• 19 de febrero de 2026 20:08

Pablo Dacal, con nuevo libro y la lucidez de siempre: Me siento afianzado en mi condición outsider

Porradioplayjujuy

Feb 19, 2026

El libro El Tao de la canción aparece como una continuación lógica de la prédica artística de Pablo Dacal. Es que el cantautor porteño lleva años tratando de encontrarle el sentido a esas piezas de arte sonoro inasibles que duran un promedio de tres minutos y nos prendan de por vida. A las canciones, claro.

Dacal lo hace tanto desde la escritura, la composición y la interpretación como desde la investigación en diferentes frentes. Así, puede pivotear un documental sobre la canción rioplatense como Charco (2017) o ponerse a las órdenes de Mariano Llinás para reinterpretar delante de cámara un disco fundamental de Ignacio Corsini (Corsini interpreta a Blomberg y Maciel, 2022).

También puede, como en este caso, llevar adelante un tour de forcé para indagar en siglos de canto, “de los goliardos medievales a los juglares rioplatenses, de la zapada a la grabación, del fuego tribal al algoritmo”, según un respaldo oficial escrito por Martín Rodríguez.

¿Habrá logrado Dacal desentrañar el embrujo de una canción y ahora quiere compartir el resultado? ¿Vendrá por ahí El Tao de la canción? “Es difícil descifrar el embrujo de una canción, pero quizá el deseo de hacerlo es lo que me impulsó a escribir el libro, la intuición sobre las complejidades que ese objeto artístico encierra, sus cualidades como dispositivo comunicacional y la escasa mirada filosófica que encontré en los análisis al respecto”, contesta en diálogo con La Voz.

“Usualmente se interpretan las letras, con mayor o menor sagacidad, o la composición musical, con herramientas de la teoría armónica, la conducción melódica, etcétera. O, en otros casos, la canción es pensada con enfoques sociológicos, históricos, técnicos, pero no es tan frecuente que estas perspectivas se relacionen entre sí con soltura y pulso, valga la redundancia, musical”, sigue.

Y finalmente precisa: “Me propuse echar mano a diferentes registros narrativos, poéticos, literarios, para perseguir esa especie mutante a la que llamamos canción, haciendo hincapié en dos puntos: su diferenciación de la música, a la que no puede asimilarse por completo, y su cualidad performativa, ya que además de música y letra precisa de un cuerpo cantante. Fue un duro trabajo, pero alguien tenía que hacerlo”.

–¿El relevamiento del libro te ha hecho pensar en tu propio rol como cantautor, performer o lo que sea?

–Vamos a decirlo al revés: mi rol como cancionista del Río de La Plata, descendiente de las músicas europeas y americanas, nieto del tango, hijo del rock y sobrino de los folklores, es el que me permitió realizar un relevamiento tan amplio sin perder el norte. Me siento un criollo del universo, como quería el poeta Francisco Madariaga, pero hablo y escribo a partir de la experiencia.

–En el respaldo oficial del libro, Martín Rodríguez dice que somos lo que las canciones hicieron de nosotros. ¿Confías ciegamente en el poder educador de una canción? ¿Las canciones que escuchaste y compusiste te convirtieron en mejor persona?

–No creo que las canciones, ni el arte en general, tengan ese poder ni deban tenerlo. Dejemos que actúen con su libre irresponsabilidad, que es cuando brillan más fuerte y por más tiempo. Pueden cumplir ciertas funciones, como hacer más llevadera una determinada labor o inducir al descanso, pero desde que la palabra cantada se elabora en una composición, en relación con su tiempo y su espacio, lo hace con fines estéticos. También pueden ser un arma de lucha, como los himnos y los triunfos, pero no dejaría la educación de nadie en manos de una canción. El arte didáctico siempre fue y será una cagada.

–¿Por qué si en nuestra música popular tenemos canciones hermosas nos hemos convertido en una sociedad que reivindica valores tan despreciables?

–Porque las buenas canciones celebran la tragedia del mundo, su comedia y su misterio, con la hermosura de una mirada certera, pero no deberíamos responsabilizarlas de ningún tropiezo, así como no sería acertado creer que esas canciones nos definen. El mundo está en ambas cosas y todo eso mismo, lo precioso y lo perverso, forma parte del mundo. Un problema sin solución, que a pesar de todo puede ser cantado.

Aprovechar lo que se pueda

–¿Tenés Spotify? Te lo pregunto porque tengo amigos sin celulares y otros que todavía andan con discman. De verdad.

–Tengo Spotify Premium. Y el celular, aunque viejo y medio pelo, tiene buena cámara y un micrófono con el que grabo muchas ideas, como el agente Cooper. Spotify es despreciable en su legislación interna, la lista de quejas sería interminable, pero ni las discográficas, ni la televisión, ni las FM, colaboraron jamás en nuestra economía, a pesar de que se construyeron edificios enteros con el dinero generado a partir de un estribillo. Entonces, ¿por qué tanto escándalo? Seguiremos haciendo lo nuestro, como en décadas pasadas, y aprovechando lo que podamos de su negocio. Si alguien se siente un profesional del arte, o un trabajador de la cultura, el problema es suyo: yo me siento bastante afianzado en mi condición outsider. Los empresarios malgastan su vida mientras yo me aprovecho de mi algoritmo para descubrir lo que aún desconozco. Y, en la noche, pongo un disco de vinilo.

–¿Cuál es la última canción que te conmovió al escucharla de una?

–Escucho canciones de cualquier época y región, algunas muy remotas o distantes, pero si tu pregunta apunta al mundo contemporáneo la respuesta es clara: Rojo profundo, como casi todo lo que hace Dillom, me encanta.

–¿Qué ves cuando te ves? ¿Qué podés decir sobre vos mismo en el contexto de nuestra música nacional?

–Estoy a punto de cumplir 50: aunque ya no soy una joven promesa, tampoco soy un consagrado. Veo un tipo curioso que no ha dado un paso igual al otro, ni a nadie. He visto pasar distintos grupos del verano, solistas del año, nuevos cantautores, modas del folklore y asesinatos del rock, que poco después han encallado en la playa. Yo, que no soy parte del mar, sigo cantando junto a las nuevas olas. No es poco.

Presentación

Pablo Dacal presentará El Tao de la canción en Sindicato de Maravillas (Libertad 326), este viernes a las 20. Lo acompañarán Pablo Sánchez Ceci y Damián Torres. Y el sábado lo hará la Librería Los Preferidos de San Javier, Valle de Traslasierra.

​El libro El Tao de la canción aparece como una continuación lógica de la prédica artística de Pablo Dacal. Es que el cantautor porteño lleva años tratando de encontrarle el sentido a esas piezas de arte sonoro inasibles que duran un promedio de tres minutos y nos prendan de por vida. A las canciones, claro. Dacal lo hace tanto desde la escritura, la composición y la interpretación como desde la investigación en diferentes frentes. Así, puede pivotear un documental sobre la canción rioplatense como Charco (2017) o ponerse a las órdenes de Mariano Llinás para reinterpretar delante de cámara un disco fundamental de Ignacio Corsini (Corsini interpreta a Blomberg y Maciel, 2022).También puede, como en este caso, llevar adelante un tour de forcé para indagar en siglos de canto, “de los goliardos medievales a los juglares rioplatenses, de la zapada a la grabación, del fuego tribal al algoritmo”, según un respaldo oficial escrito por Martín Rodríguez. View this post on Instagram ¿Habrá logrado Dacal desentrañar el embrujo de una canción y ahora quiere compartir el resultado? ¿Vendrá por ahí El Tao de la canción? “Es difícil descifrar el embrujo de una canción, pero quizá el deseo de hacerlo es lo que me impulsó a escribir el libro, la intuición sobre las complejidades que ese objeto artístico encierra, sus cualidades como dispositivo comunicacional y la escasa mirada filosófica que encontré en los análisis al respecto”, contesta en diálogo con La Voz. “Usualmente se interpretan las letras, con mayor o menor sagacidad, o la composición musical, con herramientas de la teoría armónica, la conducción melódica, etcétera. O, en otros casos, la canción es pensada con enfoques sociológicos, históricos, técnicos, pero no es tan frecuente que estas perspectivas se relacionen entre sí con soltura y pulso, valga la redundancia, musical”, sigue. Y finalmente precisa: “Me propuse echar mano a diferentes registros narrativos, poéticos, literarios, para perseguir esa especie mutante a la que llamamos canción, haciendo hincapié en dos puntos: su diferenciación de la música, a la que no puede asimilarse por completo, y su cualidad performativa, ya que además de música y letra precisa de un cuerpo cantante. Fue un duro trabajo, pero alguien tenía que hacerlo”. –¿El relevamiento del libro te ha hecho pensar en tu propio rol como cantautor, performer o lo que sea?–Vamos a decirlo al revés: mi rol como cancionista del Río de La Plata, descendiente de las músicas europeas y americanas, nieto del tango, hijo del rock y sobrino de los folklores, es el que me permitió realizar un relevamiento tan amplio sin perder el norte. Me siento un criollo del universo, como quería el poeta Francisco Madariaga, pero hablo y escribo a partir de la experiencia.–En el respaldo oficial del libro, Martín Rodríguez dice que somos lo que las canciones hicieron de nosotros. ¿Confías ciegamente en el poder educador de una canción? ¿Las canciones que escuchaste y compusiste te convirtieron en mejor persona? –No creo que las canciones, ni el arte en general, tengan ese poder ni deban tenerlo. Dejemos que actúen con su libre irresponsabilidad, que es cuando brillan más fuerte y por más tiempo. Pueden cumplir ciertas funciones, como hacer más llevadera una determinada labor o inducir al descanso, pero desde que la palabra cantada se elabora en una composición, en relación con su tiempo y su espacio, lo hace con fines estéticos. También pueden ser un arma de lucha, como los himnos y los triunfos, pero no dejaría la educación de nadie en manos de una canción. El arte didáctico siempre fue y será una cagada. View this post on Instagram –¿Por qué si en nuestra música popular tenemos canciones hermosas nos hemos convertido en una sociedad que reivindica valores tan despreciables?–Porque las buenas canciones celebran la tragedia del mundo, su comedia y su misterio, con la hermosura de una mirada certera, pero no deberíamos responsabilizarlas de ningún tropiezo, así como no sería acertado creer que esas canciones nos definen. El mundo está en ambas cosas y todo eso mismo, lo precioso y lo perverso, forma parte del mundo. Un problema sin solución, que a pesar de todo puede ser cantado.Aprovechar lo que se pueda–¿Tenés Spotify? Te lo pregunto porque tengo amigos sin celulares y otros que todavía andan con discman. De verdad. –Tengo Spotify Premium. Y el celular, aunque viejo y medio pelo, tiene buena cámara y un micrófono con el que grabo muchas ideas, como el agente Cooper. Spotify es despreciable en su legislación interna, la lista de quejas sería interminable, pero ni las discográficas, ni la televisión, ni las FM, colaboraron jamás en nuestra economía, a pesar de que se construyeron edificios enteros con el dinero generado a partir de un estribillo. Entonces, ¿por qué tanto escándalo? Seguiremos haciendo lo nuestro, como en décadas pasadas, y aprovechando lo que podamos de su negocio. Si alguien se siente un profesional del arte, o un trabajador de la cultura, el problema es suyo: yo me siento bastante afianzado en mi condición outsider. Los empresarios malgastan su vida mientras yo me aprovecho de mi algoritmo para descubrir lo que aún desconozco. Y, en la noche, pongo un disco de vinilo.–¿Cuál es la última canción que te conmovió al escucharla de una?–Escucho canciones de cualquier época y región, algunas muy remotas o distantes, pero si tu pregunta apunta al mundo contemporáneo la respuesta es clara: Rojo profundo, como casi todo lo que hace Dillom, me encanta.–¿Qué ves cuando te ves? ¿Qué podés decir sobre vos mismo en el contexto de nuestra música nacional?–Estoy a punto de cumplir 50: aunque ya no soy una joven promesa, tampoco soy un consagrado. Veo un tipo curioso que no ha dado un paso igual al otro, ni a nadie. He visto pasar distintos grupos del verano, solistas del año, nuevos cantautores, modas del folklore y asesinatos del rock, que poco después han encallado en la playa. Yo, que no soy parte del mar, sigo cantando junto a las nuevas olas. No es poco. View this post on Instagram PresentaciónPablo Dacal presentará El Tao de la canción en Sindicato de Maravillas (Libertad 326), este viernes a las 20. Lo acompañarán Pablo Sánchez Ceci y Damián Torres. Y el sábado lo hará la Librería Los Preferidos de San Javier, Valle de Traslasierra.