• 16 de abril de 2026 11:01

Cine York: el renacimiento de una mítica sala de barrio en plena crisis de la industria

Porradioplayjujuy

Abr 16, 2026

Bajo los árboles de la calle Alberdi, la fila comienza a formarse una hora antes de que el Cine York encienda su proyector. Hay quienes leen apoyados contra el paredón, otros fuman o conversan en voz baja entre mates y cafés; unos pocos se pierden en el celular. Algunos fotografían la fachada o la plaza de enfrente alfombrada de hojas, como si intuyeran que el momento merece ser registrado. Aquí la espera no es demora: es el inicio del rito.

Adentro, el acomodador ordena la sala mientras los acordes de jazz y las luces azules, blancas y rojas anticipan el film. Los espectadores vienen por Nouvelle Vague (2025), de Richard Linklater, una función del ciclo que homenajea a aquel movimiento francés revolucionario del séptimo arte. En esta esquina de Olivos, el latido común persiste.

El año pasado asistieron casi 15.000 personas al York, una cifra notable para una sala de 270 butacas.

“En un momento donde el cine está ‘domesticado’ en las pantallas, la experiencia mística y comunal reaparece en lugares como el York, la Sala Lugones y el MALBA”, asegura Juan Manuel Domínguez, el director artístico de Vicente López Ciudad del Cine -que incluye al York, el Centro Cultural Munro, el Museo Lumiton y la plataforma lumiton.ar-, una iniciativa dependiente de la Secretaría de Cultura del municipio.

En este baluarte el streaming no ha logrado imponer su lógica de aislamiento. Allí donde las plataformas fomentan un consumo solitario y fragmentado, este cine recupera el encuentro. En tiempos de salas comerciales semi vacías, el histórico salón municipal emerge luminoso, repleto y vibrante.

La muerte del cine y del público no se ve acá. Hay esperanza en que los cines sigan siendo espacios de encuentro, descubrimiento y educación y que el vecino sea parte, que nos diga qué quiere ver”, añade Domínguez.

Mientras la industria cinematográfica nacional atraviesa el peor arranque en tres décadas, la vereda de la calle Alberdi recupera una postal analógica: la del cine de barrio convocando público. Los números de taquilla de enero de 2026 son elocuentes: con apenas 2.085.576 entradas vendidas, el mes cerró con una caída del 22,9% interanual.

Pese a un leve rebote en febrero del 17%, la taquilla de marzo fue la tercera más baja de los últimos treinta años, con apenas 1.599.122 entradas vendidas, según el último informe de Ultracine, consultora argentina líder en la industria. Mientras las grandes cadenas enfrentan butacas casi desiertas con precios que ya perforan el techo de los $15.000, el York, una de las pocas salas de barrio aún en pie, se fortalece.

La taquilla de marzo fue la tercera más baja de los últimos 30 años

“Este renacimiento del cine de barrio se da porque hay una política cultural sostenida por la Secretaría de Cultura de Vicente López desde hace años que entiende al cine como acceso democrático y a la cultura como algo que genera comunidad e identidad”, explica el director artístico.

Un renacimiento singular

Después de la pandemia, cuando el cierre de las salas de barrio parecía inevitable, ocurrió lo inesperado: el público comenzó a crecer y a diversificarse. Las funciones, antes dispersas, se poblaron de nuevos espectadores y transformaron el espacio en una escuela informal de formación cinematográfica.

Vienen muchísimos jóvenes. Los escucho decir que tal película no la habían visto nunca en pantalla gigante o que la vieron en cable, que es muy diferente. Vienen acá porque quieren ver otras clases de películas. Buscan films más viejos. Les interesa el cine de barrio, no el comercial”, reflexiona Raúl Barragan, proyeccionista del York desde hace 20 años.

Lo que el operador cinematográfico identifica como un creciente interés juvenil por un cine con otro “humor, nivel y ritmo”, es para Manuel Muñoz, estudiante de segundo año de Diseño, Imagen y Sonido en FADU, y asiduo espectador del York, una experiencia sensorial completa.

“Cuando entrás al York sentís que estás en la fotografía de una película. La primera que vi fue Corazón Salvaje de David Lynch. Me dejó flasheado. El ambiente es muy diferente al del comercial. Además, está ubicado en una zona hermosa que transmite vibras geniales y te transporta a otra época. El hecho de que sea antiguo te da la idea de que estás en un lugar que tenés que cuidar”.

Cine York, emblema cultural de Vicente López

Entre el aura de la vieja arquitectura y la mística de las proyecciones de clásicos en pantalla grande se torna evidente que el público joven no solo asiste por los films, sino por la conexión emocional con el pasado.

Ir al York es gratificante”, afirma Zoe García Narbaitz, estudiante de tercer año de cine de Animación y Posprouducción de la Escuela Da Vinci. Cuenta que, en su tercera visita, no logró entrar por la fila interminable: “Incluso los días de semana está lleno”, señala.

Y resalta: “El cine como arte es importante porque une. Este espacio es fascinante: está limpio, cuidado y amado. ¿Cómo no vas a querer un lugar que podés asociar con memorias felices?“.

Manuel remarca que la experiencia no se limita a la pantalla. El York recupera gestos que parecían extinguidos -la fila, el proyeccionista, la iluminación, el acomodador, la música que antecede la película, la adoración del arte en comunidad- y los sostiene bajo una inusual gratuidad de excelencia.

“Se forma un ambiente de acompañamiento. Todos comprendemos lo que estamos viendo, aplaudimos, nos reímos. Siempre está lleno”, añade el joven de 23 años. Zoe coincide: “Se ve un poco el espíritu argentino, se ve una unidad muy agradable”.

Hoy, con más de 60 mil seguidores en Instagram, York vive un renacimiento singular. El año pasado asistieron casi 15.000 personas, una cifra notable para una sala de 270 butacas.

Es un número excelente y esperanzador. Esto indica que las inversiones en cultura tienen un rédito en identidad y comunidad”, afirma Domínguez.

Raúl lo confirma desde la cabina: “Las butacas se llenan. Es frecuente que la gente aplauda al final de la película”.

Un portal hacia el pasado

La curaduría es parte esencial del fenómeno. Los ciclos combinan autores clásicos, cine argentino contemporáneo, animación japonesa y retrospectivas diversas.

“Tratamos de hablarle a la mayor cantidad de público sin traicionar un estándar de calidad. Buscamos una diversidad inteligente que dialogue con un espectador que muta, que puede querer ver Los 400 golpes en 35mm o Kill Bill, Inés de Oliveira Cézar o John Carpenter, Claude Chabrol o un video de Gorillaz“, señala el director artístico.

Y cuenta, con cierta emoción: “Hay familias que dicen: ‘Vengo al cine más allá de lo que den’. En una época dominada y taladrada por el marketing, que el público confíe en nuestra programación es un hecho muy relevante. El York se ha convertido en uno de los cines más lindos de la Argentina por su público y su predisposición a descubrir cosas”.

El encuentro entre los espectadores que se demoran en la vereda tras la película y los que forman la fila para entrar al cine York.

Las funciones son libres y gratuitas por orden de llegada, en abierta oposición a lógica del circuito comercial. “Lo mejor de este lugar es que es gratis, público, para todo el mundo”, celebra Manuel.

Raúl conoce bien esa divergencia porque trabajó años en complejos comerciales como el Shopping Alto Avellaneda. “La diferencia es que acá es más tranquilo, son dos funciones por día, (de miércoles a domingos), pero a la vez es más activo. Acá pasamos de todo: digital, 35mm y 16mm, ciclos alemanes, italianos, rusos. En el comercial las películas de estreno tienen que salir sí o sí, y si no rinden, el miércoles a la noche se van”.

Por su parte, Domínguez, destaca: “Generar una opción donde el cine sea cuidado y no se sienta como un simple producto es vital. Es una elección romántica”.

Por la pantalla de esta sala barrial desfilaron obras de grandes maestros del séptimo arte como Ingmar Bergman, Andrei Tarkovsky, Federico Fellini, Martin Scorsese, Stanley Kubrick, Jean-Luc Godard, Agnès Varda y David Lynch, entre muchos otros.

116 años de historia

A inicios del siglo XX, un grupo de vecinos fundó la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Olivos con la intención de crear un espacio de encuentro. En 1910 inauguraron la sala sobre la calle Alberdi y pronto incorporaron una máquina cinematográfica. Nacido como Cine Teatro Olivos, luego Select y finalmente Cine York, el lugar fue sede de los estrenos de los Estudios Lumiton, la primera productora de cine sonoro de Argentina -inspirada en Hollywood y fundada en 1931 en Munro por los “Locos de la azotea” (Enrique Susini, Luis Romero Carranza, Miguel Mujica y César Guerrico)- que marcó el inicio de la “época de oro” del cine nacional.

De su catálogo de más de cien películas surgieron clásicos como Los muchachos de antes no usaban gomina (1937) y Los martes orquídeas (1941) y se consagraron estrellas como Mirtha Legrand, Niní Marshall y Luis Sandrini.

Así lucía la fachada del Cine Teatro York antes de su restauración

Tras décadas de abandono, el edificio -que nunca dejó de habitar la memoria cultural del barrio- fue declarado Monumento Histórico Municipal en los 90 y, hacia los 2000, la Municipalidad de Vicente López la adquirió y emprendió un restauración profunda que le devolvió su esplendor.

Nadie hubiera imaginado que esta casona de estilo italianizante de 1910, acumuladora de polvo y silencio durante varios años, se convertiría otra vez en un cálido refugio comunal. Un pequeño milagro que adquiere en Raúl una dimensión más íntima. Su vínculo con el séptimo arte es hereditario.

“Mi abuelo, que empezó el oficio, instalaba las máquinas de 35mm. Después le enseñó a su hijo, mi padre, y mi viejo me enseñó a mí. A los 12 años ya iba a las cabinas. Cuando cumplí 18 empecé como acomodador y luego operador suplente suyo. Es una tradición familiar. Algo parecido a Cinema Paradiso (1988)”, cuenta entre risas.

“Hogar” del cine argentino

En paralelo, el York -fiel a sus orígenes- se mantiene como refugio para el cine nacional. En el ciclo de Miradas Argentinas ofrece una ventana tanto a clásicos como a nuevas voces en un contexto crítico para la industria nacional, marcado por recortes de presupuestos al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y la amenaza a su autonomía financiera.

Pasaron por el proyector de la sala películas de Leonardo Favio, Eliseo Subiela, María Luisa Bemberg, Santiago Mitre y Juan José Campanella, quien definió a este cine de Olivos como “fundamental” durante su adolescencia en un posteo en X a principios de febrero, una semana después del 116° aniversario de York.

“Permitir que el cine argentino tenga una pantalla más es fundamental. Queremos ser ese rincón de diálogo, de descanso, de conexión y de alegría para una industria que lo necesita”, indica Domínguez.

El aplauso final

El reconocimiento internacional llegó en 2023, cuando la UNESCO distinguió a Vicente López como Ciudad del Cine, junto a otras 54 del mundo, que se dio gracias proyecto municipal Lumiton, dedicado desde 2015 a impulsar talleres de formación e iniciación al cine y conservar el patrimonio audiovisual nacional mediante la restauración de archivos fílmicos y digitales.

Cine York fue sede de los estrenos de los Estudios Lumiton, la primera productora de la cine sonoro de Argentina

“Es el resultado de años de trabajo, de gente que trabaja con pasión y una estructura que cree en el proyecto. Es un título que defendemos día a día y que permite pavimentar un camino nuevo manteniendo lo mejor. El trabajo que hago codo a codo con Magdalena Cernadas, la directora ejecutiva, es para que exista algo que en cualquier rincón del mundo la gente no pueda creer“, remarca Domínguez.

Y concluye: “El York no es una anécdota, es una propuesta única: venir gratis a ver la historia del cine“.

Desde su cabina panóptica, Raúl observa lo que ocurre al final de cada función: “Veo a los chicos y chicas quedarse en la puerta hablando de la película o en el hall mirando los cuadros. Están en otra época”.

La pantalla entre telones rojos funde a negro. Vuelven las luces sobre las butacas. Nadie se apura. Un espectador se estira, otro permanece inmóvil, algunos susurran. Y, de pronto, llega el aplauso colectivo.

Afuera, la noche ya envuelve la calle Alberdi. Bajo el letrero iluminado, algunos se demoran en la vereda como si las imágenes vistas continuaran desplegándose en miradas, silencios y palabras. Es el acto final de un rito recuperado.

​Este emblema cultural de Vicente López sigue convocando al público a través de una curaduría única, el aura de su arquitectura y la mística de sus proyecciones  Cultura