Colgada de un hilo de vida, desnutrida y cubierta de moscas en un día frío, yacía en un callejón de la ciudad de Filadelfia cuando los agentes de protección animal la encontraron. Habían llegado al lugar gracias a una denuncia anónima que alertaba sobre un animal abandonado a su suerte.
Se les partió el corazón cuando vieron el estado de la dálmata. Apenas respiraba y su temperatura corporal estaba muy baja. Entonces temieron lo peor. “Tenía unas cuerdas de nylon muy pesadas colgando del cuello. No podía caminar. Estaba prácticamente sin vida cuando llegó al refugio”, relató a un medio local Sarah Brown, encargada de marketing y relaciones públicas de Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales (Society for the Prevention of Cruelty to Animals) o SPCA de Pensilvania.

Brandy, como bautizaron a la perra, no solo tenía hipotermia, sino que su estado físico impactó al equipo veterinario. “En el examen clínico, obtuvo una puntuación de uno sobre cinco, que es la puntuación más baja que puede obtener un animal vivo. Así de delgada estaba”, detalló Brown.
Basándose en las cuerdas de nylon deshilachadas que colgaban del cuello de Brandy, el equipo supuso que la perra había estado viviendo a la intemperie, atada en algún lugar, antes de que fuera abandonada en el callejón donde la encontraron. “Fue muy triste”, añadió Brown. “Pero a pesar de todo, era la perra más cariñosa”.

Luego de darle los primeros cuidados -regular su temperatura corporal, hidratarla y suministrarle un suero- el equipo veterinario de Brandy trató las llagas en sus patas con baños medicados. Además, le suministró pequeñas porciones de comida a lo largo del día para ayudarla a ganar peso de forma segura y gradual.

Los veterinarios calcularon que Brandy tenía unos dos años, pero mientras Brown observaba a la dálmata recuperarse y crecer, sospechó que la cachorra podría ser mucho más joven.
“Nuestros veterinarios determinan la edad de los animales basándose en sus dientes”, explicó Brown. “Pero también, cuando los animales no reciben la nutrición o la atención médica adecuadas, sus dientes pueden verse peor”.

Durante los meses siguientes, Brandy luchó por sobrevivir. Los voluntarios notaron de inmediato que tenía una personalidad cariñosa y curiosa que brillaba con luz propia, incluso en los momentos difíciles.

“Era muy inteligente”, comentó Brown. “A esta perra le encantaba trabajar, así que siempre le dábamos actividades estimulantes, ya fueran juguetes interactivos o… entrenándola para que aprendiera diferentes trucos”.
Así, con el paso de los días, Brandy formó fuertes lazos con los miembros del equipo de comportamiento, quienes sacaron lo mejor de ella.

“Una de las primeras veces que la vi después de que salió del hospital, saltó de alegría y se lanzó al regazo de una de las integrantes de nuestro equipo de comportamiento, abrazándola con fuerza”, recordó Brown.

Hasta que en mazo, Brandy encontró su hogar definitivo. Una familia llegó al refugio y conectó con Brandy de inmediato. Lo mejor de todo: ya tenían una dálmata, que desde entonces se ha convertido en la mejor amiga de Brandy.
Brandy, ahora llamada Birdie, pasa sus días correteando por un enorme jardín y mimando a su familia. “Birdie se ha integrado a nuestra familia de inmediato”, dijo su nueva tutora. “Le encanta correr por nuestra granja durante el día y acurrucarse en la cama con su hermana dálmata por la noche. ¡La queremos muchísimo!”.

Tras meses de perseverancia, Birdie es irreconocible comparada con la perrita flacucha que encontraron en el callejón. Es una luchadora que merece todo el amor posible.
Compartí una historia
Si tenés una historia de adopción, rescate, rehabilitación o ayudaste a algún animal en situación de riesgo y querés contar su historia, escribinos a bestiariolanacion@gmail.com
Con estado de hipotermia y una pesada soga atada a su cuello, sobrevivió en la intemperie; su estado de salud impactó a los veterinarios Lifestyle

