• 22 de febrero de 2026 03:51

Represión y negociación: el doble juego del régimen iraní

Porradioplayjujuy

Feb 22, 2026

El 17 de enero, el líder supremo iraní, Alí Jamenei, dijo que habían muerto “miles de personas”. El 21 de enero, se admitió que eran 3.117 los muertos durante el levantamiento.

La relatora especial de la ONU sobre Irán habló de cinco mil asesinatos. Pero señaló que la cifra podía llegar a 20 mil.

Hashim Moazenzadeh, cirujano francés y director del sitio de noticias Palena, declaró a Euronews que las pruebas demostraban que los agentes habían disparado a mansalva y que, según estadísticas de diversas fuentes hospitalarias, registraban 22 mil casos.

La escala de la represión contra las protestas que estallaron tras la devaluación de la moneda, a fines de diciembre de 2025, aún no se detiene.

Según Amnistía Internacional, las autoridades iraníes “emprendieron una represión militarizada tras las manifestaciones, con fuerzas de seguridad desplegadas a gran escala, detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y amenazas contra las familias de las víctimas”.

Protestas en Irán: salió a la luz un video que muestra cuerpos amontonados frente a una morgue.

Además, señala que el apagón casi total de internet fue parte de esta estrategia para dificultar la documentación de violaciones graves de derechos humanos y para ocultar las masacres ocurridas durante la dispersión de las protestas.

“Miles de personas permanecen detenidas, muchas de ellas corren riesgo de tortura, malos tratos, violencia sexual y procesos sin garantías, incluso con posibilidades de pena de muerte en juicios claramente injustos”, dice el informe.

¿Cuál es hasta ahora la consecuencia de lo ocurrido? Difícil predecir cómo terminará todo, pero al menos hasta ahora el terror parece no tener consecuencias para la estabilidad del régimen, así como tampoco asegura cambios profundos la eventual intervención de Estados Unidos.

Y si no, veamos Venezuela, donde el secuestro de Nicolás Maduro y la apropiación de un poco de petróleo fueron hasta ahora suficientes como para que la gran potencia tolerara y pospusiera por tiempo indeterminado la estructura dictatorial chavista.

Miedo, dolor, bronca

Un reportaje de The New York Times describe un actual ambiente social de Irán marcado por el miedo constante, por el duelo colectivo y por la ira profunda.

Madres, padres y maestros temen por la seguridad de sus hijos. Estudiantes se sienten incapaces de concentrarse en sus estudios mientras se multiplican los testimonios de compañeros asesinados.

Irán advirtió que un ataque a su líder supremo desatará una “guerra total” tras las críticas de Trump. (Gentileza)

El trauma psicológico se enquistó en la vida cotidiana de los iraníes. La vida normal se ha desmoronado, comerciantes paralizan actividades en señal de respeto a los caídos y trabajadores enfrentan caídas dramáticas en sus ingresos por la incertidumbre económica y por las continuas interrupciones de internet.

El régimen chiita sigue afirmando que los muertos y detenidos son “terroristas” infiltrados, aunque cientos de videos muestran a fuerzas de seguridad atacando directamente a manifestantes desarmados.

En el mundo, las reacciones son disímiles, muchas de ellas tibias. Otras, inexistentes. No hay flotillas por los derechos marchando hacia el Estrecho de Ormuz, no hay banderas iraníes en los conciertos, nadie repite en sus campus la consigna que cantan los estudiantes masacrados en Teherán y en otras ciudades.

Con Irán, los movimientos de izquierda tienen las mismas dificultades expresivas que con Nicaragua, con Cuba o con Venezuela, y les cuesta horrores leer esta situación más allá de la injerencia estadounidense como factor principal de los problemas de esos países.

Al menos un Grammy

Uno de los momentos con menos prensa de la última edición de los Grammy –pero muy emotivo– fue cuando nombraron al iraní Shervin Hajipour como ganador de la categoría “mejor canción por el cambio social”, por Baraye.

Shervin escuchó su nombre desde una habitación en Irán, mientras se secaba las lágrimas.

Shervin Hajipour, quien ganó el primer premio GRAMMY a la Mejor Canción para el Cambio Social. (Grammy.com)

La canción Baraye refleja muchas de las razones por las cuales los iraníes protestan –desde hace años– contra la teocracia. Por ese motivo, Shervin estuvo preso, acusado de cargos que podrían condenarlo a seis años de prisión.

Hace pocos días, un tribunal iraní condenó a la premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi a siete años y medio de prisión por cargos de conspiración y propaganda contra el sistema.

Fue la 10ª sentencia contra la activista por los derechos humanos, encarcelada desde 2021.

Los presos políticos denuncian agresiones sexuales generalizadas, palizas, privación del sueño, comida inservible, aislamiento prolongado, hacinamiento, malas condiciones sanitarias, negación de atención médica y la extracción de confesiones falsas, que luego se transmiten por la televisión estatal.

Según la organización Human Rights Activists (Hrana), sólo entre el 5 y el 14 de enero de 2026, se ejecutó al menos a 52 personas en 42 prisiones de Irán.

Las autoridades arrestaron a miles de ciudadanos en relación con las protestas. Son decenas de miles, según informes independientes que recibe Amnistía Internacional.

¿Qué negocia EE.UU.?

Mientras continúa la ola de represión contra el pueblo iraní, en Ginebra están estancadas las conversaciones entre Irán y Estados Unidos centradas en el programa nuclear.

Si bien las partes habían logrado lo que describen como un acuerdo sobre “principios rectores” de un posible pacto, mediado por Omán, persisten diferencias profundas.

Los objetivos formales de estas conversaciones se concentran en limitar el programa nuclear iraní, en reducir la producción de uranio enriquecido y en reanudar la supervisión internacional, con la vista puesta en aliviar tensiones y en evitar un conflicto más amplio.

Las negociaciones tendrían también implicancias económicas: Teherán contempla posibles beneficios en sectores como energía, minería y aeronáutica si se levantan sanciones, mientras que desde Washington se estudia cómo interpretar estos avances en términos de presión económica y de seguridad.

Sin embargo, en las últimas horas, las tensiones aumentan. Teherán realiza maniobras militares con Rusia y los estadounidenses acercaron otro portaaviones a Oriente Medio.

Las maniobras incluyeron fuego real en el Estrecho de Ormuz, la entrada al golfo Pérsico por la que pasa una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo.

Si bien los movimientos de buques de guerra y de aviones estadounidenses no indican (aún) un ataque de Estados Unidos, todo está pendiente de una decisión del presidente Trump.

Trump había puesto como límite la muerte de manifestantes pacíficos y las ejecuciones masivas ordenadas por Teherán, pero igual decidió retomar las conversaciones nucleares con el régimen.

Mientras tanto, el aumento de las chances de un conflicto directo hizo que los precios del petróleo subieran. Menos del 2% por ahora, casi como una advertencia de las implicancias globales que llegarían con un enfrentamiento.

Lo que no se discute

Curiosamente, en estas conversaciones no hay lugar para los temas que más importan a la mayoría de los iraníes. El futuro político de la sociedad, el respeto por las libertades fundamentales, la rendición de cuentas por los miles de muertos o la situación de los presos políticos no conforman la agenda central de Washington ni de Teherán.

La negociación se circunscribe al control nuclear y a los parámetros económicos que podrían vincularse a la apertura de mercados o a la entrega de recursos energéticos.

La represión interna parece, para la diplomacia internacional, un asunto que compite en prioridad con la estabilidad regional o con los intereses comerciales globales.

Esa ausencia de foco en las libertades y en la justicia para las víctimas es sintomática de las prioridades que guían la aproximación estadounidense bajo la administración de Trump: intereses económicos y estratégicos prevalecen sobre las demandas de democratización o de respeto por los derechos humanos del pueblo iraní. O del venezolano.

Mirar para otro lado

El doble juego del régimen iraní –represión interna brutal y negociación externa con potencias globales– revela no sólo las tensiones internas de la República Islámica, sino también las limitaciones de la diplomacia internacional actual.

Una pequeña muestra: Irán acaba de ser elegido para la vicepresidencia de la Comisión de Desarrollo Social de la ONU durante la última sesión celebrada en Nueva York.

El nombramiento del representante iraní Abás Tayik fue aprobado sin objeciones.

Mientras se negocian aspectos técnicos del programa nuclear y se discuten posibles beneficios comerciales, el pueblo iraní enfrenta miedo, duelo y una represión que parece no tener fin.

Y, además de todo eso, también lidia con la doble vara de Occidente para elegir a sus víctimas.

​El 17 de enero, el líder supremo iraní, Alí Jamenei, dijo que habían muerto “miles de personas”. El 21 de enero, se admitió que eran 3.117 los muertos durante el levantamiento. La relatora especial de la ONU sobre Irán habló de cinco mil asesinatos. Pero señaló que la cifra podía llegar a 20 mil.Hashim Moazenzadeh, cirujano francés y director del sitio de noticias Palena, declaró a Euronews que las pruebas demostraban que los agentes habían disparado a mansalva y que, según estadísticas de diversas fuentes hospitalarias, registraban 22 mil casos.La escala de la represión contra las protestas que estallaron tras la devaluación de la moneda, a fines de diciembre de 2025, aún no se detiene. Según Amnistía Internacional, las autoridades iraníes “emprendieron una represión militarizada tras las manifestaciones, con fuerzas de seguridad desplegadas a gran escala, detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y amenazas contra las familias de las víctimas”. Además, señala que el apagón casi total de internet fue parte de esta estrategia para dificultar la documentación de violaciones graves de derechos humanos y para ocultar las masacres ocurridas durante la dispersión de las protestas. “Miles de personas permanecen detenidas, muchas de ellas corren riesgo de tortura, malos tratos, violencia sexual y procesos sin garantías, incluso con posibilidades de pena de muerte en juicios claramente injustos”, dice el informe.¿Cuál es hasta ahora la consecuencia de lo ocurrido? Difícil predecir cómo terminará todo, pero al menos hasta ahora el terror parece no tener consecuencias para la estabilidad del régimen, así como tampoco asegura cambios profundos la eventual intervención de Estados Unidos. Y si no, veamos Venezuela, donde el secuestro de Nicolás Maduro y la apropiación de un poco de petróleo fueron hasta ahora suficientes como para que la gran potencia tolerara y pospusiera por tiempo indeterminado la estructura dictatorial chavista. Miedo, dolor, broncaUn reportaje de The New York Times describe un actual ambiente social de Irán marcado por el miedo constante, por el duelo colectivo y por la ira profunda. Madres, padres y maestros temen por la seguridad de sus hijos. Estudiantes se sienten incapaces de concentrarse en sus estudios mientras se multiplican los testimonios de compañeros asesinados. El trauma psicológico se enquistó en la vida cotidiana de los iraníes. La vida normal se ha desmoronado, comerciantes paralizan actividades en señal de respeto a los caídos y trabajadores enfrentan caídas dramáticas en sus ingresos por la incertidumbre económica y por las continuas interrupciones de internet.El régimen chiita sigue afirmando que los muertos y detenidos son “terroristas” infiltrados, aunque cientos de videos muestran a fuerzas de seguridad atacando directamente a manifestantes desarmados.En el mundo, las reacciones son disímiles, muchas de ellas tibias. Otras, inexistentes. No hay flotillas por los derechos marchando hacia el Estrecho de Ormuz, no hay banderas iraníes en los conciertos, nadie repite en sus campus la consigna que cantan los estudiantes masacrados en Teherán y en otras ciudades. Con Irán, los movimientos de izquierda tienen las mismas dificultades expresivas que con Nicaragua, con Cuba o con Venezuela, y les cuesta horrores leer esta situación más allá de la injerencia estadounidense como factor principal de los problemas de esos países.Al menos un GrammyUno de los momentos con menos prensa de la última edición de los Grammy –pero muy emotivo– fue cuando nombraron al iraní Shervin Hajipour como ganador de la categoría “mejor canción por el cambio social”, por Baraye.Shervin escuchó su nombre desde una habitación en Irán, mientras se secaba las lágrimas.La canción Baraye refleja muchas de las razones por las cuales los iraníes protestan –desde hace años– contra la teocracia. Por ese motivo, Shervin estuvo preso, acusado de cargos que podrían condenarlo a seis años de prisión.Hace pocos días, un tribunal iraní condenó a la premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi a siete años y medio de prisión por cargos de conspiración y propaganda contra el sistema.Fue la 10ª sentencia contra la activista por los derechos humanos, encarcelada desde 2021.Los presos políticos denuncian agresiones sexuales generalizadas, palizas, privación del sueño, comida inservible, aislamiento prolongado, hacinamiento, malas condiciones sanitarias, negación de atención médica y la extracción de confesiones falsas, que luego se transmiten por la televisión estatal.Según la organización Human Rights Activists (Hrana), sólo entre el 5 y el 14 de enero de 2026, se ejecutó al menos a 52 personas en 42 prisiones de Irán.Las autoridades arrestaron a miles de ciudadanos en relación con las protestas. Son decenas de miles, según informes independientes que recibe Amnistía Internacional.¿Qué negocia EE.UU.?Mientras continúa la ola de represión contra el pueblo iraní, en Ginebra están estancadas las conversaciones entre Irán y Estados Unidos centradas en el programa nuclear. Si bien las partes habían logrado lo que describen como un acuerdo sobre “principios rectores” de un posible pacto, mediado por Omán, persisten diferencias profundas. Los objetivos formales de estas conversaciones se concentran en limitar el programa nuclear iraní, en reducir la producción de uranio enriquecido y en reanudar la supervisión internacional, con la vista puesta en aliviar tensiones y en evitar un conflicto más amplio. Las negociaciones tendrían también implicancias económicas: Teherán contempla posibles beneficios en sectores como energía, minería y aeronáutica si se levantan sanciones, mientras que desde Washington se estudia cómo interpretar estos avances en términos de presión económica y de seguridad.Sin embargo, en las últimas horas, las tensiones aumentan. Teherán realiza maniobras militares con Rusia y los estadounidenses acercaron otro portaaviones a Oriente Medio.Las maniobras incluyeron fuego real en el Estrecho de Ormuz, la entrada al golfo Pérsico por la que pasa una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo.Si bien los movimientos de buques de guerra y de aviones estadounidenses no indican (aún) un ataque de Estados Unidos, todo está pendiente de una decisión del presidente Trump. Trump había puesto como límite la muerte de manifestantes pacíficos y las ejecuciones masivas ordenadas por Teherán, pero igual decidió retomar las conversaciones nucleares con el régimen.Mientras tanto, el aumento de las chances de un conflicto directo hizo que los precios del petróleo subieran. Menos del 2% por ahora, casi como una advertencia de las implicancias globales que llegarían con un enfrentamiento. Lo que no se discuteCuriosamente, en estas conversaciones no hay lugar para los temas que más importan a la mayoría de los iraníes. El futuro político de la sociedad, el respeto por las libertades fundamentales, la rendición de cuentas por los miles de muertos o la situación de los presos políticos no conforman la agenda central de Washington ni de Teherán. La negociación se circunscribe al control nuclear y a los parámetros económicos que podrían vincularse a la apertura de mercados o a la entrega de recursos energéticos. La represión interna parece, para la diplomacia internacional, un asunto que compite en prioridad con la estabilidad regional o con los intereses comerciales globales.Esa ausencia de foco en las libertades y en la justicia para las víctimas es sintomática de las prioridades que guían la aproximación estadounidense bajo la administración de Trump: intereses económicos y estratégicos prevalecen sobre las demandas de democratización o de respeto por los derechos humanos del pueblo iraní. O del venezolano.Mirar para otro ladoEl doble juego del régimen iraní –represión interna brutal y negociación externa con potencias globales– revela no sólo las tensiones internas de la República Islámica, sino también las limitaciones de la diplomacia internacional actual.Una pequeña muestra: Irán acaba de ser elegido para la vicepresidencia de la Comisión de Desarrollo Social de la ONU durante la última sesión celebrada en Nueva York.El nombramiento del representante iraní Abás Tayik fue aprobado sin objeciones.Mientras se negocian aspectos técnicos del programa nuclear y se discuten posibles beneficios comerciales, el pueblo iraní enfrenta miedo, duelo y una represión que parece no tener fin. Y, además de todo eso, también lidia con la doble vara de Occidente para elegir a sus víctimas.  La Voz