crónica de un niño audaz

Porradioplayjujuy

Abr 18, 2026

“Es un estimulante híbrido de géneros y estilos. Una historia de iniciación, una aventura, una fantasía y una road movie, todo al mismo tiempo, que además combina ficción y elementos documentales. Los directores nos conducen a un espacio liminar, donde la realidad y los sueños se difuminan y todo parece posible”. Desde Nueva York, La Frances Hui, curadora del Departamento de Cine del MoMA y codirectora de la edición 2026 del festival New Directors/New Films (ND/NF) -organizado por el Lincoln Center y el MoMA-, no ahorra elogios para la película El tren fluvial, ópera prima de los argentinos Lucas Vignale (28) y Lorenzo Ferro (27). El film se presentó esta semana en el festival neoyorquino, a sala llena y con la auspiciosa presencia de Edward Lachman, uno de los grandes directores de fotografía de los Estados Unidos (entre otras, puso su sello en Las vírgenes suicidas, de Sofia Coppola).

La Frances Hui, curadora del Departamento de Cine del MoMA y codirectora de la edición 2026 del festival New Directors/New Films (ND/NF):

“Fue un éxito”, sintetizan los directores. “Fue hermoso”, insisten, inmersos en algo así como en un sueño hecho realidad. Sin duda saben que ya están agotadas las entradas para las funciones que la película tendrá dentro de unos días en el Bafici porteño (donde también presentan su corto Mi gran noche). Y seguramente aún tienen en mente los aplausos que coronaron el estreno internacional del film, en febrero, en el Festival de cine de Berlín.

Lucas Vignale  y Lorenzo Ferro, tras la presentación de su película en Nueva York;
Foto: cortesía Film at Lincoln Center/Photo by Arin Sang-urai @filmlinc

El tren fluvial es una película con una huella muy local (por lo pronto, está filmada entre Madariaga y Buenos Aires, y su protagonista es un niño que baila malambo) que, no obstante, viene seduciendo a exigentes audiencias extranjeras. La Frances Hui, curtida en las diversas expresiones del cine contemporáneo, propone vía mail algunas pistas para pensar el porqué de ese éxito. “Mientras miraba El tren fluvial -describe- no podía evitar pensar en Los 400 golpes de Truffaut, que también trata de un niño creando su propia clase de aventura. Aquella película estuvo marcada por la actuación de Jean-Pierre Léaud en su debut a los 14 años. En una grabación que ha circulado mucho, se muestra la audición de Léaud, y cómo él se gana al director con su rapidez, ingenio y actitud. Me encanta que El tren fluvial incluya una escena de audición similar, que conecta a esos dos chicos a través del tiempo y del espacio. El tren fluvial es una aventura de iniciación que trasciende su específico lugar de origen. No es solo una historia local; es una historia humana, acerca del primer sabor de la independencia”.

El gran núcleo de esa historia es el niño Milo Barria (10), enorme hallazgo de los directores Ferro y Vignale, que despliega desde el minuto uno un carisma indudable. Bailarín de malambo y oriundo de Madariaga en la vida real, interpreta un personaje que -también bailarín y habitante de esa ciudad- un día ve en la televisión la película Soñar, soñar, de Leonardo Favio, y decide hacer lo mismo que hiciera el personaje interpretado por Carlos Monzón en aquel film de 1976: viajar a Buenos Aires y allí hacer valer su arte. Con astucia infantil, Milo se escabulle de la vigilancia paterna, se sube a un tren y se lanza a una aventura que incluirá una singular audición para niños actores (la misma que deslumbró a La Frances Hui), el encuentro con una particular fauna urbanita y el descubrimiento de una Buenos Aires que siempre oscilará entre lo real y lo onírico.

El gran núcleo de esa historia es el niño Milo Barria (10), enorme hallazgo de los directores Ferro y Vignale, que despliega desde el minuto uno un carisma indudable

“Conocer a Milo fue uno de los grandes disparadores de la película”, admiten los realizadores. De hecho, la primera escena del film se grabó en una competencia de malambo en Tandil, en la que participaba el Milo real… y en la que salió campeón. “Ese día teníamos una sola toma, una sola cámara. Todo lo que tiene que ver con el baile lo trajo Milo a la película. Por suerte: ese inicio es impactante, y no estaba escrito en el guion”, cuentan Ferro y Vignale.

La escena inicial de la película es una competencia de malambo real, filmada en Tandil; ©Cinco Rayos

Otro disparador fue el cuento “El sastrecillo valiente”, que un Lorenzo Ferro niño conoció de la mano de su abuela, y que es una de esas historias de hadas donde el ingenio, la astucia y la imaginación triunfan por sobre la fuerza, la riqueza o el poder.

Lorenzo Ferro viene haciendo camino tanto en la actuación (El ángel, Simón de la montaña) como en la música. Lucas Vignale es realizador de videoclips. “La idea de hacer la película un poco nace de que veníamos trabajando juntos hace como seis años, en proyectos más vinculados al videoclip -rememora Vignale-. Nos empezó a suceder que se nos hacía chico ese formato; intentamos hacer un documental, un cortometraje… Necesitábamos otro tipo de éxtasis y por curiosidad y también por tener un propósito diferente, empezamos con la búsqueda de filmar más días, filmar en un pueblo, filmar en la ciudad. Queríamos hacer algo más extenso”.

Uno de los disparadores de la película fue el cuento

Cuando termina la película y comienzan a sucederse los créditos, en la cúspide de la nutrida lista de agradecimientos hay un nombre: Leonardo Favio. Es indudable que la película se nutre de la filmografía del creador de Gatica, el mono y, a la vez, la homenajea. Hasta podría decirse que El tren fluvial es algo así como una cruza contemporánea entre Soñar, soñar y Crónica de un niño solo, el debut cinematográfico de Favio. De hecho, Diego Puente, el actor que en 1965 protagonizó aquella película, encarna, en El tren fluvial, al primer personaje con el que Milo interactúa al llegar a Buenos Aires.

La película se nutre de la filmografía del creador de “Gatica, el mono” y, a la vez, la homenajea. Hasta podría decirse que “El tren fluvial” es algo así como una cruza contemporánea entre “Soñar, soñar” y “Crónica de un niño solo”, el debut cinematográfico de Favio

Hay otra referencia que también llama la atención en los agradecimientos: el Taller Nómade que, desde hace años, dicta el escritor Fabián Casas.

“Fabián es amigo nuestro -se explaya Vignale-. Yo estuve en el taller durante todo 2024 que, da la casualidad, es el año en que aparece la propuesta de hacer la película. Era muy loco cómo en todas las clases del taller aparecían elementos inspiradores de escritura que yo me llevaba para después trabajar con Lorenzo. En una de esas clases, Fabián nos habló de Francisco Madariaga, el poeta. Una de sus poesías es la que, en una escena, recita el chofer del tren; con ese poema, que se llama ”Viaje estival con Lucio» se abre y se cierra el camino de Milo. El poema también le da nombre a la película. Se puede decir que nos robamos algunos que otros elementos que Fabián nos traía… Por eso nos pareció muy bien que él estuviera en la película, con un personaje que es karateka y representante de actores. A él no le gustaba mucho el personaje, pero terminó dándole una vida que tiene que ver con esa cosa maldita, capciosa, que puede tener la ciudad. El Taller Nómade es un espacio muy particular, que no tiene una estructura, donde se habla un montón de poesía, cuentos, novelas. Es un taller medio ensoñado y justo a Lorenzo y a mí nos encanta lo onírico. Decimos que somos mejores cuando soñamos».

Trailer de «El tren fluvial»

Quienes también se rendían ante lo onírico eran los surrealistas, respetuosos tanto del enigma de lo irracional como de los hilos secretos que van uniendo casualidades. Y en la realización de El tren fluvial hubo bastante de eso.

Por un lado, el poema de Francisco Madariaga:

-Aquí ya empiezan a haber caballos -me decía/ y el viento del nordeste comenzaba a ser verde entre los colores del agua de la infancia./ Estábamos ya muy lejos de los bronces, los mármoles y los floreros pintados “al gusto de la familia” en los cementerios municipales./ Todo aquello quedaba atrás, y el sueño del viejo tren casi fluvial nos envolvía./ Mi pequeño hijo de siete años y yo teníamos en las manos las ramas de las estrellas y el resplandor lentísimo de los ríos rosados, donde sangraba el sol de los caballos, las vaquerías y las antiguas guerras./ Era el primer viaje solos en el tren marrón que no quiere morir.

El poema, que habla del viaje que hacen un hombre y un niño, es una suerte de anticipo del viaje que, en la película, hará el pequeño Milo; las palabras escritas hace años por Madariaga son el latido profundo del film.

Rita Pauls y Milo Barria en una escena de la película; Foto: ©Cinco Rayos

Por otro lado, las casualidades. La más evidente: el apellido del autor de “Viaje estival con Lucio” coincide con el nombre de la localidad donde se filmó la primera parte de la película. En Madariaga está el hogar de Milo Barria y de su familia (que también actúa en la película): Lucrecia Pazos, Mariano Barria y Mailén Barria.

Otra parte de la película, al menos varias escenas muy importantes, se filma en el tren que lleva al joven protagonista lejos de casa, rumbo a la ciudad. Similar al de “Viaje estival con Lucio”, ese tren atraviesa ríos, lagunas, arroyos que los realizadores fueron descubriendo sobre la marcha y cámara en mano: el mundo de lo real les devolvía lo que la literatura les había inspirado.

Lo que ellos no sabían era que, también como aquel al que dedicó su poema Francisco Madariaga, el tren que aparece en la película estaba destinado a dejar de existir. “Cerró un mes después de que terminásemos de filmar -rememora Lorenzo Ferro-. Fue tremendo. En el proyecto estaba la idea de que antes la gente buscaba el futuro en los trenes, o percibía sus sueños ligados a esos trenes; era algo que queríamos recuperar, como tener esa cosa más atemporal de lo que era la vida antes. Tener ese gesto de cajita musical que está en la película. Pero, sin querer, las escenas en el tren terminaron siendo un documento, porque ese tren, ahora no está. Ojalá que vuelva. Ojalá la película se convierta en documento solo de unos meses en los que estuvo cerrado”.

-Es verdad que por momentos hay algo muy atemporal en la película. También ocurre algo particular con Milo: jamás recibe un trato diferente por ser niño, nadie lo “infantiliza”. Tampoco se lo recibe con demasiada hostilidad… salvo en una escena con otros niños. ¿Hay una idea de infancia ahí?

-Un poco nace porque sentíamos, cuando nos juntábamos con Milo, que él tenía un espíritu de persona vieja y nos relacionábamos de igual a igual. Esa era nuestra relación con él, no lo tratábamos mucho como a un niño. Incluso en el rodaje tampoco lo hacíamos: nos parecía interesante que la ciudad lo pudiera tratar como una persona más.

-¿Cómo fue el proceso de producción de la película?

-Estuvo el hallazgo de este pibe, que es una cosa increíble -señala Ferro-. Queríamos entregarnos a la experiencia de hacer una película, algo en nuestra intuición nos decía que ya estábamos listos. Pero yo no le podía poner una cara; había un personaje, pero no le podía poner una cara. Haciendo un cortometraje, La Pasión, trabajamos con Milo. Él actuó en tres o cuatro escenitas y nos hicimos muy amigos también de su familia. Y bueno, ahí le empecé a poner cara a todas estas ideas, les empecé a dar forma en silencio, en mi casa, escribiendo notas… Hasta que llegó un día en que lo cité a Lucas, nos juntamos a tomar un café, le conté todo esto y él me dijo que lo teníamos que hacer lo antes posible. Ahí pusimos todo en marcha. Lo primero que hicimos fue viajar al pueblo para contarle a Milo que queríamos hacer una película con él, contárselo a su familia. Todos nos dijeron que sí. Volvimos a Buenos Aires y estuvimos cinco meses poniendo a punto el guion: tenía 30 páginas y todavía no decíamos que era una película. Hasta que un productor lo leyó y nos dijo: “¿ustedes saben que esto es una película, no?» Nos daba un poco de miedo el salto, pero aceptamos que íbamos a hacer un largometraje. Se terminó dando todo de una manera bastante mágica. Pero sobre todo fue el hambre de filmar y esa necesidad de estar en un rodaje la mayor cantidad de tiempo posible que ya veníamos experimentando en los rodajes anteriores. Era un sueño, y cuando apareció Milo le pudimos dar una forma y una gestualidad.

-¿Y la filmación? ¿Cuánto tiempo les llevó?

-Aproximadamente dos semanas. La producción llevó mucho más tiempo. Lo bueno fue que tuvimos guerreros de nuestro lado: estudiantes de la Universidad de Cine, de la FUC, que tenían más hambre incluso que nosotros de filmar una película, y nos ayudaron a filmar en poco tiempo, muy conscientes de los recursos. Después vinieron cuatro meses de edición.

-Esta idea de lo fluvial que aparece en el título de la película, ¿es solo por el poema?

-Nos gustaba mucho ese nombre, pero es verdad que no hay un elemento acuático tan presente. Salvo esa idea de entregarse a la experiencia e ir buscando, entregarse a todo lo que te pueda pasar. Como hace el agua, que ahora tiene esta forma, después toma otra… Milo tiene un poco de eso. Se va adaptando a todas las situaciones. Es eso, be water, my friend. Por ahí el elemento acuático de la película es Milo. Y bueno, sí el tren. El tren siempre estuvo.

……

Presente y pasado. Tradición y búsqueda de nuevos modos de expresión. Mientras Vignale, Ferro, el carismático Milo y todo el equipo que hizo posible El tren fluvial celebran los frutos de su trabajo, La Frances Hui concluye: “En un mundo fracturado, proteger la libertad de los artistas y sostener el intercambio y el diálogo no es solo una misión; es una necesidad. El cine es un lenguaje universal que trasciende fronteras. Lo ves claramente en El tren fluvial: un niño que crece en la Argentina rural aspira a las mismas cosas a las que aspiran los niños de todos lados: libertad, conexión, aventura y un sentido de hogar”.

​Protagonizada por un bailarín de malambo de 10 años, El tren fluvial, ópera prima de Lucas Vignale y Lorenzo Ferro, esta semana brilló en un festival organizado por el MoMA y el Lincoln Center; en pocos días tendrá su bautismo porteño en el Bafici  Conversaciones de domingo