Desde hace varios años ya, el rock argentino empezó un proceso de enciclopedización llevado adelante por sus mismos protagonistas y, si no por ellos, por periodistas que les consultan sobre cómo se desarrollaron los acontecimientos históricos. El proceso es lógico, por cuanto existen perspectiva temporal, demanda de mercado y el compromiso de los involucrados para lograr textos consistentes y bien armonizados entre la interpretación y el testimonio puro.
Ahora bien, en esta tendencia y desde hace 10 años, el baterista y bandoneonista Fernando Samalea significa algo aproximado a “otra liga”. Es que el músico lleva cuatro gruesos tomos narrando con buen ritmo literario, personalidad que trasciende influencias y un nivel de detalle delirante lo que vivió desde que asomó al mundo de la música en general y al rock nacional en particular como el único hijo de un matrimonio de clase media del porteño barrio Saavedra.
“Sama” tenía mucho para contar, claro, por cuanto de asomarse a la notoriedad (y abrazar cierto prestigio) desde los sofisticados Clap, Metrópoli y Fricción, pasó a ser abducido por Charly García, quien advirtió que era dueño de un alma sensible y receptiva que convenía tener a su lado.
Su relación artístico-emocional con (a quien él llama) El Artista se extendió por décadas, aunque nunca entorpeció un espíritu aventurero que lo llevó a reconectar con congéneres y a empezar a experimentar con jóvenes valores.
Y así como en los volúmenes anteriores Qué es un long play (2015), Mientras otros duermen (2017) y Nunca es demasiado (2019) estos jóvenes valores fueron Illya Kuryaki & The Valderramas, A Tirador Láser y Rosal, en el reciente Viviendo el futuro (2025) son Bandalos Chinos, nuestros Hipnótica o cualquier formación emergente de una provincia cualquiera, a la que llegó a ofrecer su corazón a modo de una “charla informal” sobre su trayecto de músico profesional que abraza ideales de máxima libertad.
Envidiables ideales de máxima libertad, vale decir, porque vaya a saber qué tipo de vida lleva adelante cada lector, pero, en el caso del que escribe esta crítica, envidia (in)sanamente los permanentes desplazamientos transoceánicos y viajes a Nueva York o a Seattle de este cronista tan chispeante como preciso.
Samalea escribe con gracia sobre producciones de discos de todo alcance (puede ser un esperado título industrial o una gema independiente), shows repentinos, intercambios filosóficos in situ y otras cuestiones de su estimulante vida errante. Y en este caso, con el plus de mantener su curiosidad aun cuando confiesa haber vivido lo suficiente y el sentido común lo invita a sosegarse.
Es inevitable que el interesado en nuestra música, en nuestro rock, quede interpelado por la prosa de Samalea, por el modo fascinante con el que corre el velo a ciertos momentos mágicos de explosión creativa.
Otro valor agregado de este volumen voluminoso: su novia saxofonista Michelle Bliman, otro espíritu siempre libre y dispuesto a vivir lo que la vida disponga al que “Sama” le dedica el último capítulo.

Para leer Viviendo el futuro
Fernando Samalea.
Sudamericana.
Páginas: 544.
Precio: $ 43.799.
Desde hace varios años ya, el rock argentino empezó un proceso de enciclopedización llevado adelante por sus mismos protagonistas y, si no por ellos, por periodistas que les consultan sobre cómo se desarrollaron los acontecimientos históricos. El proceso es lógico, por cuanto existen perspectiva temporal, demanda de mercado y el compromiso de los involucrados para lograr textos consistentes y bien armonizados entre la interpretación y el testimonio puro. Ahora bien, en esta tendencia y desde hace 10 años, el baterista y bandoneonista Fernando Samalea significa algo aproximado a “otra liga”. Es que el músico lleva cuatro gruesos tomos narrando con buen ritmo literario, personalidad que trasciende influencias y un nivel de detalle delirante lo que vivió desde que asomó al mundo de la música en general y al rock nacional en particular como el único hijo de un matrimonio de clase media del porteño barrio Saavedra. “Sama” tenía mucho para contar, claro, por cuanto de asomarse a la notoriedad (y abrazar cierto prestigio) desde los sofisticados Clap, Metrópoli y Fricción, pasó a ser abducido por Charly García, quien advirtió que era dueño de un alma sensible y receptiva que convenía tener a su lado. Su relación artístico-emocional con (a quien él llama) El Artista se extendió por décadas, aunque nunca entorpeció un espíritu aventurero que lo llevó a reconectar con congéneres y a empezar a experimentar con jóvenes valores. Y así como en los volúmenes anteriores Qué es un long play (2015), Mientras otros duermen (2017) y Nunca es demasiado (2019) estos jóvenes valores fueron Illya Kuryaki & The Valderramas, A Tirador Láser y Rosal, en el reciente Viviendo el futuro (2025) son Bandalos Chinos, nuestros Hipnótica o cualquier formación emergente de una provincia cualquiera, a la que llegó a ofrecer su corazón a modo de una “charla informal” sobre su trayecto de músico profesional que abraza ideales de máxima libertad. Envidiables ideales de máxima libertad, vale decir, porque vaya a saber qué tipo de vida lleva adelante cada lector, pero, en el caso del que escribe esta crítica, envidia (in)sanamente los permanentes desplazamientos transoceánicos y viajes a Nueva York o a Seattle de este cronista tan chispeante como preciso. Samalea escribe con gracia sobre producciones de discos de todo alcance (puede ser un esperado título industrial o una gema independiente), shows repentinos, intercambios filosóficos in situ y otras cuestiones de su estimulante vida errante. Y en este caso, con el plus de mantener su curiosidad aun cuando confiesa haber vivido lo suficiente y el sentido común lo invita a sosegarse.Es inevitable que el interesado en nuestra música, en nuestro rock, quede interpelado por la prosa de Samalea, por el modo fascinante con el que corre el velo a ciertos momentos mágicos de explosión creativa. Otro valor agregado de este volumen voluminoso: su novia saxofonista Michelle Bliman, otro espíritu siempre libre y dispuesto a vivir lo que la vida disponga al que “Sama” le dedica el último capítulo. Para leer Viviendo el futuroFernando Samalea.Sudamericana.Páginas: 544.Precio: $ 43.799.

