• 1 de marzo de 2026 13:05

Vestuario quebrado: quién es quién en la interna de River, por qué pasó y qué le espera a Coudet

Porradioplayjujuy

Mar 1, 2026

Marcelo Gallardo ya le punto final a su segundo ciclo como DT de River, pero el mensaje que dejó en el último partido ante Banfield sigue haciendo ruido. El eco generó oleaje. Más desde las reacciones, pero también con palabras, el entrenador se encargó de dejar en claro que no se trataba de un partido más. Quizás sin proponérselo de manera tan categórica, pero generaron más revuelo sus gestos que los tres puntos conseguidos como local.

Cuando el jueves puso un pie en el primer escalón para ingresar al túnel único del estadio Monumental e irse al vestuario local, denominado Ángel Labruna, comprendió que su mensaje había llegado como pocas veces ocurrió con el plantel durante su segunda etapa como técnico de River. El “Muñeeecooo, Muñeeecooo” dedicado a él mutó sin ningún tipo de preámbulo en una catarata de silbidos con los jugadores como destinatarios. En ese momento, Gallardo logró que su obra tuviera un éxito rotundo.

Minutos antes, River, con una formación inicial compuesta por ocho futbolistas surgidos de su semillero, le había ganado 3-1 a Banfield. Más allá de los tres puntos que sepultaron una racha de tres caídas consecutivas en el Torneo Apertura, la despedida de Gallardo expuso la relación quebrada con varios integrantes del plantel y también una división indisimulable entre los referentes: un grupo respaldaba al entrenador más ganador de la historia de River, mientras que otro estaba de acuerdo con su partida.

El gol de Lucas Martínez Quarta fue una invitación a repasar detenidamente cuadro por cuadro en las imágenes televisivas. El capitán de turno, ante la ausencia de Franco Armani y Juan Fernando Quintero, lesionados, inmediatamente buscó al DT para darle un abrazo, escoltado por Gonzalo Montiel y Lautaro Rivero. Matías Biscay, ayudante de campo y fiel ladero de MG fue testigo privilegiado al mismo tiempo que los suplentes se repartían entre aquellos que aplaudían la apertura del marcador y quienes preferían ignorar la alegría de un equipo que hasta entonces reunía cinco tantos al cabo de siete presentaciones oficiales. No fue un hecho eventual, propio de una distracción, sino todo un síntoma de un grupo humano que no atraviesa un presente de unidad tras conocer la decisión de Gallardo el lunes por la tarde, antes de iniciar la práctica posterior a la derrota frente a Vélez.

En el vestuario principal del predio de Ezeiza se produjo un debate después de que el DT comunicara su adiós al no encontrar las respuestas futbolísticas que esperaba ni tampoco suficiente compromiso con sus ideas. Armani, el futbolista más longevo del plantel con 39 años de edad, tomó la palabra y les expresó a sus compañeros la necesidad de asumir la responsabilidad y salir adelante porque considera que no es lógico que River tenga que cambiar de entrenador dos veces en un lapso inferior a 24 meses.

El abrazo de Martínez Quarta con Gallardo luego de su gol a Banfield

Mientras tanto, entre lágrimas, Martínez Quarta, buscaba adhesiones para ir a convencer a Gallardo de que revirtiera su postura. El defensor no tuvo éxito y difícilmente hubiera cambiado la ecuación para el hombre nacido hace medio siglo en la ciudad bonaerense de Merlo.

Los juveniles del plantel escuchaban, sin emitir ningún tipo de opinión. Querían quedar al margen de cualquier manifestación que pudiera dividir aún más el grupo, cuyos exponentes fijaban posiciones: de un lado estaba la premisa de bancar a Gallardo. Y esa posición tenía como protagonistas a Montiel, el mencionado Martínez Quarta, Juan Fernando Quintero, Sebastián Driussi y Germán Pezzella, todos ellos multicampeones en el primer ciclo del DT. En el bando opuesto, Marcos Acuña era uno de los referentes que no se oponían a la renuncia y hasta se pronunciaba a favor. Maximiliano Meza realizó un comentario breve, queriendo suavizar las consecuencias del adiós del Muñeco, pero sus palabras no fueron bien vistas por algunos integrantes del plantel.

Un rato después, pasadas las 19 horas, los líderes del grupo conversaron con el presidente del club, Stefano Di Carlo. Ya era tarde para torcer la determinación de Gallardo, que el día anterior no había ocultado su malestar durante el entretiempo en el vestuario visitante del estadio José Amalfitani, enojado por el pésimo desempeño colectivo de la primera parte. Esa situación, acompañada del saludo breve y con olor a despedida al cabo de un nuevo traspié, dejó entre los futbolistas la sensación de que el final del ciclo era inminente. Ahí no había divisiones: todos habían interpretado lo mismo.

Marcos Acuña y Gallardo, en un Estudiantes de La Plata vs. River de 2025; la historia entre ellos terminó mal

Entre los resultados negativos, avalados por producciones flojas en el aspecto ofensivo, y un desgaste gradual a nivel cotidiano en River Camp, donde algunos jugadores intercambiaban opiniones cuestionando la forma de trabajo de Gallardo, la unidad había empezado a resquebrajarse. Aunque algunos futbolistas entendían que el DT no lograba acertar en sus decisiones como en las épocas doradas, querían respaldarlo. Pero la impotencia en el campo de juego desmoronaba esa intención de sostenerlo con triunfos y rendimientos acordes a la exigencia de la camiseta de River. Ya el entretiempo ante Vélez, en Liniers, había sido “picante”.

La lista de 25 convocados para recibir a Banfield no brindó indicios sobre la ruptura entre el técnico y varios jugadores. Pero el armado del equipo titular fue todo un mensaje, con nueve titulares de los once formados en las divisiones inferiores. Y ahí quedó expuesta, sobre todo, una decisión impensada: eligió como lateral izquierdo a Facundo González, marcador central por naturaleza y debutante a nivel oficial, relegando al uruguayo Matías Viña y especialmente al Huevo Acuña, recuperado de un estado febril y lejos del 100 % de sus posibilidades físicas a raíz de que no pudo realizar la pretemporada a la par del grupo, víctima de una lesión en el dedo gordo del pie izquierdo. También quedaron relegados Facundo Colidio, el más reprobado cuando la voz del estadio anunció nombre por nombre, y Maximiliano Salas. Los rostros de ambos hablaban por sí solos en el banco de relevos. Armani y Acuña se expresaron por redes ya varias horas después de confirmarse la salida del entrenador.

Maxi Meza y Pezzella, otros dos futbolistas de experiencia, en la foto festejando un gol de River ante Urawa Reds Diamonds en el Mundial de Clubes 2025

Gallardo, hábil para expresar indirectamente su descontento con el plantel, no mencionó a los jugadores en el video que River publicó para confirmar la partida del DT. El jueves por la noche ratificó esa posición al retirarse del campo de juego tras el saludo con los árbitros, Martínez Quarta y el número 22 de Banfield, Rodrigo Auzmendi. No chocó las manos con ningún jugador más en ese momento. Sabía que una vez que entrara al túnel sus entonces exdirigidos iban a oír el veredicto de una multitud. En la retirada, hubo varios futbolistas que tampoco cruzaron saludos con Biscay, que esperó al plantel en la boca del túnel que conduce al vestuario.

Como si no fuera suficiente con la enumerada sucesión de acontecimientos, Gallardo arribó al moderno auditorio del estadio Monumental con el propósito de expresar un mensaje final. En esa exposición, sin preguntas previstas, les agradeció los hinchas “por el amor incondicional” y también a los periodistas “por el respeto”, pero hizo una referencia prácticamente inadvertida hacia los futbolistas: “Le deseo de todo corazón al club, a este plantel y a esta dirigencia que se puedan reponer y volver a ponerse de pie para lo que viene”. Tan defraudado se sintió el DT con sus jugadores que antepuso los agradecimientos al periodismo.

Eduardo Coudet dirigiendo a Internacional de Porto Alegre ante River, por la Copa Libertadores 2023

Con el desafío de lograr que River sea protagonista en cada competencia, el sucesor de Gallardo también deberá conseguir que el plantel recomponga sus diferencias para que haya una cohesión. Esa misión (todo indica) estará a cargo de Eduardo Coudet, el candidato con el que ya tuvieron contactos. El Chacho tiene una personalidad especial, pero antes de hablar de fútbol sabe que deberá empezar de cero con un grupo de jugadores, reconstruir el grupo. La dirigencia millonaria planea, al mismo tiempo, cambios en toda la estructura del fútbol profesional. Y está alerta: su principal preocupación pasa por el presente deportivo de una institución con muchos puntos positivos en materia de gestión, aunque sin correlación en el tema que mayor interés provoca entre sus socios e hinchas: el fútbol.

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