Sábado a la noche, jornada de apertura de Cosquín Rock 2026. A las 22.40, ni un minuto más ni un minuto menos, los escoceses de Franz Ferdinand caminaron desde el costado del escenario Montaña mientras sonaban las cuerdas estridentes del tema de la serie Police Squad.
Luego agarraron sus respectivos instrumentos y por espacio de una hora (exacta, ya que se fueron a las 23.40) recordaron que forman una de mejores bandas del siglo y certificaron que Cosquín Rock ganó en prestigio al incluirla en su grilla.
“¡¡¡Cosquín Rock!!!”, precisamente fue el esmerado grito de arenga del líder Alex Kapranos, cuya estampa (delgadez, buena estatura y ese gesto de aristocracia rockera de dejarse la Telecaster colgando por un rato) magnetizó de movida.
Claro que para el embeleso ayudaron sus compañeros, todos de pose similar y tan funcionales como él a un espectáculo granítico, producto de la amalgama de new wave, glam e irresistible gancho pop.
Para abrir, se remitieron a su legendario disco debut y epónimo (Franz Ferdinand, 2004). Fue The Dark Of The Matinee el tema elegido, que además de una letra cargada de frases sugerentes e irresponsables (a fin de cuentas, invita a alguien a abandonar el mundo académico para delirarse en una matiné) tuvo la intención de mostrar las cartas de una perfección seductora y abrasiva, en la que potente voz de Kapranos rubricó todo.
Walk Away, también de años tempranos aunque de su segundo disco You Could Have It So Much Better (2005), mantuvo la idea de rock bailable que en ningún momento pierde la robustez. Y Night or Day, introdujo a The Human Fear (2025), título del último disco de Franz Ferdinand que Kapranos llevó estampado en una campera satinada que no se sacó en ningún momento.
A esas alturas, la baterista Audrey Tait ya había conquistado a todos a pura potencia y puro groove, haciendo inútil el recuerdo de que esta banda se formó con un expresivo Paul Thomson en ese puesto. Lo mismo podría decirse del guitarrista Dino Bardot en relación al original Nick McCarthy: que sea más climático e incisivo no va en detrimento de nada, por el contrario. Más si cada tanto Julian Corrie filtra líneas de teclados para una mayor diversidad melódica.
Y el bajista Bob Hardy, ladero de Kapranos desde siempre, está ahí con una firmeza discreta pero firmeza al fin, insoslayable.
Así como el comienzo descripto hasta Do You Want To, el primero de sus clásicos en tocar al pie de la sierra cordobesa, el set continuó en clave de playlist hecha por un curador preciso de la obra de Franz Ferdinand. Es que todas las épocas estuvieron cuidadas y ninguna palideció por ningún hit ubicado estratégicamente.
Por caso, la despedida no fue la obvia con la marcial Take Me Out, que produjo un estruendo previsible cuando se interpretó, sino con dos piezas satelitales que la sucedieron. Estas fueron Hooked, de The Human Fear, con un pulso bailable que adelantó el mood que The Chemical Brothers llevó a escala atómica un rato después, y This Fire, del citado primer disco que pavimentó el camino de los de Glasgow hasta aquí, con ese ritmo nervioso tan del indie dosmilero.
This Fire fue un fuego, en serio, en el que Kapranos presentó a sus compañeros y recordó que el nombre de la banda es Franz Ferdinand. Nada dijo que en su momento (ese nombre) fue puesto en referencia (no en homenaje) al heredero del trono austrohúngaro, cuyo asesinato desencadenó la Primera Guerra Mundial. Tanto hoy como ayer, el mundo es y fue convulso. No aportaba nada la explicación y sólo cabe sentirse afortunado por presenciar un espectáculo de este calibre.
Un detallito más: el diseño curvilíneo del escenario Montaña, más visuales precisas y nada estrambóticas, también contribuyeron a este alineamiento de Cosquín Rock con cualquier festival internacional que concurra a la mente.
Sábado a la noche, jornada de apertura de Cosquín Rock 2026. A las 22.40, ni un minuto más ni un minuto menos, los escoceses de Franz Ferdinand caminaron desde el costado del escenario Montaña mientras sonaban las cuerdas estridentes del tema de la serie Police Squad. Luego agarraron sus respectivos instrumentos y por espacio de una hora (exacta, ya que se fueron a las 23.40) recordaron que forman una de mejores bandas del siglo y certificaron que Cosquín Rock ganó en prestigio al incluirla en su grilla. “¡¡¡Cosquín Rock!!!”, precisamente fue el esmerado grito de arenga del líder Alex Kapranos, cuya estampa (delgadez, buena estatura y ese gesto de aristocracia rockera de dejarse la Telecaster colgando por un rato) magnetizó de movida. Claro que para el embeleso ayudaron sus compañeros, todos de pose similar y tan funcionales como él a un espectáculo granítico, producto de la amalgama de new wave, glam e irresistible gancho pop. Para abrir, se remitieron a su legendario disco debut y epónimo (Franz Ferdinand, 2004). Fue The Dark Of The Matinee el tema elegido, que además de una letra cargada de frases sugerentes e irresponsables (a fin de cuentas, invita a alguien a abandonar el mundo académico para delirarse en una matiné) tuvo la intención de mostrar las cartas de una perfección seductora y abrasiva, en la que potente voz de Kapranos rubricó todo. Walk Away, también de años tempranos aunque de su segundo disco You Could Have It So Much Better (2005), mantuvo la idea de rock bailable que en ningún momento pierde la robustez. Y Night or Day, introdujo a The Human Fear (2025), título del último disco de Franz Ferdinand que Kapranos llevó estampado en una campera satinada que no se sacó en ningún momento. A esas alturas, la baterista Audrey Tait ya había conquistado a todos a pura potencia y puro groove, haciendo inútil el recuerdo de que esta banda se formó con un expresivo Paul Thomson en ese puesto. Lo mismo podría decirse del guitarrista Dino Bardot en relación al original Nick McCarthy: que sea más climático e incisivo no va en detrimento de nada, por el contrario. Más si cada tanto Julian Corrie filtra líneas de teclados para una mayor diversidad melódica. Y el bajista Bob Hardy, ladero de Kapranos desde siempre, está ahí con una firmeza discreta pero firmeza al fin, insoslayable. Así como el comienzo descripto hasta Do You Want To, el primero de sus clásicos en tocar al pie de la sierra cordobesa, el set continuó en clave de playlist hecha por un curador preciso de la obra de Franz Ferdinand. Es que todas las épocas estuvieron cuidadas y ninguna palideció por ningún hit ubicado estratégicamente. Por caso, la despedida no fue la obvia con la marcial Take Me Out, que produjo un estruendo previsible cuando se interpretó, sino con dos piezas satelitales que la sucedieron. Estas fueron Hooked, de The Human Fear, con un pulso bailable que adelantó el mood que The Chemical Brothers llevó a escala atómica un rato después, y This Fire, del citado primer disco que pavimentó el camino de los de Glasgow hasta aquí, con ese ritmo nervioso tan del indie dosmilero. This Fire fue un fuego, en serio, en el que Kapranos presentó a sus compañeros y recordó que el nombre de la banda es Franz Ferdinand. Nada dijo que en su momento (ese nombre) fue puesto en referencia (no en homenaje) al heredero del trono austrohúngaro, cuyo asesinato desencadenó la Primera Guerra Mundial. Tanto hoy como ayer, el mundo es y fue convulso. No aportaba nada la explicación y sólo cabe sentirse afortunado por presenciar un espectáculo de este calibre.Un detallito más: el diseño curvilíneo del escenario Montaña, más visuales precisas y nada estrambóticas, también contribuyeron a este alineamiento de Cosquín Rock con cualquier festival internacional que concurra a la mente.

