Muchas personas hoy en día tienden a procrastinar; es decir, a postergar lo que tienen que hacer, a dejarlo para más adelante por diversas razones. Hoy quiero compartir algunas ideas sobre este tema que nos alcanza a todos.
1. La postergación no es sinónimo de pereza
En realidad, muchas veces no evitamos la tarea en sí, sino la emoción que esa tarea nos provoca. En la mayoría de los casos se trata de una “evitación emocional”. Por ejemplo, evitamos sentir ansiedad, inseguridad o miedo.
2. Cuanto más importante es la tarea, más fácil es postergarla
Si tenés que prepararte un café, probablemente no lo postergues. En cambio, si tenés que cambiar de trabajo o vender tu casa, es muy posible que demores esa decisión porque se trata de algo más complejo y que toca tu autoestima. Cuando una tarea es pequeña, la imagen personal no está en juego; en cambio, cuando se trata de algo de mayor importancia —como todo lo que tiene que ver con nuestra salud— entra en juego la propia valoración.

3. El cerebro prioriza el alivio inmediato sobre el beneficio futuro
Nuestro cerebro suele debatirse entre dos alternativas: a) esforzarse ahora para obtener un beneficio mañana; b) buscar una satisfacción inmediata.
Algunas personas, por ejemplo, eligen cuidarse en las comidas para ganar salud a largo plazo; otras, en cambio, prefieren satisfacer el deseo de comer cualquier alimento, sin considerar si eso puede perjudicarlas en el futuro. Sin embargo, en general, a quien aprende a postergar un placer inmediato en favor de un beneficio mayor más adelante suele irle mejor en la vida.
4. La postergación protege la autoimagen
En ocasiones nos excusamos diciendo: “No lo hago por mi familia” o “No lo hice por falta de tiempo”; pero, en el fondo, muchas veces estamos protegiendo nuestra propia imagen. Porque, si intentamos algo y nos va mal, sentimos que eso puede afectar cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos perciben los demás. Y a nadie le gusta que su imagen se vea dañada.
Te animo a dejar de postergar. Atrevete a llevar adelante aquello que necesitás hacer, aunque no te salga perfecto al principio. Luego siempre habrá tiempo para mejorarlo. Somos seres en constante aprendizaje.
Y, si te sentís abrumado o abrumada por todo lo que tenés que hacer, intentá cuantificar las tareas: “Hoy voy a leer diez páginas”, “Hoy voy a llamar a tres clientes”. Pero no dejes de moverte, aun cuando no tengas ganas o las condiciones externas no sean las ideales. Comprometete con vos mismo, con vos misma; porque recordá que, en la vida, lo mejor siempre está por venir.
La recomendación de Bernardo Stamateas para atreverse a llevar adelante aquello que necesitás hacer, aunque no te salga perfecto al principio En las redes

