“Quiero ganar todos los partidos; pero el clásico, mil veces más. Es un campeonato aparte. Lo pienso más como hincha que como entrenador”. La categórica definición de Gustavo Costas, el técnico de Racing, pinta cuánto lo moviliza el cruce con Independiente, con el que se enfrentará este sábado, a las 17.30, en el estadio Libertadores de América. Para Gustavo Quinteros, el estratega del Rojo, cruzarse con la Academia también tiene una connotación especial: “El clásico hay que jugarlo al 101 por ciento. Vale tres puntos, igual que todos los partidos, pero para la gente es especial”.
Ambos entrenadores no sólo comparten el nombre de pila. También pertenecen a una misma generación (Quinteros tiene 61 años; Costas, 63) y cuentan con hojas de ruta que se asemejan: conquistaron distintas ligas del exterior antes de recibir un reconocimiento mayoritario como técnicos en el fútbol argentino.
Quinteros, siempre de camisa negra y sin movimientos ampulosos al costado de la cancha, fue campeón como conductor en Bolivia (con Blooming, Bolívar y Oriente Petrolero), Ecuador (Emelec) y Chile (Universidad Católica y Colo Colo). En Vélez, con momentos de un fútbol de alto vuelo, llegó a la gloria en el plano doméstico en la Liga Profesional 2024. Antes de sonreír con el trofeo de campeón en el Fortín, fue duro puertas adentro del vestuario, como cuando apartó provisoriamente a Elías Gómez, quien al ser reemplazado ante River le gritó “cagón” al estratega.
No tuvo temor Quinteros para asumir en el Rojo: firmó y debutó ante Racing, en el Cilindro, en el Clausura 2025. Ese estreno finalizó con igualdad sin goles, ya que Pablo Galdames dilapidó un mano a mano inmejorable en la acción final del encuentro. Costas, siempre vestido de Racing y con un despliegue eléctrico al lado del campo de juego, sufrió en aquella jugada del último derbi. Desde que inició su tercera etapa al frente de la Academia, registró un éxito y tres pardas ante el eterno rival del que ni siquiera usa el color.
Ganarle a Independiente este partido que vive como un “campeonato aparte” es el próximo paso que quiere dar. Con vueltas olímpicas en su haber como entrenador en Perú (Alianza Lima), Paraguay (Cerro Porteño), Ecuador (Barcelona) y Colombia (Independiente Santa Fe), el otro anhelo del ídolo albiceleste es quitarse la espina de no tener en sus vitrinas un título de liga en Argentina. Paternal con sus dirigidos, quienes coinciden en que él irradia y contagia su pasión por Racing, esta semana sufrió un golpe durísimo: perdió a Joaquina, su mamá.
“No importa cómo llegue cada uno, los clásicos son especiales, únicos. Estamos en un momento bueno más allá de si jugamos bien o mal”, consideró Costas después de la victoria (1-0) ante San Martín de Formosa, por la Copa Argentina, en lo que significó el noveno encuentro en fila sin derrotas (seis triunfos, tres empates). Pese a no convencer desde el juego ni brillar, su Racing sí tuvo carácter para revertir un inicio aterrador, con tres caídas seguidas.
Ese temple que lo condujo a los primeros planos durante dos temporadas es el mismo que desea exhibir en el estadio del Rojo, cuya irregularidad se convirtió en una constante en esta parte del año. Los números totales del ciclo Quinteros también reflejan esas intermitencias: en 20 partidos, acumula ocho triunfos, siete empates y cinco derrotas.
Más allá de la victoria obtenida la semana pasada en la Copa Argentina (4-2 a Atenas de Río Cuarto), en el Apertura Independiente lleva tres encuentros sin éxitos, con dos caídas al hilo (sendos 2-1 ante Talleres e Instituto) y una vibrante igualdad (4-4 con Unión). En ese empate con el Tatengue, se fue silbado y abucheado después de 45 minutos paupérrimos: llegó a estar 3-0 abajo y, pese a descontar, estuvo expuesto permanentemente. En la segunda mitad, después de recortar más la diferencia con un polémico penal, se repuso de quedar 2-4, mostró reacción y empató en tiempo de descuento.
El equipo oscila entre momentos de buen juego que ilusionan a su gente y baches que enfurecen. Con esa ambigüedad a cuestas, el clásico es determinante para perfilar al Rojo, que iniciará el partido fuera de los ocho primeros de la zona A, con el agravante de no haberse metido en los playoffs anteriores.
Sin participación en copas internacionales y con una racha inédita de 24 años sin títulos locales, Independiente está bajo presión. Ganar el clásico sería relanzar el ciclo; pero perderlo, el riesgo de implosión. Un empate, y con Boca (en la Bombonera) como siguiente rival, dejará al Diablo en el purgatorio para la recta decisiva.
El que quiere otra jornada celestial es Adrián Martínez, el goleador de Racing. Con 57 gritos (apenas cinco de penal) en 104 partidos, ya está en el puesto 25 de la tabla histórica de máximos anotadores académicos. Sus definiciones auguran generalmente alegrías: anotó en 43 partidos diferentes, con un saldo de 39 triunfos, un empate y sólo tres caídas. Además de cantidad, sus goles representan calidad: en 24 ocasiones hizo el 1-0. En este siglo, sólo Lisandro López (79 conquistas) y Diego Milito (59) convirtieron más que Maravilla, quien ya se planteó públicamente el objetivo de superar a ambos ídolos en ese listado de rompe-redes racinguistas.
Esta semana subió una historia de Instagram junto con Maximiliano Salas, el socio que se marchó a River a mediados del año pasado. A partir de ese momento, no volvió a tener un jugador tan complementario para repartirse cada batalla con los defensores rivales. Sin embargo, en un plantel que se reconfiguró con mayoría de delanteros de características distintas a las de Salas, Santiago Solari es quien más y mejor ha buscado a Maravilla. El ejemplo más reciente es la doble pared que armaron para romper el cero ante Estudiantes de Río Cuarto.
En ese partido, Martínez regresó sorpresivamente a las canchas 18 días después de haber sufrido un esguince grado 2 de tobillo izquierdo. “Andamos por fe, no por vista”, sintetizó sobre su retorno antes de los pronósticos. En la casa del Diablo, el predicador del gol había jugado el clásico de 2025 pese a lidiar con una fisura en la rodilla derecha. “Le creí a Dios que podía hacer un milagro y sanar mi hueso”, aseguró en aquella ocasión, tras el 1-1 final.
Otra vez en el estadio de Independiente, procurará elevar al cielo un grito de gol albiceleste, como ocurrió en 2024, cuando gambeteó a Rodrigo Rey para sellar el 1-0 que hizo realidad las plegarias racinguistas. La Academia confía en el ídolo, quien paradójicamente había estado en la órbita del Rojo en aquel mercado de pases hace dos temporadas.

Maravilla eligió a Racing e Independiente contrató a Gabriel Ávalos. El 9 paraguayo, con firmes chances de ir al Mundial (ingresó en el amistoso ante Marruecos), cambió silbidos por reconocimiento y se estableció como un indiscutido. Ya metió 29 goles en 95 presentaciones. Con siete celebraciones, está en la cima de la tabla de goleadores de este Apertura. “El equipo está muy bien en el ataque”, sentenció Quinteros. La estadística lo respalda: convirtió en los últimos 16 partidos (29 goles en total).
Sin el picante Matías Abaldo, expulsado en el cierre de la derrota con Talleres, también quedaría al margen Ignacio Pussetto por un traumatismo en una de sus rodillas. De esta manera, podría ingresar Facundo Valdez, el juvenil de 19 años que encandiló con sus gambetas. El otro miembro del tridente ofensivo será Santiago Montiel, el extremo de dos caras: en él coexisten el talentoso y protagonista de golazos impactantes, y también el de las infantiles expulsiones que enfurecen a sus entrenadores y perjudican al equipo.
Al dato positivo sobre la voracidad ofensiva lo contrasta que este año, en 13 encuentros oficiales disputados, únicamente pudo mantener la valla invicta en tres ocasiones (ante Central Córdoba, Lanús y Platense). En los últimos cuatro cotejos recibió 10 goles. Ocho de esas conquistas las sufrió Rodrigo Rey, quien atraviesa su momento de mayores dudas: ante Talleres salió en falso y fue responsable del empate transitorio de la visita. El capitán descansó en la Copa Argentina, en la que Joaquín Blázquez sufrió dos tantos sobre la hora.
“Necesitamos trabajar mucho para ser más sólidos”, reflexionó Quinteros, quien en distintas conferencias hizo hincapié sobre ese aspecto durante la presente temporada. La cuestión no sólo obedece al nivel del arquero, ya que Kevin Lomónaco también tuvo una merma y hubo rotaciones entre Sebastián Valdez y Juan Fedorco como sus compañeros de la zaga. Santiago Arias, de mejor ataque que defensa, le ganó la pulseada a Leonardo Godoy en el lateral derecho. Facundo Zabala reaparecerá en el otro andarivel, en el que Independiente extraña a Álvaro Angulo, una de las figuras del Apertura 2025.
En ese sentido, Racing mutó definitivamente desde el último trimestre del año pasado: dejó de golear con pasmosa facilidad, como ocurrió en buena parte de 2024 (cuando totalizó 103 tantos entre todas las competencias), y basó parte de su éxito en recibir menos conquistas. En esta serie de nueve presentaciones sin caídas, convirtió 13 tantos y apenas sufrió tres (de Argentinos, Independiente Rivadavia y Belgrano). Facundo Cambeses, dueño del arco, es parte importante de esa nueva impronta.
En la defensa, sector en el que más recambio tiene Costas, variaron los nombres respecto al cierre de 2025: Marco Di Césare y Marcos Rojo, relegados en la parte decisiva del año pasado, pasaron al frente en la pugna por los lugares en la zaga. Ambos estuvieron a punto de irse, pero las posibles operaciones se frustraron, el técnico los necesitó y se impusieron respecto a Nazareno Colombo, Franco Pardo y Agustín García Basso. Ezequiel Cannavo llegó desde Defensa y Justicia y se ganó el lugar que antes era de Gastón Martirena.
Gabriel Rojas, el lateral izquierdo que tiene la técnica de un 10, es uno de los imprescindibles. Convocado por primera vez a la selección, con la que debutó ante Mauritania, su sueño mundialista derivó en pesadilla para la Academia: el zurdo volvió desgarrado del combinado nacional y será baja en el clásico. Como Ignacio Rodríguez no logró establecerse como alternativa confiable de Rojas, García Basso es el principal candidato a jugar de 3. El marcador central había reclamado una mejora salarial e intentó irse a San Lorenzo, por lo que la dirigencia académica decidió marginarlo en el partido con Estudiantes de Río Cuarto. Luego de ese cortocircuito, se quedó y jugaría el derbi desde el arranque.
Independiente intenta establecer circuitos de juego más asociativos y Racing apela a un estilo más directo, pero a ambos les ocurre lo mismo: no lograron afirmar el funcionamiento ni los nombres en el mediocampo. Para el Rojo, la derecha de ese sector no tiene un indiscutido. Quinteros probó con Lautaro Millán y Pérez Curci, pero ninguno descolló en la zona que antes ocupaba el transferido Felipe Loyola. Iván Marcone, titular y referente de frecuentes altibajos, tiene a su otro costado a Ignacio Malcorra. El ex Central, asidua figura en los clásicos ante Newell’s, buscará aportar su experiencia y también dar una imagen más convincente que la mostrada hasta ahora.
Lo que pasó en el último clásico
Racing extraña a Juan Nardoni y Agustín Almendra, quienes se fueron en este libro de pases: el ex Unión era un todoterreno, mientras que el ex Boca se encargaba de un pase entre líneas que no abunda. Matko Miljevic, ausente ante San Martín de Formosa tras sufrir un robo en las calles de Puerto Madero, todavía no consigue hacerse eje de creación, mientras que Santiago Sosa tuvo un bajón en su nivel respecto al año anterior, cuando brilló como líbero-mediocampista. Con más espacios por cubrir y sin estar fino con la pelota, Sosa padece en la zona central. Adrián Toto Fernández, de menor a mayor desde su llegada al equipo, y Baltasar Rodríguez, quien regresó de Inter Miami, asoman como las opciones con las que Costas intente tener juego y gambeta, respectivamente. Bruno Zuculini, tan de Racing como el técnico, es la alternativa para ganar más marca y ayuda para Sosa.
El clásico implica para ambos equipos estar a la altura. Un dron sobrevoló el entrenamiento de Racing, lo que planteó el interrogante sobre si existió un “espionaje” desde el estadio vecino. “Estaba muy arriba para bajarlo”, contó Baltasar Rodríguez, consultado al respecto en la conferencia de prensa previa al duelo que divide Avellaneda. En 2025, una avioneta pasó por encima de la cancha del Rojo en pleno derbi y exhibió un cartel alusivo a su sequía doméstica: “Infelices 23 años”.
Independiente, que está arriba en el historial general con 18 partidos de diferencia, promete tener un recibimiento “impresionante” para intentar empujar al equipo a una victoria que resulta imperiosa. La Academia, que tuvo un masivo banderazo en el Cilindro para arengar a los dirigidos por Costas, irá por una alegría que además lo acerque más a la clasificación a octavos. El clásico, ese “campeonato aparte” para el que se necesita “dar el 101 por ciento”, ya se palpita en Avellaneda y en cada rincón donde la vida se tiñe de rojo o celeste y blanco.
Se medirán este sábado desde las 17:30, por el torneo Apertura: las situaciones de los entrenadores Costas y Quinteros y cómo puede impactar el resultado de cara al futuro de ambos equipos Fútbol

